Bicicletas de competición: cómo ha evolucionado el mito de las dos ruedas

Desde la primera bicicleta de rueda alta, hasta los evolucionados modelos de los profesionales de hoy, la historia del ciclismo de competición resulta prodigiosa

Foto: Detalle de la bicicleta de carrera de E. Bastide, considerada la más fiable hasta el cierre de su tienda, en 1936.
Detalle de la bicicleta de carrera de E. Bastide, considerada la más fiable hasta el cierre de su tienda, en 1936.
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Los ciclistas profesionales han deparado algunos de los momentos más sublimes del deporte. Valor, sufrimiento, laureles, hundimientos. Todo esto se ha llegado a juntar en las etapas de las grandes pruebas como el Tour o en clásicas sobre el durísimo adoquín como la París-Roubaix.

En esta épica ciclista, además del factor humano, siempre ha estado presente el mecánico. Según nos encontrábamos con ciclistas cada vez más veloces, en paralelo progresaban las bicis, de funcionamiento tan simple y, a su vez, tan sofisticadas.

El libro 'The Competition Bicycle', de Jan Heine, es una buena muestra de cómo ha evolucionado el arma principal de los ciclistas. En él propone todo un catálogo de fotografías de los avances más importantes desde la creación de este bello aparato. El volumen arranca con un ejemplar de bici de rueda alta, con la que se celebraban, a finales del siglo XIX, carreras en los hipódromos.

Le sigue una Humber, que al introducir la cadena permitió maniobrar con seguridad y recorrer grandes distancias. En 1910, la Labor Tour de France facilitó cambiar los neumáticos sin hacer lo propio con la rueda, ya que está sujeta al cuadro por un solo lado.

En 1926, la etapa denominada ‘el circulo del diablo’, de Bayona a Luchon, comenzó a medianoche y terminó a la hora de comer después de coronar seis puertos. Muchos lo hicieron en la Automoto, de casi 13 kilos de peso. ¿Qué harían los corredores de hoy subidos a su sillín?

Por su parte, el auge del ciclismo en pista dio lugar a las pruebas con motos, donde la bici más fiable era, gracias a la resistencia de sus cuadros, la del francés E. Bastide, quien en 1936 tuvo que cerrar su tienda.

De los años siguientes a la Segunda Guerra Mundial no se puede olvidar el ligerísimo modelo diseñado por Nicola Barra para que René Vietto ganara con 34 años su primer Tour. Sería el inicio de los años dorados del ciclismo italiano; esperando un poco, llegaría el turno de los españoles. Algunos nos han defraudado (y no solo de los nuestros). Consuela saber, al menos, que nuestras queridas bicis nunca lo harán.

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