Jean Marie del Moral, el gran maestro del retrato y el reportaje

El fotógrafo desarrolla una frenética actividad editorial y docente. Gentleman charla con él sobre conceptos gráficos y los personajes que definen su trayectoria

Foto: Jean Marie del Moral retratado por Pepe Cañabate. Mallorca, 2014.
Jean Marie del Moral retratado por Pepe Cañabate. Mallorca, 2014.
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La riqueza y variedad de la obra de Jean Marie Del Moral son el resultado de la riqueza y y variedad de su vida, determinada por estas cuatro cuestiones fundamentales. La primera, la dramática historia de sus padres, dos republicanos españoles que llegaron a Francia en 1939 a través del campo de concentración de Argelès-sur-Mer y se quedaron en el país vecino hasta la muerte del dictador Franco, en 1975.

Retrato callejero. Londres, 1973.
Retrato callejero. Londres, 1973.

La segunda, consecuencia de la primera, es la condiciñon de hispanofrancés de Del Moral, una doble identidad enriquecedora, pero también incómoda y escindida. La tercera cuestión fue el descubrimiento adolescente de tres pasiones que han alimentado siempre su espíritu y trabajo: arte, cine, y literatura.

La cuarta es el nomadismo, las ganas o la necesidad de viajar, que le han llevado a recorrer gran parte del planeta. Por herencia familiar –a la que siempre ha sido leal– , Del Moral es la encarnación de aquella España republicana, utópicamente valiente, que la guerra civil y el franquismo destruyeron, quién sabe si para siempre.

Montreal, 1973.
Montreal, 1973.

La condición de hijo de exliados ha determinado su personalidad y su obra, la de un hombre noble y de trato afable, bien construido moralmente, que de vez en cuando suelta algún coletazo temperamental que delata tanto su espíritu mediterráneo como unas convicciones éticas y estéticas muy profundas. Jean Marie Del Moral sonríe mucho, y ríe a menudo. La calidez con la que abraza la vida empapa a menudo de empatía las fotos de este magnífico artista y grandísima persona.

El artista Miquel Barceló, Gao (Màli), 1988.
El artista Miquel Barceló, Gao (Màli), 1988.

¿Qué recuerda con más nitidez: la marca de su primera cámara o el contenido de la primera instantánea en blanco y negro que reveló?
Mi primera foto con 12 años: la de mi canario en su gabia a contraluz.

¿Cómo se llama la mejor escuela que existe para aprender este oficio?
La mía fueron los museos, las bibliotecas, las salas de cine, la calle, la gente, la vida...

Retrato del pintor  Antonio López García en su estudio de Madrid, 1993.
Retrato del pintor Antonio López García en su estudio de Madrid, 1993.

¿Quién es el máximo responsable a la hora de atrapar una imagen inolvidable: el azar, la paciencia o la alta sensibilidad de la mirada del cazador?
La combinación de las tres y algo más.... Algo que resulta muy complicado de explicar, y que uno no es consciente de predecir ni siquiera en el instante de apretar el gatillo.

Qué es más complicado de expresar con un “¡click!”: la belleza, el amor, o la verdad?
Belleza, amor o verdad no son tan difíciles de captar, son los tópicos de la fotografía, pero ese plus de poética y misterio que hacen de una foto algo único, no sucede a menudo y está a la altura de muy pocos.

¿Quién manda en la yema de sus dedos a la hora de realizar una foto: el cerebro o su corazón?
El ojo que reúne, a la vez, el cerebro (la lucidez), y el corazón (la emoción).

Se lo pregunto completamente en serio. ¿Qué actividad tiene más en común con la suya: la de notario, mago, forense, o 'voyeur'?
Ja, ja, ja. Todas esas actividades tienen algo que ver, pero se olvidó usted de citar el colectivo más fraternal para mi: los poetas.

Oaxaca, 2000, “en la época de los cafés-Internet”, como describe el propio Del Moral.
Oaxaca, 2000, “en la época de los cafés-Internet”, como describe el propio Del Moral.

La invasión de la tecnología digital ha provocado la adicción de millones de seres a retratar cualquier instante banal de su vida cotidiana, para un segundo después echarlos a volar –vía móvil o Internet– rumbo a las pantallas de su tribu ¿Cuál es su reflexión sobre este fenómeno?
Egos hipertrofiados, vanidad, tonterías. A mi me encanta que la gente haga fotos sin cesar, inconscientemente.

“Una imagen vale más que mil palabras”. ¿Por qué?
Niego la mayor. Mil imágenes son mil palabras. Siempre.

Los personajes de Del Moral

Joan Mirò. “Me recibió en Mallorca con paciencia y bondad. Me preguntó sobre mi familia. El silencio, moverte sin molestarle, ser discreto y rápido. Me adapté a sus movimientos dentro del estudio. Se sentó en su balancín, sereno, mirando el suelo a sus pies o a alguno de sus cuadros, que le rodeaban. Retraté aquel momento, un pintor pensativo y callado, el silencio del estudio.

Fenosa. Toqué el timbre. Abrió Nicole, sonriente. Acudió Fenosa. Su mirada firme clavada en mis ojos. Tomamos una limonada. Le conté mi proyecto: retratarlo. Aceptó. Me quede un día más. Dormí en un hotel y al día siguiente lo retraté. Nos hicimos amigos, nos veíamos cada sábado, él trabajando y yo haciéndole fotos. De Fenosa aprendí mucho. Era un hombre muy impresionante, una mezcla de serenidad, de silencio y de violencia muy controlada.

Antonio Saura. Le fotografié por primera vez en 1983. Otro gran callado, Antonio. Tenía una voz sensual y una mirada profunda. Saura es un gigante de la segunda mitad del siglo XX. Su fuerza, su vitalidad, su energía. Es una pintura hecha con urgencia. Sus cuadros parecen haber sido pintados corriendo, cuando es todo lo contrario.

 

 

Antoni Tàpies. Otro gigante. La pintura de Tàpies también tiene vitalidad y energía, igual que la de Saura, aunque diferente. Tàpies es un místico de aquellos de la noche oscura del alma, San Juan de la Cruz y Ramón Lull. Su pintura es bellísima. Lo retraté en su estudio de Barcelona. Vestía un pantalón de pijama y calzaba ‘charentaises’, esas típicas zapatillas de casa que usan los burgueses franceses.

 

Miquel Barcelò. Le conocí en 1985. Me dio su teléfono Miguel Ángel Campano. Le llamé y me presenté en su estudio. Él refunfuñó un poco, pero al fin quedamos para el día siguiente. Llegué puntual, él vestía un abrigo grueso y botines militares. Entramos al estudio, que me fascinó: lienzos por todas partes, cuadros en proceso para la exposición de Leo Castelli, su primera en Nueva York. Se puso un mono de trabajo y comenzó a moverse de un lado a otro. Y yo a disparar fotos. No intercambiamos ni una mirada. Puso A Hendrix a tope.Y empezó a pintar.

Personajes
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