MONTBLANC

En su territorio natural

Etapa segunda. Montblanc, como Minerva, ha hecho del cronógrafo un espacio diferencial. En esta ocasión, con un recuerdo a la habilidad para crear cronos monopulsantes.

Foto: El 1858 Monopusher Chronograph de Montblanc está limitado a 100 unidades.
El 1858 Monopusher Chronograph de Montblanc está limitado a 100 unidades.

La personalidad es un valor siempre necesario para enfrentarse a las exigencias que existen en toda aventura. No por mucho conocer el mercado se tiene respuesta a sus exigencias. Montblanc ha atesorado a lo largo de su trayectoria como marca una merecida fama alrededor de su capacidad para innovar, para anticiparse con un contenido marcado por hallar nuevos territorios de expresión que le permitan estar siempre en ese nivel de excelencia que se les exige a todos los grandes. En relojería, la apuesta también ha estado a la altura, apoyado en los principios que también han definido la historia de Minerva, su salvoconducto relojero y creativo.

Evocando los cronógrafos históricos de Minerva, se presenta en formato bi-compax con pequeño segundero a las 9 horas.
Evocando los cronógrafos históricos de Minerva, se presenta en formato bi-compax con pequeño segundero a las 9 horas.

Nada es por casualidad, o mejor habría que decir que en la colección 1858 se aglutinan una parte importante de los registros que hicieron a Minerva una marca singular. Uno de ellos es el que tiene que ver con la innovación en los cronógrafos, para muchos el paradigma de la precisión relojera. Hay que recordar que desde su origen, obtuvo el reconocimiento internacional por la precisión de sus relojes. Con varios movimientos con función cronógrafo, hay una primera fecha importante, 1909, cuando crea el legendario calibre 19.09, reconocible por su puente del crono en forma de V. Unos años después, en 1920, Minerva inventó uno de los primeros cronógrafos monopulsantes de cuerda manual, el 13.20 pensados para equipar un reloj de pulsera. Había conseguido reducir sensiblemente el tamaño del calibre aunque mantenía incólume el icónico puente en forma de V –diseño que había patentado en 1912–, y contaba con rueda de pilares, acoplamiento horizontal y una frecuencia de 18.000 alternancias/h. Ya en la década de los años 30 dejaría plasmada su experiencia en los cronógrafos con otro aclamado calibre, el 17.29, que pasó a ser uno de los calibres cronógrafo monopulsantes más finos de la época, con solo 5,6 mm de grosor.

La colección que realiza esta incursión el espíritu de montañismo de exploración –hecho realidad en la expedición por la Patagonia del fotógrafo Chris Burkard– rinde homenaje precisamente a ese laureado calibre 13.20 a través del 1858 Monopusher Chronograph Limited Edition 100. En caja de acero de 40 mm, uno de sus elementos distintivos –dentro de la estética vintage–, es su esfera verde ahumada con correa de piel de aligátor verde a juego procedente de la Pelletteria Montblanc de Florencia. Evocando los cronógrafos históricos de Minerva, se presenta con una esfera bi-compax con un pequeño segundero a las 9h, contador de 30 minutos del cronógrafo a las 3h y una escala taquimétrica en la parte exterior de la esfera. Ésta ofrece una gran legibilidad tanto de día como de noche. Está elaborada con piedra Dumortierita, un mineral natural que le aporta un aspecto azul único.

En el fondo de la caja, el cristal de zafiro descubre la belleza de este calibre cronógrafo de rueda de pilares y acoplamiento vertical que late a 18.000 alternancias/h. También es visible el icónico puente de cronógrafo en forma de V, junto con la flecha Minerva decorada a mano. Está limitado a 100 unidades.

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