Tilda Swinton, la actriz de las mil caras

Actriz camaleónica y 'performer' artística, destaca por su metamorfosis en la gran pantalla. 'Las crónicas de Narnia', 'El Gran Hotel Budapest' o su reciente 'Ave Cesar' lo demuestran

Foto: Tilda Swinton, en una escena de la performance 'Eternity Dress', realizada en colaboación con Olivier Maillard (Fotografía: Jean-Baptiste Mondino).
Tilda Swinton, en una escena de la performance 'Eternity Dress', realizada en colaboación con Olivier Maillard (Fotografía: Jean-Baptiste Mondino).

La sesión de fotos termina, Tilda Swinton guarda sus cosas en una enorme maleta e instala su larga silueta sobre un mini-sofá en medio del desorden circundante. El maquillaje ha desaparecido. Pero permanecen su look andrógino, su pelo rubio platino y la hipnótica fascinación de un personaje inclasificable. Musa de películas de autor, numen de la vanguardia y fuente de inspiración arty para las marcas de lujo, Tilda escapa a cualquier tipo de clasificación. A sus 55 años, su belleza recuerda a la de su bisabuela, una tal Mrs. George Swinton, pintada por John Singer Sargent en 1906. Tilda Swinton se mueve sin esfuerzo entre diferentes edades, géneros y estéticas.

Actriz camaleónica, fue la Bruja Blanca en las Crónicas de Narnia antes de ganar el Oscar a la mejor actriz secundaria, en 2008, por su interpretación de Karen Crowder en Michael Clayton. Desde entonces, sus metamorfosis a menudo la vuelven irreconocible, como en El Gran Hotel Budapest o Rompenieves. Sus travestismos confunden las pistas sobre una identidad que evoluciona a lo largo de sus encuentros con los directores Jim Jarmusch, David Fincher, los hermanos Coen (en su reciente ¡Ave, César!) o Luca Guadagnino, con quien trababjó en ahora Cegados por el sol, un falso remake de La piscina, el clásico de los años 60 de Jacques Deray –donde aparece vestida de Dior–, en lo que supone una escenificación del deseo en medio del aislamiento, que cuenta el extraño juego de relaciones que establecen una estrella del rock recuperándose de una operación junto a su pareja, su antiguo representante y la atractiva hija de este.

Junto a su prestigiosa filmografía, destacan también sus performances artísticas (The Maybe, en Londres, en 1995, retomada en Nueva York en 2013) y sus singulares colaboraciones, como en los fashion happenings realizados junto con Olivier Saillard, director del museo Galliera de París. En estas ocasiones, más que como actriz, Tilda Swinton se reivindica como modelo. Desplegando sus sortilegios con cortesía y con un toque de acento upper class, esta performer multitarea no le teme a nada ni a nadie.

Blusas de seda, una de ellas bordada con lentejuelas, de Chanel. Broche, de Judy Blame (Imagen: Getty)
Blusas de seda, una de ellas bordada con lentejuelas, de Chanel. Broche, de Judy Blame (Imagen: Getty)
Cegados por el sol es una variación de La Piscina, de Jacques Deray. ¿Cómo hizo Luca Guadagnino para darle originalidad?
La isla volcánica y ventosa de Pantelleria, en Italia, en la cual nos instalamos, transformó la historia por completo, le dio una atmósfera más rock and roll e hizo que los movimientos de la pasión surgieran de manera eléctrica. El tema de la desintegración ya estaba presente en la película Io sono l’amore (‘Yo soy el amor)’, y aquí volvemos a encontrarlo en el personaje de esta cantante en plena crisis. Me encanta interpretar personajes en transición. La película evoca el hecho de crecer, de cambiar de vida, de afrontar las consecuencias de los hechos pasados, de asumir los que están por venir, de soltar las amarras para saltar hacia lo desconocido. Con Luca, trabajamos de una manera orgánica y fuimos desenvolviendo este tema de una película a la otra. Se trata de una verdadera asociación con el deseo de entregar juntos una obra significativa.

Su relación con su compañero, Sandro Kopp (17 años menor que ella), ¿sirvió para alimentar la que encarnó en la pantalla con Matthias Schoenaerts?
(Risas). No, ni por un segundo. Me cuido como una persona adulta. Pero hay otros elementos que alimentaron el personaje. Al principio, yo no quería hacer esta película porque mi madre se estaba muriendo... Y cuando ella desapareció, a finales de 2012, me dieron ganas de expresar lo que sentía. Me sentí corta de palabras. Quería explorar las posibilidades del silencio a través de un personaje rodeado por el ruido de los demás. Esta pequeña abertura a mi intimidad le daba autenticidad. Y esta cantante de rock, que perdió su voz, fue una especie de regalo de Luca.

¿Cree que ciertos directores hacen películas con usted, pero también para usted?
Cuando uno trabaja con gente cercana, siempre hay un elemento autobiográfico, ya que los temas que nos unen son el corazón de la película. O el actor se convierte en el material de la película, o su personaje lleva las ideas del grupo. Yo he trabajado con Luca Guadagnino durante más de 20 años. Jim Jarmusch, Bong Joon-ho, los hermanos Coen, son también compañeros de viaje que recorren el mismo camino que yo. Nuestro esfuerzo colectivo se persigue a largo plazo, mientras nos vamos divirtiendo y aprendiendo a conocernos.

La mutua atracción por el arte, pero también por la moda, de Tilda Swinton y Olivier Saillard, actual director del museo Galliera, de París, ha dado como resultado, entre otras iniciativas, este libro titulado 'Impossible Wardrobes', que documenta con una exquisita fotografía tres performances en las que ambos han colaborado (Fotografía: Jean-Baptiste Mondino).
La mutua atracción por el arte, pero también por la moda, de Tilda Swinton y Olivier Saillard, actual director del museo Galliera, de París, ha dado como resultado, entre otras iniciativas, este libro titulado 'Impossible Wardrobes', que documenta con una exquisita fotografía tres performances en las que ambos han colaborado (Fotografía: Jean-Baptiste Mondino).

En ¡Ave, César! encarna a las hermanas gemelas Thora y Thessaly Thacker. ¿De dónde viene ese doble rol?
Yo no sé si las gemelas son siempre rivales, pero algunas ciertamente sueñan con ser únicas. Como es obvio, el tema de los gemelos –que siempre me atrajo como concepto– me interesa aún más desde que los tengo en mi propia vida (sus hijos Xavier y Honor, chico y chica, nacidos en 1997 de su relación con el dramaturgo escocés John Byrne). Claro que al no ser del mismo sexo, no tienen los mismos problemas. Pero siempre me han intrigado los desdoblamientos de personalidad y el trabajo de identidad.

Ha hecho pocas películas con los grandes estudios: Vanilla Sky, la serie de las Crónicas de Narnia, El curioso caso de Benjamin Button… ¿Cómo es su relación con Hollywood?
Excelente. Acabo de terminar Doctor Strange y el ambiente era el de un jardín infantil donde los frikis entusiastas se divertían con tecnología punta y unos efectos especiales que me dejaron asombrada. Con los Estudios Marvel volví a encontrar esa atmósfera de aventura emocionante de las películas experimentales de mis inicios londinenses. Digamos en todo caso que soy consciente de estar a bordo de una gran embarcación... ¡que al final resulta ser un barco pirata!

En el centro de su trabajo está la transformación física. ¿Es ese el último desafío?
Es el primer paso hacia la solución del rompecabezas que constituye cada rol. Empiezo por preguntarme: ¿quién es esta persona? Si hay elementos que me resultan cercanos, no los elimino, pero negocio mi forma de acercarme a ellos. Pero eso no hace que el trabajo de distanciamiento resulte más fácil. Y creo que es importante instalar una distancia objetiva entre yo y el otro.

¿Cuando estaba creciendo, se sentía diferente, grande y extravagante?
En mi familia, ser grande no era ser diferente… Yo era diferente porque era una niña con tres hermanos, pero no era extravagante en absoluto; al contrario. Yo era muy discreta, evitaba llamar la atención. Esperaba tranquilamente a que llegase mi momento.

¿Era usted un poco marimacho?
No sé lo que significa eso. Suena a una pose artificial, o a un comportamiento muy deliberado. Tal vez aquellas que se dicen ‘marimacho’ saben realmente lo que se siente al ser una niña. Yo en cambio, no era consciente de ello. Al no estar en un contexto muy femenino, lo normal para mí era vivir como mis hermanos. Yo los adoraba. Compartíamos la misma ropa y los mismos juegos. Cuando me encontré, a la edad de 10 años, en un internado para niñas, (West Health Girls School, en la misma clase que la futura Lady Di), tenía compañeras que no tenían hermanos varones, no habían tenido la misma infancia que yo. Algunas ni siquiera habían conocido niños, y yo fui consciente de haber tenido suerte.

¿Se puede considerar a Orlando como su película más autobiográfica?
Tal vez. Está basada en la novela de Virginia Woolf, que leí a la edad de 13 años, y yo me sentía realmente identificada con esta figura refractaria que se cuestionaba la manera de conformarse con su entorno. Crecí en una casa llena de retratos de familia que se parecen mucho a mí, incluso cuando llevan pelucas y volantes alrededor del cuello... Yo sé que formo parte de la tribu. Pero desde muy joven ya me preguntaba por cuestiones ligadas al género. Yo no me percibía tan rígida como lo es una persona sola, y estaba al tanto de los límites normativos de mi familia.

Su padre, Sir John Swinton, es la casi perfecta encarnación del establishment y de la tradición. ¿Cómo descubrió y accedió usted al bohemio mundo de los artistas?
Uno se imaginaría que teniendo un padre general y ya mayor, y estando en un internado, recibiría una educación represiva. Pue ese no fue el caso. Tuve una infancia muy feliz. Aun así, yo aspiraba a un modo de vida más amigable, y sabía que en algún lugar había un mundo diferente de aquel en el que crecí. Cuando aterricé en Londres, en la década de 1980, me sentí en mi lugar. Con el director Derek Jarman –quien la dirigió en siete películas, incluyendo Eduardo II, con la que ganó la copa Volpi en el Festival de Cine de Venecia de 1991–, al fin había encontrado al amigo con el que siempre había soñado. Fue una época mágica y preciosa porque nos divertíamos como niños. En nuestra comunidad de artistas con ideas surgiendo a borbotones, éramos los actores y directores de nuestra propia vida.

Viniendo de una de las familias escocesas más antiguas, ¿se siente usted orgullosa de sus orígenes?
No solamente soy escocesa, sino que además elegí vivir en Escocia, lo cual resulta aún más raro… Mi familia es originaria de la comarca de los Borders, pero yo siempre tuve ganas de vivir en los Highlands y, cuando nacieron mis hijos, decidimos instalarnos en la pequeña ciudad portuaria de Nairn. Hace tiempo decubrí que no podría vivir en otro sitio. Para mí, Escocia es un país independiente y siempre lo ha sido. Inglaterra no lo es. Y en lo profundo de mí sé que, tarde o temprano, todo el mundo estará de acuerdo.

¿Cómo hace para conciliar su vida privada con su necesidad de descubrir el mundo?
¡Las dos son posibles! Nosotros viajamos mucho y mi vida no es aislada en absoluto. Al ser mis hijos adolescentes, ya se pueden imaginar el ambiente, los amigos, la música… Dejar mi casa siempre es un momento doloroso. Estoy apegada a ella por medio de una banda elástica muy larga que me devuelve a ella de forma automática. El hecho de vivir en un rincón apartado agudiza mis sensaciones. Cuando voy a París, Nueva York, Berlín o Tokio, estoy siempre muy despierta, todos mis sentidos están alerta para poder disfrutar de todo.

¿Separa usted su vida de artista de su vida familiar?
Cuando comencé mi carrera, tenía la sensación de que mi vida estaba cortada en dos, pero ahora ya no. Mi vida es una sola pieza musical. Tengo la fortuna de trabajar con mis amigos, los cuales vienen a visitarme. Luego viajamos juntos y trabajamos mientras viajamos y nos divertimos mientras filmamos, y entonces regresamos a mi casa todos juntos y hablamos del siguiente proyecto. Se trata de un solo gesto. Un diálogo constante entre la vida y el arte. Y estoy muy contenta con eso.

Dos palabras sobre...

DAVID BOWIE...
“Cuando tenía 13 años, me compré el disco Aladdin Sane y ni siquiera tenía tocadiscos. Fue la imagen de la carátula lo que me atrajo, porque me pareció que era alguien del mismo planeta que yo. Pero no trabajamos juntos hasta hace poco, para el vídeo de The Stars (Are Out Tonight). Era un hombre feliz, profundo, que había aceptado ese giro de su existencia. Me siento orgullosa de haber sido su amiga, porque él fue uno de los más bellos encuentros que habré tenido en mi vida”. 
…Y LA MODA
“Mi relación con la moda se sostiene exclusivamente a través del vínculo muy lúdico que tengo con algunos diseñadores. En la moda están implicadas personas muy inteligentes y es un elemento crucial de la sociedad, de ahí que me interese. Pero aparte de eso, no sé nada acerca de la moda y me trae un poco sin cuidado”.
David Bowie y Tilda Swinton, admiradores y amigos, con relucientes trajes para el vídeo-clip The Stars (Are Out Tonight), editado por el cantante en 2013 (Fotografía: Jean-Baptiste Mondino).
David Bowie y Tilda Swinton, admiradores y amigos, con relucientes trajes para el vídeo-clip The Stars (Are Out Tonight), editado por el cantante en 2013 (Fotografía: Jean-Baptiste Mondino).

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