Los palacios y casas señoriales que aún quedan en España

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Salón Amarillo del Palacio del Marqués de Lozoya, en Segovia, con un retrato del XV conde de Cedillo como caballero de Santiago. Junto a él, retrato de Carlos de Morenés y de Tord.

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Escalera diseñada por el arquitecto inglés Lutyens y que sustituyó la anterior, de carácter imperial, en el Palacio de Liria de Madrid. A sus pies, escultura de la marquesa de Ariza, de José Álvarez Cubero.

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Sala de Portugal, que celebra la victoria de don Álvaro de Bazán en Lisboa, en 1580. Está situado en el Palacio del Marqués de Santa Cruz, en Viso del Marqués, Ciudad Real. Sobre la chimenea, retrato de don Álvaro de Bazán.

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Biblioteca moderna, del siglo XVII, en el Palacio de Medina Sidonia, en Sanlúcar de Barrameda, en la provincia de Cádiz.

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Escalera principal de acceso a la planta noble, vista desde la galería, del Palacio de San Feliz, en la plaza de Daoíz y Velarde, en Oviedo.

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Vista del estanque de arriba y de la capilla del Pazo de Oca, en A Estrada, Pontevedra. Este estanque simboliza el paraíso (barco de pesca), frente a la vanidad del de abajo (barco de guerra).

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Vista del patio interior de Casa de Pilatos, en Sevilla.

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Capilla del Palacio de Oca, en Pontevedra.

“Los grandes palacios fueron una de las manifestaciones más completas y representativas de las costumbres y las instituciones políticas y culturales del Antiguo Régimen. Y aunque perduraron aún durante el siglo XIX, la propia denominación que fue empleándose en este periodo final denotaba una inevitable contracción de su tamaño y de su representatividad, siendo progresivamente suplantados por palacetes, villas u hoteles, y entre sus impulsores, además de la antigua nobleza, también se contó con las nuevas élites dirigentes que, procedentes de la alta burguesía, adquirieron títulos nobiliarios en el momento de formación y consolidación del Estado Liberal”.

Las palabras del catedrático de Historia de la Arquitectura Ignacio González-Varas Ibáñez, firmante del volumen publicado por la Editorial Turner, ilustra adecuadamente sobre el objeto de un estudio necesario que recorre toda la geografía española para fijar un censo, de voluntad canónica, de los palacios y las casas señoriales que perduran en nuestro país.

Dividido por regiones, el índice del libro discurre de la región central (entre cuyos monumentos destacan el Palacio de Liria de Madrid, el del marqués de Lozoya, en Segovia, o el del Infantado, en Guadalajara), a la sureña, donde destacan con brillo especial la Casa de Pilatos y el Palacio de las Dueñas, en Sevilla, o el de Medina Sidonia, en Sanlúcar de Barrameda.

En el Este, por fin, sirven de ejemplo el palacio de los Duques de Villahermosa, en Pedrola, Zaragoza, o el de Vinader, en Murcia. Se trata, por tanto, de un estudio necesario, riguroso, con un amplio caudal de información y una inestimable documentación gráfica, que recoge imágenes de archivo y las enfrenta a otras realizadas en la actualidad, permitiendo así establecer el contrapunto entre lo conservado y lo desaparecido, entre lo transformado o solo cambiado de uso, desde el privadamente exclusivo al públicamente patrimonial. Una memoria viva de tiempos distintos con muy distintos protagonistas.

Las imágenes de este reportaje se han extraído del libro 'Palacios y casas señoriales de España', de Ignacio González-Varas Ibáñez, publicado por la editorial Turner.

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