La mujer que lidera Wempe

La firma joyera vive bajo la batuta de Kim-Eva Wempe, su presidenta, el momento más dulce, con una cuidada expansión internacional

Foto: Cosmora Wempe By Kim, diseñada por Catherine Plouchard y supervisada por Kim-Eva Kempe.
Cosmora Wempe By Kim, diseñada por Catherine Plouchard y supervisada por Kim-Eva Kempe.

Cuando Kim-Eva Wempe se hizo cargo de la empresa familiar en 2003 asumió algo más que un próspero negocio: una historia centenaria (va camino de los 140 años desde su fundación, en 1878, en la ciudad alemana de Hamburgo); un legado de tres generaciones centrados en el mundo del reloj y lideradas por hombres –ella es la cuerta y la primera mujer–, y varias decenas de trabajadores a su servicio. Muchas miradas sobre ella.

Kim-Eva Wempe, presidenta de Wempe. / MASSIMILIANO POLLES
Kim-Eva Wempe, presidenta de Wempe. / MASSIMILIANO POLLES

Más de una docena de años después, Kim-Eva Wempe ha llevado a la firma a la mayor expansión internacional de su historia, con una treintena de tiendas en ciudades de todo el mundo, elegidas con una cuidada estrategia de posicionamiento; tiene a su cargo más de medio millar de trabajadores y, sin olvidar su esencia como distribuidor de las más prestigiosas marcas de relojes, ha desarrollado una línea propia no solo de relojería, sino también de joyería, con un taller propio en Hamburgo, responsable, por ejemplo, de la colección Cosmora Wempe By Kim: espectaculares anillos de oro y piedras preciosas, diseñados por Catherine Plouchard bajo la supervisión de Kim-Eva Wempe, para recoger en 12 piezas únicas las impresiones de otras tantas ciudades: desde Berlín a Nueva York, desde Beijing a Ciudad del Cabo. “Definitivamente sí: el diseño de joyas es también arte”, nos cuenta la actual presidenta de la compañía, mientras elogia el trabajo no solo de la diseñadora, sino también de los artesanos de la firma capaces de convertir en realidad los sentimientos hasta entonces plasmados en un papel.

Madre de dos hijos, confía en que continúen la saga y se conviertan en la quinta generación al frente de Wempe, aunque no lo tendrán fácil: “Trataremos de ser objetivos para elegir a los hombres y mujeres más preparados”. Sabe de lo que habla, porque ella misma tuvo sus dudas: con 18 años, y aficionada al ballet, se tomó su tiempo antes de decidirse por fin a, primero, aprender todo lo necesario y, segundo, entrar en la compañía. “Desde el primer minuto en que empecé a trabajar supe que eso era exactamente lo que quería hacer”. Aun así, tuvo que esperar hasta que su padre, Hellmut Wempe, la vio por fin preparada para cederla el testigo. Buena decisión.

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