Chicago: de 'eterna segundona' a escenario arquitectónico del siglo XXI

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Río Chicago. Vista aérea de Wrigley Building, Tribune Tower y Equitable Building, atravesados por el río que comparte nombre con la megalópolis de Illinois.

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Vista del Old Town de Chicago (casco antiguo), patrimonio cultural de Estados Unidos.

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Edificio de la Bolsa de Valores de Chicago, construido en 1930.

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El Millenium Park representa el corazón del cambio que perfila la silueta del Chicago del siglo XXI.

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Sus símbolos más reconocibles son la Cloud Gate (puerta de nube, popularmente conocida como ‘la judía’) de Anish Kapoor

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Interior del Jay Pritzker Pavillion

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En cuanto a rascacielos, Nueva York no puede hacerle sombra a Chicago. Aquí nació esta tipología arquitectónica. Tras el incendio que arrasó la ciudad en 1871, la especulación obligó a pensar en edificios que aprovecharan mejor el espacio creciendo hacia lo alto, lo que pudo ser debido al invento casi inmediato del ascensor motorizado y de las resistentes estructuras de acero contra incendios. En la imagen, Trump Tower de Chicago (complejo residencial y hotelero de lujo).

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A Chicago también se la conoce como ‘The Windy City’, aunque no está claro si es por el viento que cruza en invierno sus amplias avenidas congelando a los transeúntes –y que tanto se echa de menos en los húmedos y pesados días de verano–, o por otros motivos que también se aducen. En la imagen, exterior del Soho House Chicago.

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La exclusiva sala de cine del Soho House Chicago es uno de los lugares favoritos de los miembros del club.

“Es inútil que un visitante ocasional trate de estar al día con lo que pasa en Chicago; le arrollará en sus expectativas. Constituye una novedad en sí misma. Nunca es la Chicago que viste la última vez”, escribía Mark Twain en su libro 'Vida en el Misisipi', de 1883. Seguro que hoy firmaría estas mismas líneas.

Sin duda, la ciudad mantiene el tono. La antigua capital de la carne enlatada y de la venta por correspondencia, de tanta tradición en Estados Unidos –su excelente línea ferroviaria impulsó la creación de gigantes del comercio minorista como Sears y Wards–, acoge hoy las oficinas centrales de empresas agroalimentarias como Kraft Foods y McDonald’s; de multinacionales del sector de servicios médicos como Baxter International; y de la todopoderosa Boeing, trasladada en 2001 desde Seattle.

También es la sede del Chicago Board of Trade, la mayor bolsa de derivados del mundo. Conocido por sus siglas, el CBOT se fundó en 1848 como centro de compra y venta de los abundantes cereales que crecen en las praderas de Illinois. 

Detrás de la fachada art déco del que fue hasta 1965 el rascacielos más alto de Chicago, los traders enfundados en chalecos de colores brillantes gritan y gesticulan con las manos en su afán por comprar y vender futuros. Tiras de papel cubren el suelo, mientras los tableros electrónicos se actualizan cada segundo, en un ritmo desenfrenado 22 horas al día gracias al milagro de la transferencia de datos instantánea, de forma que es posible acceder a productos de 160 países distintos. 

UNIVERSIDAD DE NÓBELES
De la Universidad de Chicago también han surgido mentes destacadas. Por esta facultad privada, que no presume ni de equipo de baloncesto ni de fútbol americano, pues casi carece de actividad deportiva, han pasado nada menos que 87 premios Nóbel. Un sueño inalcanzable para Harvard o Columbia.

En uno de sus laboratorios, el físico nuclear italiano Enrico Fermi logró, en 1942, la primera reacción en cadena controlada de fisión nuclear. Después de la Segunda Guerra Mundial, Milton Friedman refutaría desde sus aulas a Keynes y defendería las bondades de la economía liberal, seguido de tantos otros compañeros de la llamada Escuela de Chicago. Y, durante 12 años, Barack Obama sería profesor de Derecho Constitucional, fijando su residencia en el campus de Hyde Park. La Escuela de Negocios es, por su parte, la segunda más antigua de Estados Unidos.

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