El jardín mágico de Piero Fornasetti en el centro de Milán

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MESA
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MESA

Una de las mesas de hierro que forman parte del mobiliario del jardín.

HIERRO
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HIERRO

Al lado de las hortensias, muebles de hierro diseñados por Piero Fornasetti.

FRONDOSIDAD
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FRONDOSIDAD

Imagen del frondoso jardín, en el que se alternan árboles y arbustos con flores.

ENTRADA
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ENTRADA

Detalle de la entrada de la casa, con macetas en los peldaños y una bicicleta con soporte en la pared.

COCINA
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COCINA

Vistas del jardín desde la cocina; la mesa es de Barnaba Fornasetti; la bandeja,  de su padre, Piero. 

HIJO
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HIJO

Barnaba Fornasetti con su Rover de 1959, llamado Olivia.

MACETA
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MACETA

Vista del jardín con una maceta, en primer plano, obra de Fornasetti.

QUIETUD
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QUIETUD

La vieja mecedora, debajo del albaricoquero. 

OBRA
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OBRA

Detalles del jardín, con mobiliario del propio Piero Fornasetti.  

MUEBLES
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MUEBLES

Al lado de las hortensias, muebles de hierro diseñados por Piero Fornasetti.

 

Pintor, escultor, decorador de interiores, el italiano Piero Fornasetti (1913-1988) es, sin duda, uno de los talentos artísticos más originales del siglo XX. La que fuera su casa familiar, en Milán, hoy habitada por su hijo Barnaba –también artista–, es un asombroso testimonio de su creatividad artística: un laberinto de habitaciones, pasillos, muebles originales, dibujos y objetos. Y el jardín es un diminuto mundo antiguo, resguardado y fresco, repleto de flores, frutos y árboles frondosos entre los cuales se asoma un perro de cerámica, maravillosas macetas en forma de piñas y sinuosos muebles de hierro pintados de blanco y diseñados por Piero. En resumen: un jardín familiar que ha ido cambiando con el tiempo, según el gusto y las aportaciones de cada generación: “Fueron mis abuelos quienes lo crearon cuando construyeron la casa. Al principio era una huerta-frutal, hasta que en los años 50 mi padre lo transformó completamente dejando, eso sí, los árboles frutales que pudo”, cuenta Barnaba, quien desde hace unos años se encarga de cuidar personalmente esta maravilla con los sabios consejos de Fabio, el jardinero.

“Mi padre diseñó un jardín muy ordenado y limpio, con parterre y pasillos marcados con grava y un gran sauce llorón en el medio, rodeado de arena, donde solía jugar yo de niño”. De repente, Piero Fornasetti enfermó y murió y paulatinamente los familiares fueron añadiendo más plantas. Hoy hay un poco de todo: “Me gustaba la idea de tener flores durante todo el año, aunque la estación más exuberante es el verano, con las hortensias que se adueñan del espacio, las forsythias, el azafrán, las campanillas y los narcisos plantados por mi madre; y luego están los árboles frutales, las azaleas, las glicinas, los lirios, las peonías y tantas otras plantas… Ah, me olvido de las petunias y los geranios”.

Pero no todo es tan simple como parece. Fornasetti combate una batalla personal contra la sombra: “El sol no llega bien y en primavera y verano intento aprovecharlo todo lo que puedo. Hemos estado estudiando cómo podar los árboles de la entrada para que la luz del sol pueda pasar libremente”. En este jardín están terminantemente prohibidos los pesticidas químicos; aunque con los mirlos, por otro lado, se ha llegado a un acuerdo: “Cuando recojo la fruta les dejo un poco a ellos, así no atacan la que queda en los árboles. De todo modo, tengo mi gato siempre alerta”, bromea Barnaba.

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