Villa San Michele: un insólito hotel medieval sobre Florencia

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La ubicación de Villa San Michele, en las laderas de una colina a unos ocho kilómetros de Florencia, permite unas vistas privilegiadas sobre la ciudad del Renacimiento.

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La compañía Orient-Express, ahora Belmond, compró en 1982 Villa San Michele y sus bosques colindantes.

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El hotel ocupa un antiguo convento construido en el siglo XV por una comunidad de franciscanos en la localidad de Fiesole.

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Todas las habitaciones del hotel exhiben una cuidada decoración con muebles de época restaurados.

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El hotel cuenta con 45 habitaciones y suites, repartidas en las dependencias del antiguo monasterio y en los jardines que lo rodean. 

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El hotel está volcado hacia el exterior en forma de terrazas y galerías.

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El personal que atiende discreta y elegantemente al visitante se encarga de que cada rincón del hotel esté cuidado al detalle.

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Una de las ventajas de Villa San Michele es la posibilidad de aislarse casi totalmente del mundanal ruido alojándose en la suite 'Limonaia', en realidad una villa aislada y relativamente alejada del cuerpo central del hotel, y en la extraordinaria 'Capella Di San Giacomo', construida en 1605

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Es posible disfrutar de las manifestaciones artísticas que se programan en los jardines, pero también muchas otras novedades que confirman la vitalidad del hotel y su compañía propietaria, como la instalación de un bar, las clases de cocina tradicional de la zona o las excursiones y visitas privadas a los principales monumentos de la ciudad, entre muchas otras.

La ciudad de Florencia es un destino universal, una joya del Renacimiento milagrosamente preservada y visitada cada año por 13 millones de turistas de todo el mundo que convierten sus calles e instituciones culturales en una aglomeración festiva y constante que recorre febril las calles que conducen a los milagros que luminarias como Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Botticelli, Fra Angelico. Rafael, Tiziano o Giotto dejaron diseminados en la capital inmortal.

El Duomo, las iglesias de Santa Croce y Santa Maria Novella y los Palazzo Vecchio y Pitti Palace son solo algunas de las visitas obligadas en una ciudad cuyo centro histórico ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad. Pero Florencia no es un museo, es una ciudad viva y pujante en la que restaurantes, comercios, mercados, tiendas de artesanía y del diseño más evolucionado se distribuyen por el tejido urbano favoreciendo los recorridos por hermosas calles de piedra venerable.

[Lea aquí: Conventos, palacios, masías y fábricas convertidos en hoteles y restaurantes]

En Fiesole, en el siglo XV, una comunidad de franciscanos construyó también un convento cuya fachada se atribuye a Miguel Ángel, y que cuenta con un fresco de 'La última cena' de Ferrucci en el refectorio, y con una maravillosa galería construida en el siglo XVI, desde la que puede contemplarse una vista panorámica de la ciudad, puntuada por inumerables torres, cúpulas y campanarios. Por lo que respecta a las dependencias interiores, fue preciso restaurar el fresco de Ferrucci en el refectorio, dañado por siglos de humo, vapor y la propia respiración humana. Asimismo, en 2000 se restauró por completo el geométrico techo de madera que cubre la entrada principal, devolviéndole su extraordinaria sencillez original.

Hoy, el Hotel Villa San Michele cuenta con 45 habitaciones y suites, repartidas en las dependencias del antiguo monasterio y en los jardines circundantes, y desde muchas de ellas puede admirarse la maravillosa vista de Florencia que la altura del hotel favorece. Todas las habitaciones del hotel están decoradas con exquisito esmero, y amuebladas con piezas de época restauradas, incluyendo armarios, sillas y baúles.

Además, las suites situadas en las terrazas del jardín cuentan con parcelas privadas cercadas por setos de laurel, donde desayunar o tomar una copa al atardecer se convierte en un placer inolvidable. De entre todas ellas destaca la suite Miguel Ángel, que ocupa todo el ancho de la fachada, y que en su origen era la biblioteca del convento. Fue precisamente este espacio en el que Napoleón instaló su cuartel general en Italia. Otra de las suites destacadas es la nombrada Donatello, que ocupa una esquina del edificio desde la que pueden contemplarse tanto los jardines como la vista general de la ciudad, y que en su momento fue la habitación del prior del convento.

Pero, además, una de las ventajas de Villa San Michele es la posibilidad de aislarse casi totalmente del mundanal ruido alojándose en la suite Limonaia, en realidad una villa aislada y relativamente alejada del cuerpo central del hotel, y en la extraordinaria Capella Di San Giacomo, construida en 1605 con exquisitos frescos restaurados que se abre al público ahora por primera vez, tras su adaptación cuidadosa, en lo que era uno de los objetivos más queridos por la dirección del hotel y de la propia compañía propietaria.

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