José María Manzanares, un torero apasionado de los relojes de IWC

Ha hecho del mundo del toro su vida, aunque no lo decidió hasta la juventud. Estrella en los ruedos, es un férreo defensor del trabajo bien hecho

Foto: Imagen del stand de la firma de relojería IWC durante el pasado Salón de la Alta Relojería de Ginebra, en Suiza. 
Imagen del stand de la firma de relojería IWC durante el pasado Salón de la Alta Relojería de Ginebra, en Suiza. 
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    Es día de fiesta, aunque no taurina; eso sí, el porte y la elegancia de José María Manzanares se distingue entre la multitud. Pero que nadie piense que ejerce de figura. En la distancia corta es tan afable y cercano como uno se lo imagina, y además sincero. Al que le gusta conversar de su pasión y su trabajo, los toros, y también de su relación con el universo del tiempo, la relojería. Desde hace cinco años su imagen está asociada a IWC cuando se habla de relojes, marca a la que le une además un elemento sentimental: “Mi abuelo paterno era muy aficionado a los relojes y había varias marcas que le gustaban, una de ellas era IWC. Recuerdo, cuando tenía 10 o 11 años, escuchar hablar a mi abuelo con mi padre sobre relojería, e IWC era una de las firmas de las que aparecían asiduamente en sus conversaciones. Cuando ya me convertí en torero y fui creciendo en mi profesión, tuve la oportunidad de colaborar con la marca y me hizo especial ilusión porque, aparte de ser una firma que me gusta por su elegancia, diseño y personalidad, me une ese valor sentimental de su presencia en mi familia. Yo estoy muy feliz de estar con ellos y de que sea un torero el que está representándolos”.

    José María Manzanares en el stand de IWC durante la pasada edición del SIHH / ROBERTO IVÁN CANO
    José María Manzanares en el stand de IWC durante la pasada edición del SIHH / ROBERTO IVÁN CANO

    Una imagen, la del torero, que se fundamenta en el conocimiento de la Fiesta desde la infancia, alimentado por una saga taurina de la que al principio parecía que él quedaría al margen, que su destino estaba escrito en otros asuntos –empezó a estudiar veterinaria– y no sobre la arena de la plaza. “Yo sentía que la decisión debía estar muy meditada. Y de hecho llevaba muchos años pensándolo, de forma especial a partir de los 14 o 15. Pero no era una decisión fácil, pesaba mucho la figura de mi padre y el hecho de ser quien era. No quería decidir algo a la ligera y que luego me arrepintiera del camino tomado. Por eso, hasta los 19 años no di el paso. Lo recuerdo perfectamente; fue en la finca de mi padre, a la hora de la comida. Mi madre lo recibió con una cierta tristeza; mi padre, con ilusión. Fue un día bonito”.

    Se inauguraba un nuevo tiempo, de entrenamiento, de aprendizaje en un arte que ha cambiado y es muy exigente. “La verdad es que se torea mejor que antes, hablamos desde los años 80 hasta nuestros días, porque hay más técnica. El toreo ha ido entendiendo al toro cada vez más, y sabe lo que hacerle para que ese toro vaya mejorando”.

    "Hay mucha demagogia y la gente se lo cree. Por eso, desde que tomé la alternativa, he intentado explicar lo que es mi mundo"

    Y aprovechando el hilo del tiempo, la pregunta se encamina hacia las distintas suertes que se ejecutan durante la lidia en esos escasos 20 minutos, y su preferida. Manzanares no lo duda: “La muleta, y por varias razones. Para empezar, porque el tempo se ralentiza. Ya has tenido oportunidad de ir domando la embestida del toro y adecuarla a tu forma de torear. Y adaptarte a las cualidades del toro. Claro que es necesario que el toro tenga la nobleza, bravura y fuerza necesarias, pero es en el tercio de la muleta cuando más puedes expresarte como torero y también cuando más entendimiento hay con el toro”.

    Sobre estas líneas, junto a George Kern, CEO de la firma relojera de Schaffhausen.
    Sobre estas líneas, junto a George Kern, CEO de la firma relojera de Schaffhausen.

    Habría que hablar de fusión, la misma que siempre ha existido con el público, por eso quizás no se entienda por qué la Fiesta ahora es tan cuestionada socialmente. Manzanares lo tiene claro: “Porque hay miedo. Hay un movimiento social en el que a muchas personas les da miedo decir que les gustan los toros por temor a lo que puedan pensar de ellos”. Y va más allá: “Hay un gran desconocimiento de lo que es la Fiesta, y se vierten muchas mentiras, desde que al toro se le maltrata hasta que se le da vaselina en los ojos para que no vea. Justo lo contrario de lo que el torero necesita, porque el toro debe ver bien la muleta para acudir a ella. Hay mucha demagogia y la gente se lo cree –añade–; por eso, desde que tomé la alternativa he intentado explicar lo que es mi mundo. Es una de mis condiciones, poder hablar de mi profesión aunque esté en una producción de un reportaje centrado en la moda; poder explicar lo que es el toro y todo lo que lo rodea”.

    Opinar desde el conocimiento

    Y va todavía más lejos en su reflexión. “Estamos hablando de que en España los toros son el segundo espectáculo que más gente congrega después del fútbol y del que además viven muchas familias. Yo soy muy respetuoso con quien no le gustan los toros, pero para poder opinar tienes que conocer algo de ello, cómo es la vida del toro en el campo, la vida del torero o lo que pasa en la plaza... Luego, si no te gusta, es respetable”. Es inevitable hablar de la fama y de cómo esta se maneja dentro y fuera. Y José María Manzanares es rotundo al respecto: “Jugarte la vida exige y te lleva a una gran concentración; mientras estás con el toro en el ruedo percibes a la gente pero solo estas pendiente de la faena que tienes que realizar; es tan especial que te olvidas de lo demás. Al terminar, por supuesto que disfrutas del cariño del aficionado, pero rápidamente vuelves a tu mundo, a tu vida personal, que es muy solitaria. Pasamos mucho tiempo en el campo y en la preparación de la temporada. Los viajes suelen ser solos. Tenemos mucho tiempo para pensar, y ahora que las temporadas son tan largas, hay momentos en que yo necesito parar para reflexionar sobre cómo va la temporada”. Y, por supuesto, trata de mantener su vida privada totalmente al margen.

    El torero nace y se hace, pero como bien dice Manzanares “lo más importante es transmitir; tener personalidad. Hay que conectar con el público. Por supuesto que se puede aprender y mejorar la técnica, pero lo que llena y te hace diferente es la esencia que transmite cada uno. Cada vez hay menos personalidad en el toreo. Antiguamente, por lo que mi padre me contaba, los toreros, como era el caso de Antonio Ordóñez, destacaban por su personalidad arrolladora”. El tiempo se acaba, pero se cierra como empezó: alrededor de la relojería y su personalidad. “Es lo que me gusta de un reloj, eso y que esté proporcionado y sea bello. Las cosas bien hechas tienen un punto atractivo y personal”. Y muestra su IWC Pilot de hace 4 años y se reafirma: “Como este”.

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