Hermanos Campana, utopías de diseño

Con un inconfundible lenguaje creativo, en poco más de dos décadas han roto cánones y humanizado el diseño

Foto: Imagen de los hermanos Campana, Humberto y Fernando. / EMILIO TREMOLADA
Imagen de los hermanos Campana, Humberto y Fernando. / EMILIO TREMOLADA
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Desde finales de los años 80, Humberto (Rio Claro, São Paulo, 1953) y Fernando Campana (Brotas, São Paulo, 1961) destilan, infatigables, una producción profundamente brasileña y global a un tiempo, basada en la utilización y recuperación de materiales humildes, naturales, sintéticos o concebidos para otros propósitos. ¿Qué tiene el ‘cóctel Campana’ que seduce a marcas, mercados y usuarios? “Da cuenta de nuestra genética, de nuestra exuberancia tropical. Brasil es la suma de pasado indígena y colonización portuguesa y española, pero también con influencias europeas, sobre todo alemanas, y africanas, asiáticas... Refleja por tanto ese mestizaje cultural, ese melting pot.

También da fe de São Paulo y sus contrastes: su caos y su sosiego, su arquitectura y sus favelas”, responde Humberto tras su reciente visita al CIDEA (Coruña Idea), el futuro centro de producción de diseño de la metrópoli gallega. “Somos contadores de historias, de lo que nos define y, además, (lo que hacemos) desvela nuestra cultura popular. Queremos ofrecer una imagen del Brasil contemporáneo, al margen de clichés, pero también preservar oficios en riesgo de desaparición, insuflándoles un aire actual. Nuestro trabajo es acuoso, líquido. Se nutre de distintas fuentes –la selva, las favelas, el cine, la música, las bellas artes– y, por tanto, presenta distintas dimensiones y sesgos”.

Fachada de Firma Casa (Sao Paulo, Brasil).
Fachada de Firma Casa (Sao Paulo, Brasil).

Mientras Fernando, arquitecto de formación, se decanta por proyectar y diseñar, Humberto, reciclado desde el Derecho, se inclina “por el hacer manual”, según confiesa. “Me fascinan los materiales, desentrañar su ADN, mudarlo y convertirlo en un algo nuevo”. Es decir, que forman un auténtico tándem. “Los materiales conducen a las formas y a sus posibles funciones: cualquier idea u objeto nace de la artesanía”, afirma. Y tal disposición define una estética: “Nos preocupa sobre todo la poesía que encierran las cosas: es esencial”. La curiosidad, esa forma de mirar el mundo un tanto ingenua “y hasta naif, propia de un niño, también nos define”. Por eso, sus proyectos son ya iconos del diseño contemporáneo. “Hemos delimitado una vía propia, sin apriorismos, por la que transitar. Representa nuestra identidad y nuestra marca. No nos importa reciclar, fusionar o mezclar materiales, ya sean naturales o artificiales”.

Sirvan de muestra la silla Favela, inspirada en los asentamientos marginales homónimos; la silla Alligator, resuelta con cocodrilos de peluche; o la silla Vermelha, con sus más de 500 metros de cuerda roja. En cualquier caso, el sentido lúdico que trasluce su trabajo es otra consecuencia de esa mirada. “De hecho, a las criaturas les encantan nuestras propuestas porque son muy sensuales: sus texturas invitan al tacto y al contacto. Además, suscitan preguntas: cómo usarlas, cómo relacionarse con ellas. Aunque pase a un segundo plano, esa sensualidad permanece una vez que te acostumbras al objeto”, continúa Humberto.

El entorno y el azar son también parte del sello Campana. “Aunque Brasil es un país muy diverso, de dimensiones continentales –hablamos de diferentes geografías y de una riqueza enorme de pesquisas, costumbres o materiales–, somos ‘fotógrafos’ de nuestro tiempo y queremos registrar semejante diversidad. Puesto que viajamos mucho, extrapolamos esa práctica a otros países. Donde quiera que vamos, procuramos inspirarnos y contrastar los posibles hallazgos con nuestra forma de ver el mundo”. Si a esa relación se le suma la serendipia... “Me encantan aprender de los encuentros fortuitos y, por supuesto, de los errores: representan soluciones para futuros proyectos. El diseño se vincula más a la industria, pero nosotros, más próximos al arte, rompemos ese cliché. Estamos en las antípodas de la racionalidad”, matiza Humberto, confirmando su visión cosmopolita y sin corsés. “El soporte dicta la solución. Nunca pienso en la función al bocetar, solo si me agrada o no. Por otra parte, un futuro diseño nace en estado bruto y, por tanto, hay que facilitar su maduración. A menudo lo dejo un tiempo y vuelvo a él más tarde con otra mirada. En ese ínterin resulta que ‘maduró’ naturalmente; es decir, la solución quizá estaba ya presente, pero no era el momento de verla”.

Instalación en el museo de Bildmuseet (Suecia, 2014).
Instalación en el museo de Bildmuseet (Suecia, 2014).

La manipulación y el trabajo artesanal son, en cualquier caso, según la filosofía de este dúo, el camino hacia el objeto final. “Tras una época de decadencia –dice Humberto–, hoy asistimos al retorno de los oficios y al auge de corrientes como el slow design, con una noción muy precisa del valor del tiempo invertido, que hace que las cosas adquieran un rango semejante al de la alta costura”. Y continúa Humberto: “Hemos conseguido que la artesanía se integre en empresas industriales. Además de un laboratorio de formas y de búsqueda de nuevos conceptos, nuestro estudio es una escuela de oficios, de sofisticación y valorización de la artesanía. Si a alguna empresa le interesa producir nuestros prototipos, tendrá que respetar el carácter de su factura”. Así queda patente en Capacho (2014), su última colección de mobiliario, resuelta con un material tan humilde como la fibra de coco, y en el centro de mesa Vime (2014), al rescate de otra artesanía tradicional: la cestería.

Humberto admite que su actividad profesional ha condicionado su vida, “hasta en un 95%. Literalmente ‘vivo’ mi trabajo y me proporciona equilibrio emocional –afirma–. Aunque todavía estoy a tiempo, me hubiese gustado ser arquitecto. Ejercía la abogacía hasta que descubrí la actividad manual y el diseño”. Y cada vez, los hermanos Campana van más allá: moda y vestuario, escenografías para el Guggenheim neoyorquino, diseño de interiores, paisajismo, intervenciones urbanas... Les encanta “esa visión multidisciplinar, transgredir fronteras, algo muy propio de este siglo”. Estrechan así, aún más, la delgada línea entre diseño y arte conceptual: no es casual que sus obras figuren ya en las colecciones del MOMA, o el Georges Pompidou, o se expongan en santuarios como el Victoria & Albert Museum londinense o el Vitra Design Museum (Weil am Rhein, Alemania).

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