Así ve Asturias Chema Madoz

El gran fotógrafo Chema Madoz expone 34 fotografías inéditas que reflejan su particular mirada e ideas del espíritu de Asturias

Foto: Chema Madoz, 'Sin título'. Serie El viajero inmóvil. Miradas de Asturias, 2016 | Fundación María Cristina Masaveu Peterson.
Chema Madoz, 'Sin título'. Serie El viajero inmóvil. Miradas de Asturias, 2016 | Fundación María Cristina Masaveu Peterson.
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No esperen imágenes de idílicos y verdes valles, de vacas blanquinegras o de estupendas playas. La mirada del fotógrafo madrileño Chema Madoz (Premio Nacional de Fotografía en el año 2000), es diferente, más conceptual, más profunda. Un hacha, una cornamenta, un playa plagada de objetos geométricos, una hoja... Como describe el comisario del proyecto Miradas de Asturias, "el mirar esta región requiere, desde la perspectiva y los modos de hacer de Madoz, convertir la realidad de su espacio geográfico, sus costumbres y sus gentes, en una abstracción. Para ello nos propone un viaje inmóvil, pues para la realización del trabajo no necesita desplazarse al lugar concreto. Se trata de viajar por la imaginación para descubrir los elementos conceptuales que conforman la idea de una Asturias de la mente".

La exposición El viajero inmóvil permanece en el Centro Conde Duque de Madrid hasta el 16 de abril (y que en mayo viajará al Museo de Bellas Artes de Oviedo) y ha sido puesta en marcha por la Fundación María Cristina Masaveu Peterson. Una muestra enmarcada en la iniciativa de mecenazgo Miradas de Asturias, promovida por dicha Fundación. Su propósito es crear un fondo de obra inédita inspirada en Asturias y sus gentes a través de miradas de artista galardonados con el Premio Nacional de fotografía, invitados especialmente cada año a participar, como fue el caso, en pasadas ediciones, de Alberto García-Alix, José Manuel Ballester, Ouka Leele y Joan Fontcuberta.

A Chema Madoz le gusta manipular las imágenes y los objetos cotidianos, y es lo que ha plasmado en estas 34 fotografías inéditas (todas ellas copias únicas): consigue conectar la observación del pequeño territorio con sus representaciones poéticas y van y vuelven de la pura abstracción a lo concreto... y con mucho sentido del humor, algo consustancial a su trabajo.

De Chema Madoz, poco más se puede decir. La obra de este sutil fotógrafo –próxima a la poesía visual, la pintura y la escultura– son más bien metáforas fotográficas, juegos visuales, objetos dispuestos a sorprender y provocar al espectador con esa obsesión por cuestionar la realidad. Y lo consigue.

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