La bodega Carlos Moro cuenta su historia a través del arte del 'kintsugi'

Una exposición creada a partir de cepas de vid que fusiona arte y vino para crear una experiencia única en torno al turismo enológico de la La Rioja.

Foto: Su historia cuenta cómo los viñedos van modificándose en función del entorno, la tierra y la mano que los cuida.
Su historia cuenta cómo los viñedos van modificándose en función del entorno, la tierra y la mano que los cuida.
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Las obras podrán ser visitadas de forma gratuita durante el verano en el calado subterráneo de la Bodega Carlos Moro.

Bodega Carlos Moro ha inaugurado la exposición ‘14 Latidos’, en la que recoge 14 esculturas del artista Carlos Villoslada. Se trata de una delicada simbiosis entre arte y vino para que los amantes del turismo enológico puedan disfrutar de una experiencia diferente en su ruta por La Rioja. La exposición pretende mostrar el comportamiento de las cepas mediante la técnica centenaria japonesa Kintsugi. Carlos Villoslada ha tomado prestada la tradición asiática que demuestra que una pieza rota se revaloriza por la historia que deja escrita su cicatriz. Con frecuencia son reparadas con un compuesto a base de oro que, lejos de esconder la herida, honra la trayectoria y la vida de la pieza. Este particular guiño a la memoria del lugar permanecerá expuesto durante el verano, ofreciendo a los visitantes de la bodega una experiencia que va más allá del tradicional turismo enológico.

La muestra de este artista la conforman cepas de viñedos de 35 años cuyos cortes de poda y fisuras han sido restaurados a través del Kintsugi.
La muestra de este artista la conforman cepas de viñedos de 35 años cuyos cortes de poda y fisuras han sido restaurados a través del Kintsugi.

Las esculturas están bañadas en color blanco, un color que a lo largo de la exposición y en contraste con la temperatura y humedad del calado irán modificando su aspecto original. Sus grietas, cortes de poda, nudos o fisuras están cubiertas por una capa de color oro que acentúan sus imperfecciones. “Esta filosofía nos recuerda que nuestros accidentes o nuestras heridas nos han hecho sufrir, pero nos han permitido crecer en el camino”, asegura Villoslada. “Paradójicamente, somos mucho más hermosos, más resistentes y preciados tras sufrir estas heridas, al igual que ocurre en las cepas y que pretenden ser parte viva de la bodega que las acoge”. Su historia cuenta cómo los viñedos van modificándose en función del entorno, la tierra y la mano que los cuida. La Bodega Carlos Moro acogerá en la sala de catas y la tienda una serie de obras del autor de raíces sobre lino y cerámicas.

La exposición ha sido creada en exclusiva para la Bodega Carlos Moro y estará expuesta a lo largo de los más de 300 metros de longitud del impresionante calado subterráneo.
La exposición ha sido creada en exclusiva para la Bodega Carlos Moro y estará expuesta a lo largo de los más de 300 metros de longitud del impresionante calado subterráneo.

El autor Carlos Villoslada decide dejar su oficio de granjero para dedicarse de lleno a su pasión por crear. Su arraigo constante con la naturaleza y el haber crecido en un entorno rural le lleva a concebir obras que nos transportan a un ambiente bucólico, romántico, incluso de deseo, en el que la persona se ve reinterpretada a través de la naturaleza. Materias y formas orgánicas son parte de su material de trabajo, objetos caídos en el olvido que pasan a tener una segunda vida cuando se ven conceptualmente transformados. En su corto recorrido como artista ha trabajado para marcas y firmas nacionales, ha expuesto en diversas galerías de Madrid, Gijón, Salamanca, Málaga o Logroño. Ha residido en China donde investigó y trabajó la temática del origen. Ha llegado a exponer en el Museo Cerralbo en Madrid y Museo Würth en La Rioja. En la actualidad, expone en la Galería Échale Guidas en Madrid.

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