Thierry Mugler, el exceso como medida. La gran retrospectiva del diseñador

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Foto de David LaChapelle, 1998.

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Eva Herzigova, en una foto de Ellen von Unwerth, 1992.

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Retrato de Mugler por Dominique Issermann en 1995.

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Foto de Inez and Vinoodh, en 1994.

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Lady Gaga en el vídeo 'The Telephone'.

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Jerry Hall por Dominique Isserman en 1997.

Las aportaciones de Thierry Mugler a la historia de la moda se revalorizan con el tiempo, y diseñadores tan distintos como Dries Van Noten, Martin Margiela, John Galliano o Alexander McQueen han admirado desde diferentes aspectos su obra, llena de ángulos, prismas y destellos de genialidad.

A finales de los años 70, en pleno éxito de creadores como Kenzo, Sonia Rykiel, Issey Miyake o Yves Saint Lauret, una nueva oleada de diseñadores asomaba la cabeza anunciando el “regreso” –rama que procede de Dior– de una mujer sexy, parisina, coqueta, seductora y segura de ello, que no renuncia al humor y la elegancia. Son los inicios de la hiperfemininidad que marcará el arraque de los años 80 y sus 'superwomen'. Lo encabezan Mügler, Montana y Gaultier, que experimentan con materiales novedosos como el caucho, el látex, el metal, los tejidos elásticos ('stretch') y el vinilo.

Thierry Mugler sublimó esa imagen hasta el paroxismo, y sus sobrias y atemporales actrices 'hitchcockianas', vestidas, por ejemplo, con un traje sastre realizado en goma de neumático, fueron evolucionando hasta convertirse en mujeres pájaro o insecto envueltas en entornos sorprendentes.

Desde el principio cuidó al milímetro sus puestas en escena: necesitaba crear un clima para sus heroínas. Y para su primera 'boutique', en 1978, recurrió a la gran Andrée Putman, la reina de París a la hora de imaginar escenarios fascinantes a gusto del cliente.

Thierry Mugler nunca se ha dejado atrapar en la figura de gran couturier, que lo fue, llegando a montar su casa de alta costura en 1992. Siempre le ha gustado narrar su vida en un tono épico: su paso por el ballet, que le abrió las puertas del teatro, donde descubrió los juegos de luces, la creación de trajes y la importancia de los escenarios.

El hombre que declaraba “mi medida es el exceso”, fue uno de los grandes creadores de la década de 1980, e hizo de la moda un arte visual: sus creaciones igualaron a sus desfiles de moda, concebidos como espectáculos completos, como escenificaciones teatrales con coreografías que se acercan más a los espectáculos de cabaret que a las presentaciones de ropa.

En 2002 se alejó de la moda e investigó en áreas que siempre había vinculado a su trabajo como diseñador: la fotografía, la creación de trajes de espectáculo, la escenografía. Y también interviene en las publicidades de sus perfumes. Por ejemplo, Angel, todavía uno de los más vendidos en Francia y con el que creó una nueva familia olfativa, la de los orientales amaderados.

El coqueteo constante con una imagen hipererótica que vestía a iconos como Ivana Trump, terminó resultando agotador. Y cuando el minimalismo de los años 90 entró en escena con Jil Sander, Calvin Klein, Helmut Lang o Prada, todo aquello resultó obsoleto, fuera de lugar.

Sin embargo, si revisamos el videoclip de 'Too Funky', de George Michael, dirigido por Mugler en 1992, redescubrimos un corsé-delantera de moto que recuerda los zapatos-coche de Prada en 2012. Y también las actuales revisiones de las que ha sido objeto su obra por creadores como Slimane para Saint Laurent, en cuya estela ha seguido Anthony Vaccarello, Ghesquière en Balenciaga, Dolce&Gabbana, Versace o Ricardo Tisci en Givenchy. 

Su mente efervescente, que se mueve entre el cabaret erótico y el sexy extravagante, ha rechazado siempre exposiciones retrospectivas de sus creaciones en prestigiosos museos, porque para él la performance es el único escenario capaz de envolver su obra.

Por eso la exposición inaugurada –hasta septiembre– en el Museo de Bellas Artes de Montreal, 'Thierry Mügler Couturissime', ofrece experiencias sorprendentes. El libro-catálogo, editado por Phaidon, incluye material de fotógrafos de la talla de Helmut Newton, Guy Bourdin o LaChapelle. Una ocasión única para revisitar el legado de uno de los grandes, cuya obra está también presente en la exposición 'Camp: Notes on Fashion', en el MET de Nueva York.

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