NOS ADENTRAMOS EN EL INABARCABLE UNIVERSO DEL ANIMAL MÁS ELEGANTE

Purasangre: la devoción por el caballo español en el mundo

El caballo español, el purasangre, levanta pasiones. En los últimos años, el número de criadores y aficionados ha crecido espectacularmente, incluso fuera de nuestras fronteras

Foto: El misterio, el asombro, la fascinación, todos los sentimientos y sensaciones que un animal magnético despierta en nosotros. (Peter Muller)
El misterio, el asombro, la fascinación, todos los sentimientos y sensaciones que un animal magnético despierta en nosotros. (Peter Muller)
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A sus 78 años, Álvaro Domecq todavía tiene la vitalidad suficiente para dirigir cabalgando, en su finca gaditana de Los Alburejos, el espectáculo campestre 'A campo abierto'. También para señalar el camino que debe seguir una raza, la del pura sangre español, que fue la preferida de reyes y germen de tantas otras europeas y americanas, pero que hace 40 años estaba en pleno decaimiento. “Es un animal muy inteligente. Cuando tiene fuerza lo da todo y si se le enseña, sus movimientos tienen un arte que no encuentras en ningún otro”, declara con entusiasmo el jerezano.

El pura sangre español es probablemente la criatura más noble del mundo animal. (Peter Muller)
El pura sangre español es probablemente la criatura más noble del mundo animal. (Peter Muller)

Esta es, en definitiva, una historia que podría calificarse de amor. Porque criar caballos no es comparable con otra actividad o dedicación. Se crea un vínculo que trasciende el mero negocio y que al menos a Álvaro Domecq le impide considerarse un buen vendedor: “Cuando me sale un buen ejemplar no puedo evitar retenerlo y montarlo”.

Para demostrar la intensa relación que se establece entre hombre y equino, a Miguel Ángel de Cárdenas (fallecido el año pasado), otro insigne ganadero, le encantaba recurrir a una anécdota que le sucedió en México. Un terrateniente de ese país le compró en 1980 a Genil, que acababa de ser Campeón de España. Nueve años después viajó a Tabasco para visitar la finca donde se encontraba el caballo, en la que le recibieron con una exhibición que encerraba una entrañable sorpresa: el acto final era la actuación de Genil, que al pasar trotando por donde el listre criador estaba sentado, se paró en seco, vino hacia él y, haciendo el relincho de amistad de los caballos, le acarició las piernas.

Imagen de la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre.
Imagen de la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre.

Tanto Álvaro Domecq como Miguel Ángel de Cárdenas (y el padre de éste) comenzaron en los años sesenta una inaplazable depuración de la raza comprando ejemplares de hierros históricos como Yeguada Militar y el Bocado. Con los mejores, el primero sentó las bases de la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre, una institución que, además de ser museo, ha recuperado para nuestro país la tradición de la doma clásica como se practica en la Escuela Española de Viena, que se fundó en el siglo XVI, precisamente, con caballos españoles, luego llamados lipizzanos. Y Cárdenas formó una cuadra que ha vendido algunos de sus sementales por 80.000 euros.

La gran cuadra del caballo español

El objetivo que tuvo el inquieto Álvaro Domecq, su fundador, fue el de recuperar la doma de alta escuela en un país de donde era originaria. Y de ahí todo fue a más. En las instalaciones jerezanas de la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre existe la opción de contemplar un “ballet ecuestre” con vestuario a la usanza del siglo XVIII, con coreografías extraídas de las reprisses de la doma clásica y vaquera. Y también se puede disfrutar de todo un complejo levantado para conservar la huella que ha dejado el caballo de pura raza española en nuestro país.

La entrada se realiza por un elegante edificio decimonónico que parece importado del París de la época; llamado el Recreo de las Cadenas, que perteneció a la familia de bodegueros Pemartín. De ahí se pasa a un museo que conserva vestigios arqueológicos que destacan la importancia del caballo en época íbera, o los juegos de cañas con que los caballeros jerezanos se preparaban para la guerra, salas donde se exhiben fastuosos carruajes, naves bodegueras donde se han instalado las cuadras y el picadero donde se ven caballos y jinetes entrenando.

Dotes al animal nunca le faltaron, sobraban cruces bastardos, hasta llegar el día en que los purasangre no sólo comienzan a despuntar en competiciones deportivas sino que son los preferidos en los anuncios televisivos, como en aquel famoso spot de una conocida marca de carburantes, o en el que encarnaba al cavallino de Fernando Alonso.

La Real Escuela Española de Equitación de Viena (Austria), fundada en el siglo XVIII. (Peter Rigaud / Laif)
La Real Escuela Española de Equitación de Viena (Austria), fundada en el siglo XVIII. (Peter Rigaud / Laif)

“Es un caballo muy plástico, de formas redondeadas y con largas y pobladas crines. Tiene, además, un carácter excelente, es muy fácil domarlo. Por eso lo escogen para la publicidad, y también lo convierte en el favorito para aprender a montar”, comenta en su despacho de Sevilla Javier Conde, recientemente reelegido presidente de la Asociación de Criadores de Caballos de Pura Raza Española (ANCCE). Considera, además, que hay una historia que reivindicar. “Plinio ya se refería de forma elogiosa a los corceles de la Bética y sólo hay que ver los cuadros de Velázquez para darse cuenta de su importancia en la corte”.

Escuela Española de Viena

El caballo era el mejor arma de los ejércitos, y controlar su espíritu impetuoso resultaba inexcusable. Con el perfeccionamiento de la doma nacieron en el Renacimiento las denominadas altas escuelas, la de Versalles en Francia, la Marialva en Portugal, y la de Viena, a donde se trasladaron las artes desarrolladas en España, entonces parte del reino de los Habsburgo, igual que Austria.

Lo sorprendente es que esta institución de fama internacional apenas ha cambiado en su forma de hacer las cosas desde entonces. Los ejercicios y los uniformes son casi los mismos, si bien los caballos, en origen españoles, pasaron a llamarse lipizzanos tras cruzarse con ejemplares italianos y árabes.

El picadero donde tienen lugar las funciones de la Escuela Española de Viena es un bello edificio barroco del siglo XVIII, construido para que los jóvenes aristócratas recibieran clases de equitación. Por las mañanas es posible asistir en esta arena a los duros entrenamientos, que dan una idea del esfuerzo que supone domar los caballos para que respondan al más leve gesto de sus jinetes y que lo más difícil parezca sencillísimo.

El resto de instalaciones destilan la misma elegancia, pudiéndose observar el día a día de una academia que lucha con gran esmero por conservar tradiciones de otro tiempo. www.srs.at

EL NACIMIENTO DE LA PUREZA
El origen oficial de esta raza de cuello fuerte y pecho amplio hay que situarlo en el siglo XVI, cuando Felipe II ordena la creación de las Caballerizas Reales de Córdoba, donde se agruparon a los mejores sementales y yeguas del sur de España. Había que cuidar la especie: los caballos eran los antiguos tanques, aunque eso no impidió que hubiera descuidos. El miedo al expolio durante la invasión francesa hizo que la cuadra se trasladase a Mallorca. A su regreso, Fernando VII y su hermano, el Infante Carlos, fueron partidarios de cruzarla con otras razas.

La alta doma española sobrevive siglos después en Austria. (Peter Rigaud / Laif)
La alta doma española sobrevive siglos después en Austria. (Peter Rigaud / Laif)

Por suerte, muchos ganaderos no siguieron la moda del Deseado, lo que permitió al Ministerio de la Guerra, a mediados del siglo XIX, recuperar el caballo andaluz, que constaría por primera vez como de Pura Raza Española –conocido también por sus siglas, PRE– con la apertura en 1912 de un libro registro específico. Sin embargo, en ese breve renacer se fueron imponiendo los medios de locomoción en el campo, con lo que su uso decayó, conservándose la raza en muy pocas familias: Pallarés, Bahones, Escalera… Hasta la aparición en escena de Álvaro, detonante, además, de que se creara la ANCCE, que organizó en 1991 el primer Salón Internacional del Caballo de Sevilla (SICAB). Sólo con la Feria de Jerez no era suficiente.

Aparte del brote de peste equina entre 1989 y 1992, que se llevó decenas de caballos por delante, en esta última etapa ha habido que salvar, para la consolidación de la raza, diversos escollos. El primero, de clase: “El aficionado la consideraba de gente de una posición socioeconómica alta y se ha logrado demostrar que está al alcance de todos, popularizando su uso”, explica Andrés Quices García, propietario de la onubense Yeguada Hacienda María. Allí tampoco hay duda que la mejor promoción es a través de los éxitos deportivos.

Caballos en la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre, fundada por Álvaro Domecq.
Caballos en la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre, fundada por Álvaro Domecq.

EL NUEVO CABALLO ESPAÑOL
Álvaro Domecq es de los que opinan que al multiplicarse su reproducción se ha perdido en calidad: “Como en otros países, el semental ha de ser el mejor caballo que existe, y para tener categoría y seguir vendiendo, hay que dar menos”, concluye. Justo lo contrario de lo que ocurrió en plena efervescencia económica precrisis, en la que se vio mucho recién llegado al sector, que hoy vende a saldo su cuadra por falta de recursos siquiera para dar de comer a los animales.

“Si queremos obtener buenos precios de los proveedores, tenemos que unir las fuerzas de todos los ganaderos y funcionar como una central de compras”, cuenta Conde. “Cada año, más de 2.000 ejemplares cruzan las fronteras de nuestro país para estabularse en cualquier lugar del mundo, y este traslado, si es al continente americano, tiene un coste de transporte que de media alcanza los 7.000 euros, una suma disparatada”, señala apunta.

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