'Slow Cities': un paseo por las ciudades más tranquilas del mundo

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En busca de la calma
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En busca de la calma

"Después de desayunar, cogí al perro y nos dimos un paseo por una zona de estepa europea con un tremendo olor a tomillo. Sin más, estiramos los dos las piernas y nos miramos sin decirnos absolutamente nada, lo cual es lógico, porque los perros no hablan. Sin embargo, los dos parecíamos percibir que estábamos felices y tranquilos”. Son palabras de Julián Relaño, un madrileño que hace más de tres décadas abandonó Madrid, junto a su pareja, para instalarse en Alcalá la Real, municipio jienense de 23.000 habitantes, donde ha montado su propio bar, Casablanca. En la imagen, vista aérea de Orvieto, Italia, otro ejemplo de 'ciudad lenta'.

El reposo
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El reposo

El movimiento 'cittaslow' nació en Italia en 1999, cuando varias poblaciones del país (Bra, Orvieto y Positano) vieron amenazados sus valores diferenciales por el huracán homogeneizador de la globalización.. En la imagen, una bicicleta reposa en la plaza adoquinada de la Basílica de la ciudad.

La tendencia se expande
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La tendencia se expande

En España existen seis ‘ciudades lentas’ oficiales: Begur y Pals (en Girona, 4.221 y 2.793 habitantes, respectivamente), Bigastro (en Alicante, 6.791 habitantes), Lekeitio y Mungia (en Vizcaya, 7.491 y 16.912 habitantes, respectivamente) y Rubielos de Mora (en Teruel, 755 habitantes). Otros municipios slow destacados (los hay repartidos por todo el planeta) son la majestuosa Orvieto (pueblo italiano de origen etrusco), la vinícola Deidesheim (Alemania), el pueblo medieval Labatisde-d’Armagnac (Francia), Berwick-upon-Tweed, con su hechicero puerto en la ciudad más norteña de Inglaterra (Northumberland) y la también vinícola –pero más verde que ninguna– ciudad de Mendrisio, en Suiza. En la foto, conjunto monumental-histórico de Pals, en Girona, que destaca por sus murallas y castillo.

Calidad de vida
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Calidad de vida

Vista de Berwick-upon-Tweed desde el río Tweed, que circula bajo el histórico puente de Northumberland, en Inglaterra. La distinción cittaslow de un municipio garantiza su excelencia en diversos aspectos, pero todos inciden en los mismos pilares: sostenibilidad y calidad de vida.

Turismo selecto
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Turismo selecto

Esta existencia pausada y comunitaria, que prima las relaciones personales sobre la producción laboral, se ha constituido como una contracultura planetaria. Los pueblos del 'cittaslow' no solo consiguen evitar con esto la marcha de su población juvenil, sino que también enarbolan la etiqueta como una herramienta muy útil para atraer a cierto tipo de turista. Imagen panorámica de la ciudad lenta Lekeitio, situada a orillas del golfo de Vizcaya.

Trabajo artesano
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Trabajo artesano

Una ciudad lenta verifica la nobleza del aire, del ciclo integral del agua y del suelo, promueve transportes alternativos al privado, como el funicular o la bicicleta, rehabilita las zonas ruinosas y apuesta por el teletrabajo. En ellas se encuentran mercados, huertos urbanos y numerosos espacios públicos pensados para la distensión ciudadana. En la imagen, un molinero con la maquinaria tradicional para triturar el cereal, en Berwick-upon-Tweed (Inglaterra). 

Las claves del manifiesto
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Las claves del manifiesto

La tecnología juega también un importante papel en la amalgama de elementos que definen una ciudad sosegada. La italiana Orvieto ha instalado un sistema electrónico de control de acceso que permite solo la entrada de automóviles de sus residentes. “Vivir en una ciudad lenta, y también administrarla, es una forma de ser, una manera de llevar a cabo la vida cotidiana, distinta de lo que hasta ahora es la mayoritaria, en un modo ralentizado, menos frenético, menos productivista y veloz; y, sin ninguna duda, más humano y ecológicamente correcto, más solidario con las presentes y futuras generaciones, más respetuoso con lo local en un mundo más global e intercomunicado”, sentencia el manifiesto de 'cittaslow'.

Vivir lento, comer lento
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Vivir lento, comer lento

El movimiento ecogastronómico Slow Food fue inspirador del 'cittaslow'. De hecho, comparten fundadores. Por lo que no sorprende que de las ciudades lentas se salga con el estómago ufano, alegre, satisfecho. En Begur, es especialidad el pescado de roca, mientras que Bigastro destaca por su repostería o por platos de otros tiempos, como el cocido con pelotas (de carne y piñones) o el arroz con conejo. El marmitako o los chipirones son manjares típicos de Lekeitio. La industria agroalimentaria de Rubielos de Mora hace latir su economía, con una producción notable de jamón y derivados del cerdo. De Pals, el arroz a la cazuela (aseguran que lo cocinan mejor que nadie en el mundo). En la imagen, reunión de amigos en uno de los bares de Bra, pionera del movimiento cittaslow, en la región italiana de Piamonte. Una curiosidad: en algunas ciudades lentas italianas está prohibido, por mandato local, la apertura de establecimientos de comida rápida.

 

En busca de nuevos miembros
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En busca de nuevos miembros

Imagen de un concierto al aire libre en Deidesheim, pueblo vinícola de Alemania. De todos los requisitos que propone la asociación para la inclusión de nuevos miembros, solo algunos son inapelables, como el fomento del reciclaje o el voluntariado social por parte del Ayuntamiento. La cuota de inscripción para los pueblos es de 600 euros, más un fijo anual que va de los 750 a los 3.500 euros, según su tamaño. La población de una ciudad lenta en ningún caso debe superar los 50.000 habitantes, cifra que la asociación considera límite para una vida ordenada y sustentable.

El movimiento 'cittaslow' nació en Italia en 1999, cuando varias poblaciones del país (Bra, Orvieto y Positano) vieron amenazados sus valores diferenciales por el huracán homogeneizador de la globalización. Actualmente, y según los propios estatutos del movimiento, una ciudad lenta es aquella que lleva a cabo una política medioambiental sostenible, valora el territorio frente a su ocupación, excluye el comercio de productos transgénicos y promueve la hospitalidad y el respeto a las tradiciones culturales. La asociación estudia ahora la posibilidad de crear una etiqueta similar para los distritos de las grandes ciudades. Hablaríamos, pues, de los barrios lentos. Metrópolis como Barcelona, Bruselas o Busan, en Corea del Sur, ya están en ello.

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