"Los hombres más elegantes son aquellos capaces de saltarse las reglas"

La verdadera elegancia según Bernhard Roetzel, periodista y experto en moda

La elegancia es un estado vital, dice el alemán, quien ha contagiado a un público cada vez más joven su interés por la moda masculina clásica

Foto: Bernhard Roetzel viste traje hecho a mano de tobias tailors, en Savile Row. (Erill Fritz)
Bernhard Roetzel viste traje hecho a mano de tobias tailors, en Savile Row. (Erill Fritz)

Las aglomeraciones en la entrada de los desfiles de personas vestidas con llamativos ropajes entre lo carnavalesco y lo pretencioso, le parecen a Bernhard Roetzel, periodista y experto en moda de raíces germánicas, un encomiable retrato de la estupidez que se vive en la moda. Más que en la industria, en su extrarradio. “Están allí, enseñan su ropa y esperan a ser fotografiados. Se pierde el objetivo del desfile y despista la atención de las marcas”, dice Roetzel, que es una de esas rara avis que brilla por su elegancia, galantería y normalidad.

En la vida real, es padre de seis hijos; en la virtual, de casi 16.000. Seguidores, no se confundan. Defiende claramente los valores profesionales que emanan de la tradición, sin caer en lo rancio, como refleja en su última obra, 'Gentleman Lookbook' (Ed. H. F. Ullmann) y las 14 anteriores, todas dedicadas al buen vestir y al estilo clásico, atemporal, independiente de las modas y tendencias.

Dice que se ha cansado de escribir y que en este último libro, el número 15 ni más ni menos, ha dejado las letras para los títulos.
Preferí que 'Gentleman Lookbook' fuera más visual. Este sector demanda más imágenes que texto. Los capítulos son una recopilación de propuestas para vestir divididas en tres grandes apartados: negocios, fin de semana y formal (etiqueta). Todos incluyen una pequeña introducción explicativa.

Y el resto es una serie de fotografías de lo que podríamos llamar streetstyle.
Quería mostrar al lector lo fantástico de la moda masculina clásica. Y es lo que he hecho: reunir a los hombres mejor vestidos de la escena de la moda y las redes sociales y compartir sus looks favoritos.

El periodista posa con dos trajes a medida: de Cove & Co y de algodón de Baron & Ear.
El periodista posa con dos trajes a medida: de Cove & Co y de algodón de Baron & Ear.

Usted figura entre esos mejor vestidos.
La idea inicial era que solo saliera yo en el libro, pero pensamos que era mejor mostrar a otros hombres para ofrecer distintos estilos. Por ejemplo, enseñar al lector cómo vestir un traje sastre azul marino de varias maneras diferentes.

¿Y el resultado cuál es?
Un libro dirigido a hombres inteligentes a los que les gusta mucho la ropa. Cada vez hay más y cada vez son más jóvenes. Mis seguidores tienen entre 18 y 25 años.

¿Interesados en un estilo tan clásico?
Para ser honesto, nunca pensé en una audiencia tan joven al escribir el libro. Mi objetivo era demostrar que la moda masculina clásica es interesante por cada una de sus artículos. Cada una tiene una historia y además, está hecha para que dure toda la vida.

¿Quiere decir que el hombre busca menos moda y más servicio?
Me parece que todo el mundo viste de uniforme hoy en día, lo cual resulta tremendamente aburrido. No critico a las grandes marcas que ofrecen precios competitivos, pero el señor que viene a una sastrería como Langa en Madrid, por ejemplo, viene en busca de algo más especial.

A la izquierda, Bernhard Roetzel frente al espejo. Al lado, con traje de Tobias Tailors.
A la izquierda, Bernhard Roetzel frente al espejo. Al lado, con traje de Tobias Tailors.

Que dure toda la vida, entre otras cosas.
En la moda en la que yo creo, se habla de sostenibilidad. La ropa de calidad dura más. Hoy llevo un traje de lana escocesa que tiene más de 20 años y está perfecto.

¿Ese amor por las cosas bien hechas se puede transmitir en las redes sociales?
Las redes son una gran fuente de información que te da a conocer muchas marcas y abre mercados muy interesantes. Desde que existe Instagram he descubierto numerosos zapateros o sastres que nunca habrían aparecido en la prensa tradicional.

¿Cuál ha sido su gran descubrimiento?
Una sastrería polaca llamada Zaremba, por ejemplo, que se ha hecho famosa gracias a Instagram. También me interesa navegar por el mercado japonés. Para mi primer libro, 'El Caballero', que se publicó en 1999, tuve que acudir a bibliotecas, consultar centenares de archivos de prensa y libros. Con las redes, obtienes más información y sin salir de casa.

¿Cómo aprendió todo lo que sabe de moda?
Aprendí leyendo libros, paseando, visitando los pequeños talleres de sastres, artesanos y zapateros que había en Alemania. Es así como uno se nutre de verdad, pasando horas en librerías, buscando libros maravillosos, algunos escritos hace cien años.

¿Cree que el concepto gentleman sigue siendo el mismo o se ha manoseado tanto que ha perdido enjundia?
El término ha perdido valor, sin duda. Significa nada y todo, y está sobrevalorado. No basta con que un hombre vaya bien vestido, además debe ser educado y caballeroso.

Roetzel aprendió todo lo que sabe de moda pasando horas en librerías.
Roetzel aprendió todo lo que sabe de moda pasando horas en librerías.

¿Dónde quedan entonces los hombres educados, caballerosos y bien vestidos?
Creo en la elegancia como un estado vital. El hombre elegante sabe mantener una buena conversación, sabe actuar. La elegancia es una forma de moverse. Gianni Agnelli es el perfecto ejemplo. Era distinguido cuando iba en vaqueros, cuando jugaba un partido de fútbol o vestía de traje.

Es una cualidad innata.
Un caballero no quiere destacar entre una multitud, aunque no lo pueda evitar.

¿Y hace falta ser clásico para ser elegante?
El clasicismo en la moda ha evolucionado y los hombres más elegantes lo son porque en un momento dado supieron saltarse las reglas y se atrevieron a innovar.

¿Quién lo ha hecho muy bien?
El italiano Lapo Elkann llama mucho mi atención y arriesga. Quizás, en diez años nos parezca normal lo que lleve. El Duque de Windsor, cuando era príncipe de Gales, mezclaba trajes bastante llamativos con zapatos que hoy en día vemos clásicos.

Pero no a todo el mundo le sienta bien un traje de cuadros.
Efectivamente, la belleza es la suma de dos cosas: buen gusto y proporción estética.

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