Islas en alquiler: las mejores vacaciones privadas

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Isla de Dark. Castillo de Singer
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Isla de Dark. Castillo de Singer

Bahía del río St. Lawrence (nueva york, EE UU). Junto a la frontera con Canadá, esta isla posee uno de los pocos castillos históricos en los Estados Unidos, réplica de un palacio rural de la Inglaterra decimonónica. Tapices, camas imperiales y muebles con solera son la constante en este suntuoso lugar.
Unos 650 dólares por persona y día.

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Isla de Dark. Castillo de Singer Aquí se disfruta del sabor de las magníficas vistas, las opíparas cenas en los salones o de una buena lectura en la biblioteca al pie de una chimenea. Y, por supuesto, de la excentricidad de habitar un particular reino sobre el mar. La isla se alquila entera para celebraciones personales, familiares o reuniones de negocio. 
Soneva Gili Resort
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Soneva Gili ResortIsla lankanfushi (Maldivas). Como acostumbran a decir en el ‘resort’, imaginemos la gran suerte del moderno aventurero al verse en una isla privada atendido por todo un conjunto de ‘Viernes’ como asistentes personales. A modo de palafito, la isla flota sobre el coral en aguas cristalinas y reúne 44 suites y villas en las que el denominador común es la elegancia. Entre los servicios del Soneva Gili destacan la excelsa gastronomía de sus restaurantes y su selecto Spa, a la medida del más sibarita de los visitantes.
2.500 dólares por persona y día.
Frégate
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Frégate Seychelles (Océano Índico). Este paraíso privado de tres kilometros cuadrados, en activo como ‘resort’ desde 1998, posee espectaculares playas de arena fina y plantaciones de frutales en plena selva tropical. Sus primeros visitantes fueron piratas que buscaron el refugio temporal en la isla como base para sus incursiones. Hoy son selectos Robinsones ‘gourmet’ que acceden en helicóptero y practican submarinismo.
1.900 euros por día (dos personas).
Frégate
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Frégate Cada una de sus 16 villas tiene un área de 186 metros donde la madera tallada a mano, las sedas tailandesas y el algodón egipcio crean una atmósfera de intimidad que se funde a la perfección con su entorno. La exquisita gastronomía y una selecta bodega permiten elevar el goce del huésped hasta el límite de sus antojos. Y es que en esta isla, la máxima es garantizar el más sublime aislamiento. Ni que decir tiene que las vistas son una auténtica maravilla. 
Mnemba Zanzíbar (océano índico)
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Mnemba Zanzíbar (océano índico) Esta exclusiva isla de apenas 4,5 km2 se sitúa en el extremo nororiental de Zanzíbar, en el Océano Índico africano. Rodeada por un atolón de coral, Mnemba posee algunos de los lugares más maravillosos de África para la práctica del buceo y es área marina protegida. 
1.300 euros por persona y día
Mnemba Zanzíbar (océano índico)
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Mnemba Zanzíbar (océano índico) En Mnemba las comidas son servidas en mesas junto a la playa y consisten en pescado fresco, ‘risotto’ y frutas locales, todo ello regado con grandes vinos sudafricanos.
Mnemba Zanzíbar (océano índico)
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Mnemba Zanzíbar (océano índico) La isla admite hasta un total de 20 huéspedes, que se alojan en sensuales ‘bungalows’ de fibras vegetales, parcos en lujos, o en cabañas de palma, llamadas ‘bandas’. Una frugal aventura donde la fuerza del medio emerge como el más absoluto placer. Y no es para menos: las actividades para los huéspedes, además del disfrute de las espectaculares playas que circundan la isla, consisten en una suerte de eco-turismo tropical: encuentros con las tres especies de delfines que nadan en sus aguas; observación del hábitat de la tortuga verde; la admiración de la flora y de las especies de aves exóticas que allí habitan... la contemplación de tanta maravilla casi nos hace alcanzar el éxtasis. 
Wakaya Club Resort
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Wakaya Club Resort Fiji (Océano Índico). Muchos cambios han acontecido en esta isla desde que la habitaban sus originales pobladores. Esta tierra de caníbales es ahora un pequeño paraíso de 9 km2 para el máximo confort de sus huéspedes. Wakaya es el empeño personal de su dueño, David Gilmour, quien recibe personalmente al cliente con todo lujo de detalles, desde el transporte aéreo o en limusina hasta los chefs personales, suntuosas playas o el minigolf. 
1.800 euros por persona y día.
Wakaya Club Resort
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Wakaya Club Resort Las habitaciones están en bungalows de bambú primorosamente equipados para trufar de lujo la serenidad del lugar, donde destaca su carta de vinos neozelandeses. La isla entera se puede alquilar por 220.000 dólares a la semana.
Cayo Espanto Belice (Mar Caribe)
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Cayo Espanto Belice (Mar Caribe)Otra joya en el Caribe para familias y parejas. A dos horas de Miami, Cayo espanto es una isla privada de 4500 km2 dividida en cuatro villas con zona privada que incluye un muelle, una pequeña piscina, bungalow y jacuzzi. Los selectos servicios de restauración pueden ser servidos en cada una de las zonas. En estas latitudes, el gran protagonista es un espléndido Caribe color esmeralda, que invita al relax saboreando en sus orillas un cocktail tropical preparado por el servicio personalizado. 
1.395 dólares por persona y día.
Cayo Espanto Belice (Mar Caribe)
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Cayo Espanto Belice (Mar Caribe)Por si hubiere lugar a mayor aventura, las actividades acuáticas como el buceo y la pesca submarina abrirán el apetito del huésped, a quien le espera una cocina epicúrea a base de ‘delicatessen’ tropicales. Además de las tarifas por villa, el alquiler de la isla entera es posible a partir de 9.000 dólares por noche.
Isla del Barón
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Isla del Barón Cartagena, España. Frente a Cartagena, la isla del Barón es una propiedad de 800 m2 presidida por un castillo medieval y una torre circular diseñada por Frank Lloyd Wright. Circundando el castillo se abren pequeños arenales que gozan de la protección natural de la Manga del Mar Menor. La torre posee capacidad para diez personas, pero no cuenta con servicios fijos de restauración: el ‘catering’ debe ser suministrado por el cliente que acuda a la isla, que está envuelta de mitos: la leyenda cuenta que al atardecer puede verse la sombra de una antigua dama, una princesa rusa asesinada por el Barón de Benifaió ante la imposibilidad de conquistar su amor...
1.200 euros por persona y semana.
Taprobane Sri Lanka (Océano Índico)
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Taprobane Sri Lanka (Océano Índico) Esta pequeña isla de Taprobane, en la bahía de Weligama, Sri Lanka, ha pertenecido al escritor americano Paul Bowles antes de convertirse en un paraíso de alquiler. La tranquilidad que inspiró al literato se ofrece ahora a los nuevos robinsones con cinco completas ‘suites’ y variadas actividades al aire libre, al abrigo del moderado clima local entre mayo y noviembre. Un paraíso de exotismo donde la presencia de los elefantes será tan habitual como el servicio privado que atiende todas las necesidades de sus temporales habitantes. El alquiler de la isla completa cuesta 4.300 euros al día.
Taprobane Sri Lanka (Océano Índico)
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Taprobane Sri Lanka (Océano Índico) Esta pequeña isla de Taprobane, en la bahía de Weligama, Sri Lanka, ha pertenecido al escritor americano Paul Bowles antes de convertirse en un paraíso de alquiler. La tranquilidad que inspiró al literato se ofrece ahora a los nuevos robinsones con cinco completas ‘suites’ y variadas actividades al aire libre, al abrigo del moderado clima local entre mayo y noviembre. Un paraíso de exotismo donde la presencia de los elefantes será tan habitual como el servicio privado que atiende todas las necesidades de sus temporales habitantes. El alquiler de la isla completa cuesta 4.300 euros al día.
Ballinakill. Waterford Castle
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Ballinakill. Waterford Castle Irlanda (Mar Céltico). La hospitalidad irlandesa se abre de lleno en esta isla de 1,2 km2 sobre el río Waterford. Su antiguo castillo del siglo XV conserva la solera de sus propietarios tradicionales, la familia Fitzgerald, integrantes del patriciado irlandés de la Edad Moderna. La isla acoge a contados huéspedes en las cinco suites y 14 habitaciones del castillo, al que circunda un completo campo de golf de 18 hoyos, la actividad principal después del tenis y el croquet. En esta particular isla, la vida transcurre entre camas con dosel, pinturas decimonónicas, copiosa comida celta y la ineludible cita del té a media tarde. Puede alquilarse entera por 15.000 dólares al día.
465 euros por día (dos personas).
Wadigi Seychelles (Océano Índico)
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Wadigi Seychelles (Océano Índico)Discretamente oculta en las islas de Mamanuca, apenas a diez minutos de helicóptero del aeropuerto internacional de Nadi, la isla de Wadigi combina la comodidad con el lujo, la alta gastronomía, las playas azules y el más espléndido aislamiento. Tres habitaciones de lujo al borde del acantilado ofrecen igualables vistas del océano. Y es que sus dueños, Jim y Tracey Johnston, hacen del deseo del huésped la más normal de las reglas. Entre el personal de la isla figuran dos renombrados chefs y el capitán de una embarcación privada, que quedarán a la entera disposición del huésped desde que acceda al lugar. A la orilla de sus arenales, el mar se transforma en una piscina infita. EL relax es la actividad fundamental de todo aquel que la habita.
2.100 euros por día (dos personas).
Un lujo accesible
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Un lujo accesible El imaginario colectivo guarda la idea de la isla privada como un mito inalcanzable. Hasta hace poco, acceder a una isla en calidad de único habitante era un lujo impensable sólo accesible al bolsillo y al antojo de unos pocos millonarios. Así, los Beatles se hicieron con la suya en un mar de Grecia, Marlon Brando en Polinesia, Johnny Depp en Nassau, Mel Gibson en las Fiji, Richard Branson en el Caribe... Pero hoy en día, alquilar uno de estos paraísos por unas semanas se equipara al precio de un apartamento en el centro de cualquier capital europea. De hecho, son muchas las islas privadas de 10.000 m2 con una bella casa que se venden por unos 200.000 euros. Y alquilar temporalmente un paraíso completo, con todos los servicios, ronda los tres mil euros a la semana. Existen en todo el mundo distintas agencias (las principales son Vladi –que en 30 años ha vendido 2.000 propiedades e islas–, SLH o Private Island Online) que proponen diversas fórmulas de localización en base a varios parámetros (agua, electricidad, bahía protegida, clima benigno y la capacidad de acogida). El denominador común de todas estas ofertas es la exclusividad.

Vivir como un Robinson en un pequeño reino privado es un sueño muy extendido. Habitar una isla privada proporciona una intensa sensación de endiosamiento, de posesión del cielo: se es dueño y señor de cuanto se ve, y nada se hace ni se mueve sin permiso del moderno Robinson, que ahora se viste a medida, cambia su dieta de cocos por nouvelle cuisine y, en vez de a nado, llega en helicóptero.

Entre hectáreas de vegetación y playas blancas, inmersos en una soledad que protege de cualquier rumor, el ruido del tráfico o las reuniones, la isla privada, más que un sueño, es una irresistible fantasía: un lugar de la mente donde se hace trabajar a la imaginación.

Pero vivir en una isla no es una quimera. Es una selecta posibilidad para reinventar el mundo cada mañana. La insularidad nos hace evadirnos de nosotros mismos, y se transforma en algo tangible y maravilloso. De mortales actores de lo efímero pasamos a ser reyes de un imperio cuyos lindes de arena encierran el paraíso.

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