Leonardo Padura: "La novela policíaca es cada vez menos policíaca y más novela"

Es uno de los grandes de la literatura policial latinoamericana, y la capital de Cuba el escenario de sus intrigas. Gentleman habla con él de sus libros, los de otros y la vida en general

Foto: Leonardo Padura en su casa de La Habana, ciudad en la que nació y donde se desarrollan las historias de su detective, Mario Conde. (Kike Palacio)
Leonardo Padura en su casa de La Habana, ciudad en la que nació y donde se desarrollan las historias de su detective, Mario Conde. (Kike Palacio)
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Acaba de llegar de Ginebra, hace una breve parada de poco más de un día en Pamplona y se marcha inmediatamente a Grecia, donde sin duda se encontrará con su buen amigo Petros Márkaris, autor de otra exitosa serie de novelas policiacas. El caso es que, desde hace años, Leonardo Padura (La Habana, 1955) no para. Ni él ni Lucía, su mujer, de la que no se separa ni un instante y a la que ha dedicado –“Ya se sabe cómo y por qué”– 'La transparencia del tiempo', el último título de la serie protagonizada por el detective Mario Conde, un habanero escéptico de la generación de Padura y a cuyo través descubrimos los secretos de la capital cubana y la incertidumbre que la impregna desde la muerte de Fidel Castro y tras la elección de Donald Trump.

Bodega Otazu, situada a ocho kilómetros de Pamplona, flanqueada por dos sierras de color verde intenso.
Bodega Otazu, situada a ocho kilómetros de Pamplona, flanqueada por dos sierras de color verde intenso.

La cita tiene lugar en la Bodega Otazu, que acoge una cena previa a la celebración en la capital navarra del V Congreso Internacional de Arquitectura y Sociedad, en el que el escritor cubano es uno de los invitados estrella. Allí, frente a 110 hectáreas de viñedo enclavadas entre la Sierra del Perdón y la de Sarbiul y junto al río Arga, se desarrolla una conversación con aroma a tempranillo.

Ha sido un día caluroso, pero ahora cae el sol detrás de la ventana de la sala de arte donde nos encontramos, y Leonardo Padura comienza a hablar mientras firma de manera automática media docena de libros y alguna botella de vino, servidumbre en la que el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015 ha desarrollado con los años una práctica impecable.

Leonardo de la Caridad Padura…
Sí, lo de Caridad es porque mis padres eran devotos de la Virgen de la Caridad del Cobre, la patrona de Cuba, y yo fui su primer hijo. En Cuba, Caridad es nombre masculino.

Leonardo Padura en Bodega Otazu.
Leonardo Padura en Bodega Otazu.

En este contexto de estudios sobre ciudades que ha venido a inaugurar, describa La Habana, donde usted nació, un lugar diferente a cualquier otro y omnipresente en su obra…
Alejo Carpentier dijo que La Habana era una ciudad que tenía la belleza y el estilo de las cosas que no tienen estilo. Es una ciudad completamente ecléctica, con un nivel grande de deterioro físico y espiritual, y hoy una parte de esa belleza de La Habana está oculta bajo muchas capas de churre, polvo y desidia.

Estudió Literatura Latinoamericana. ¿Qué descubrimientos autorales ha hecho en los últimos tiempos tanto allí como a este lado del Atlántico?
Siempre descubro escritores, porque uno no lee solo a los autores que conoce y ama –lo que no deja de ser un proceso gratificante pero rutinario en la lectura, y mucho más en la escritura–, pero la verdad es que nada me ha conmovido demasiado como propuesta nueva en los últimos años.

Ensayista, escritor, periodista, guionista, novelista… ¿Qué porcentaje hay de cada en Leonardo de la Caridad Padura?
Soy cien por cien cada una de esas cosas y haciendo cada una de esas actividades, aunque a mí lo que me gusta es escribir novelas. Pero el periodismo fue la profesión de la que viví durante 15 años.

Es usted uno de los grandes de la novela policial latinoamericana, con títulos como ‘Pasado perfecto’, ‘Vientos de cuaresma’, ‘La cola de la serpiente’ o ‘Adiós, Hemingway’. Ha sido traducido a muchos idiomas y tiene 24 premios en su haber. ¿Cuál aprecia especialmente?
Hace varios años me dieron el premio Puerta de Espejos, que otorgaba la Biblioteca Nacional de La Habana. Es un premio que dan los lectores a través del número de veces que piden el libro de un autor determinado, y durante varios años los míos habían sido los más solicitados en esa biblioteca.

¿Cómo está la isla desde que llegó Donald Trump? ¿Se ha parado la máquina transformadora del país?
No, 'Tromp' (así suena con acento cubano) no ha tenido la culpa de nada, porque la máquina transformadora de la isla es más lenta desde hace mucho tiempo. Lo que se ha notado con él, además de la retórica, que ha vuelto a tener los niveles habituales de agresividad, ha sido que ha disminuido el número de americanos que llegan a la isla y el de cubanos que van a Estados Unidos.

¿Pero en qué ha cambiado la sociedad cubana –que usted tan bien describe en su obra– en los últimos 20 años?
Aparentemente en Cuba no cambia nada, lo que pasa es que las connotaciones de los cambios dependen de cómo afecten a cada persona. Antes los cubanos no podían viajar al extranjero, no podían tener celular… Ahora los jóvenes cubanos, bien que con mucha dificultad, hasta están en Facebook.

Detalle y vista de una de las calles de La Habana.
Detalle y vista de una de las calles de La Habana.

España está muy presente en su última novela. ¿Qué ciudad le resulta más vivible a alguien como usted: Madrid, que visita con mucha frecuencia, o La Habana, independientemente de sus obvias y enormes diferencias?
Madrid me encanta, pero los códigos de Madrid y la forma de vivir allí no son comparables a los de La Habana. Es como comparar un cohete con un destornillador.

¿En qué ciudad viviría que no fuera La Habana?
Cayo Hueso. Estás en el Caribe, en los Estados Unidos, pero fuera de Estados Unidos. Es un lugar donde se respira libertad. Puedes andar desnudo si te apetece, y la gente ni te mira. Las gallinas cruzan la calle y los automóviles se detienen para dejarlas pasar.

¿Hasta qué punto es importante el papel de la ciudad en su obra?
Es un personaje más de mis novelas, no solo en el ámbito físico, también en el espiritual. Por eso tiene categoría de personaje.

¿Es La Habana una ciudad paseable para usted?
No, entre otras cosas porque no hay transporte público. Pasear por el Malecón a las 12 del día es morirse de calor. Cada cual en cada momento ve las ciudades de una manera distinta, y yo no veo a La Habana nada paseable.

¿Cuál es su rincón favorito de La Habana?
Sin duda, mi casa, el lugar donde nací y donde he vivido mis 62 años, y que es por tanto un enorme almacén de recuerdos y de libros.

¿Y fuera de casa?
En la playa. La playa del Caribe es una experiencia inigualable. No hay nada como eso.

¿Su rincón favorito del mundo?
Creta nos encanta a mi esposa y a mi. Lombardía, La Toscana. Y en Andalucía me siento como en casa. Los andaluces hablan por los codos y los cubanos por los codos y las rodillas. Por eso me encuentro en mi ambiente.

¿Qué tiene ahora entre manos?
Estoy pensando, no escribiendo, una novela sobre la diáspora cubana. La diáspora de mi generación. Desde los años 80 para acá.

¿En qué estado ve la novela policiaca en estos tiempos que vivimos?
Creo que está pasando por uno de sus mejores momentos, porque es cada vez menos policiaca y cada vez más novela, y eso hace que tenga grandes niveles de penetración social. Este es un proceso que comenzó hace 30 años con autores como Vázquez Montalbán o Rubén Fonseca, y nosotros somos beneficiarios de la ruptura que lograron esos escritores, que por lo general pertenecían a la periferia.

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