Steinway & Sons, los mejores pianos del mundo

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La mejor madera
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La mejor madera

Para hacer realidad un Steinway, el Rolls-Royce de los pianos, sus creadores parten de la madera de la mejor calidad, que se deja reposar como mínimo a lo largo de dos años. Los cimientos han de ser por tanto de lo más sólidos.

Dos manufacturas
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Dos manufacturas

La compañía fundada en 1853 en Nueva York cuenta con dos manufacturas, una en la ciudad americana y otra en Hamburgo (Alemania), donde el proceso artesanal es escrupulosamente respetado de principio a fin. 

Los orígenes
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Los orígenes

La historia de Steinway & Sons se inicia en Alemania a finales del XVIII, con un hombre llamado Heinrich Engelhard Steinweg (1797-1871), que siempre tuvo claro que su objetivo no era dedicarse a construir pianos, sino a crear los mejores, no solo en formas, sino también en sonido.

Un año de trabajo
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Un año de trabajo

Para crear un Steinway & Sons, se necesita un año, un conjunto de 12.000 piezas, madera que ha de reposar como mínimo a lo largo de 24 meses, toneladas de paciencia y, sin duda, grandes profesionales. Realizados enteramente a mano –de ahí que muchas veces se comparen con los automóviles Rolls-Royce–, el precio de cada una de estas piezas se sitúa entre los 36.900 y los 166.500 €, dependiendo de las características del modelo.

A la altura de los tiempos
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A la altura de los tiempos

Steinway & Sons, que hasta ahora crea los mejores de cola del mundo, no cesa de adaptarse a los tiempos y de incluir las últimas tecnologías, así como algo tan revolucionario como Spirio, el más innovador sistema de reproducción sonora en alta resolución, entre lo acústico y lo digital, fruto de la colaboración

con el ingeniero Wayne Stahnke

Un sonido incomparable
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Un sonido incomparable

Aparte de su diseño y prestaciones, lo que distingue a los pianos Steinway es su sonido, de la mayor calidad. Curiosamente, los pianos hechos en los Estados Unidos tienen matices diferentes en su sonido si los comparamos con los europeos, aunque siempre extraordinarios.

Sueños musicales
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Sueños musicales

Como se ha indicado con acierto, en Steinway & Sons “no solo se vendían pianos, sino también sueños”. El fundador de la dinastía, aparte de infatigable trabajador, persistió en su objetivo, convencido de que el éxito estaba cada día más cerca.

Armazón de hierro fundido
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Armazón de hierro fundido

Steinway & Sons fueron los primeros en crear un piano de cola con un armazón de hierro fundido de una pieza, ultra resistente.

Magia y personalidad
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Magia y personalidad

En la planta de Nueva York, se crean los encargos del continente americano, mientras que en la alemana, los del resto del mundo. Aunque parezca mentira, el sonido de los aparatos de uno y otro lado del Atlántico no es el mismo, algo que les aporta una cierta magia y personalidad.

Una leyenda muy viva
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Una leyenda muy viva

Si bien muchas veces se dijo que el clásico piano tenía los días contados, lo cierto es que continúa muy vivo. Porque, como ha señalado Miles Chapin, descendiente de la familia, “nada puede sustituir el sonido de un piano bien tocado”.

EN LA OSCARIZADA PELÍCULA 'GREEN BOOK', ambientada en los años 60 del siglo pasado, el músico Don Shirley, interpretado por el actor Mahershala Ali, pide que en su gira el piano utilizado sea un Steinway; al parecer, el 90 por ciento de los pianistas profesionales comparten su opinión. Una década después de la época en la que se desarrolla el film, John Lennon se valía de su piano, de la misma firma, para componer el exitoso 'Imagine' (1971), un instrumento que a principios del siglo XXI sería vendido en una subasta por más de 2.400.000 euros. El Z417139, esa era la referencia del piano, pertenecería después a otras estrellas, entre ellas George Michael, aunque luego se le perdió la pista y hoy se desconoce su paradero.

Otro grande de la música, el chino Lang Lang, se vale de un Steinway en sus conciertos y hasta tiene un modelo inspirado en él que le acaba de diseñar Dakota Jackson, y que fue presentado en la Filarmónica de París el pasado mes de abril. El virtuoso pianista compara a los artesanos que los crean con los maestros relojeros suizos, por su inusitada minuciosidad, una precisión que “se traslada al sonido”, según sus propias palabras.

La historia de Steinway & Sons se inicia en Alemania a finales del XVIII, con un hombre llamado Heinrich Engelhard Steinweg (1797-1871). Con 15 años, en la bélica Europa, se queda prácticamente solo, al fallecer su padre y hermanos en un gran incendio. Su madre había muerto también años antes. Decide entonces alistarse en el Ejército y lucha contra los franceses en la batalla de Waterloo, donde Napoleón pierde y es condenado al destierro. El joven Heinrich había sido el encargado de hacer sonar la corneta antes del inicio de la mencionada batalla, por lo que será condecorado. Finalizada la contienda, entra a trabajar como aprendiz en los talleres de un organista de las montañas de Harz, al norte de su país, donde comienza a familiarizarse con el sector y hasta osa aportar su toque, con el cambio de ciertos tubos. Dos décadas más tarde, se dedica a hacer armarios de madera y se lanza a crear pianofortes, empujado por sus conocimientos de música.

Hombre visionario, obsesionado en idear algo único, diferente y de una excelente tonalidad, Heinrich Steinweg contagia la pasión a sus hijos hasta el punto de que los integra en el taller, creando un equipo. El más pequeño de ellos tiene tan solo cinco años. Entonces, la producción es de unos diez pianos al año. Cuando las revueltas de 1848 siembran el caos y desatan la incertidumbre sobre el futuro en Europa, Karl, uno de los hijos de Heinrich, decide un año después emigrar a la floreciente y ya para entonces dinámica Nueva York.

En 1853 lanzan la empresa en el nuevo continente, con un capital de 6.000 dólares que les sirven, además, para alquilar un espacio; y deciden cambiar su nombre, americanizándolo de algún modo. De Steinweg pasarán a Steinway & Sons, donde la palabra hijos, en masculino plural, se respeta a rajatabla hasta el punto de que las mujeres de la familia tienen prohibido trabajar en ella. Su primer piano made in USA lo venderán por 500 dólares de la época.

Como se ha indicado con acierto, “no solo vendían pianos, sino también sueños”. El fundador de la dinastía, aparte de infatigable trabajador, persistió en su objetivo, convencido de que el éxito estaba cada día más cerca. Pero si en el terreno profesional las buenas noticias eran la nota dominante, no ocurría lo mismo en el personal: la desgracia marca al patriarca. Si ya con 15 años se encontró solo ante el porvenir, ya en su madurez pierde a dos de sus hijos en el intervalo de pocas semanas, víctimas de enfermedades, algo muy frecuente en el XIX. Un golpe muy duro. Los que le quedan, Theodor y William, toman las riendas de la empresa. El primero se dedicará a desarrollar las ideas, mientras que el segundo al terreno de las ventas, desplegando un nuevo marketing.

En 1880 ve la luz otra factoría, en Hamburgo, que estará dirigida por Theodor. En la planta de Nueva York, se crean los encargos del continente americano, mientras que en la alemana, los del resto del mundo. Aunque parezca mentira, el sonido de los aparatos de uno y otro lado del Atlántico no es el mismo, algo que les aporta una cierta magia y personalidad.

En Queens levantan la Steinway Village, una miniciudad obrera en la que, además de hacer realidad cada uno de los pianos, residen los empleados en un entorno que incluye gimnasios, biblioteca y hasta una piscina y una oficina de correos. Durante la Segunda Guerra Mundial, la empresa tiene prohibido utilizar materiales como la madera y el metal en la creación de pianos: los Estados Unidos necesitan esos componentes, sobre todo el segundo, para crear armas. Una circunstancia puntual que no les afecta en su reputación y que les permite retomar su especialidad tras la contienda. La compañía será propiedad de sus descendientes hasta 1972. Desde entonces, tendrá varios dueños ajenos a la familia, a los que guiará igualmente la búsqueda de la excelencia.

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