Visitamos el Deutsches Literaturarchiv, el templo de la literatura alemana

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Origen social
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Origen social

Los comienzos del Archivo se remontan a finales del siglo XIX, cuando los habitantes de Marbach (ciudad natal de Schiller), hartos de que sólo sacara provecho del famoso poeta la lejana ciudad de Weimar, fundaron la Asociación de Schiller de Suabia, el Museo Friedrich Schiller de Marbach y, finalmente, la Asociación Suaba de Amigos de Schiller. Se expusieron los objetos de devoción de Schiller y todo lo que se pudo recibir de las viudas de eminencias de la región: objetos relacionados con la literatura de Suabia. Un tal Hermann Hesse, de Gaienhofen am Bodensee, llevó personalmente sus antiguos poemas.

Un edificio lleno de archivos
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Un edificio lleno de archivos

El Archivo de literatura alemana de Marbach, inaugurado a mediados de los años 50, ocupa desde 1972 un edificio propio que se amplió en los años 1979-80 y 1990-94.

El silencio de las palabras
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El silencio de las palabras

Después de la Segunda Guerra Mundial llegaron los literatos de fuera de Marbach en avalancha, pues el Archivo de Goethe, en Weimar, estaba perdido para la cultura del Oeste de Alemania, ya que Berlín era una ciudad tabú para muchos autores en el exilio. Así, en 1955 se fundó, en este discreto y apartado lugar a orillas del río Neckar, el Archivo Alemán de Literatura (DLA), con el encargo de coleccionar los testimonios de la literatura alemana desde la Ilustración.

Exquisitas colecciones
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Exquisitas colecciones

La extraordinaria colección de legados literarios del Archivo de Marbach se completa con retratos de autores, bustos, máscaras funerarias y “pruebas de vida”, tales como: una radiografía de Jasper, un diente de leche de Mörike, el casco de acero de Jünger, la declaración de impuestos de Kästner, fotografías de las vacaciones de Hesse, o un menú del auditorio municipal de Hannover, en cuyo reverso Gottfried Benn escribió un poema. En la imagen, uno de los muchos libros de registro de autores y obras del Archivo de literatura alemana de Marbach.

La segunda cara de Marbach
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La segunda cara de Marbach

Estas reliquias son, por lo demás, la base de la segunda cara de Marbach, que, aparte de su función de archivo, destaca también por exponer lo coleccionado, ya sea en el Museo Friedrich Schiller de la ciudad, o en la vanguardista edificación del Museo de la Literatura Moderna (LiMo). Ulrich Raulff, director del Deutsches Literaturarchiv, lo llama “crear un poco de espectáculo. De hecho, aquí no vienen solo los mañosos expertos en Alfred Döblin o Paul Celan: también llegan muchos autocares de visitantes” que vienen a ver, por ejemplo, la pistola del filósofo Ludwig Klages, cómo los diferentes escritores rotulaban sus cajas, cómo un escrito de Schiller, cortado por cazadores de souvenirs, es reconstruido por alguno de los conservadores del Archivo, o cómo los autores ordenan sus pensamientos.

¡Silencio, se lee!
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¡Silencio, se lee!

Donde sí reina un silencio casi religioso es en la cámara central del Archivo, frecuentada principalmente por historiadores y germanistas, donde pueden encontrarse personajes singulares, tales como un monje dominico francés inclinado sobre una postal de rascacielos de Dallas. En la imagen, la conservadora Rosemarie Kutschis ordena los materiales de la poeta Hilde Domin.

El futuro de la memoria
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El futuro de la memoria

En cuanto al futuro, Marbach se esfuerza por lograr acuerdos con autores destacados, como Martin Walser o Günter Grass, quien sin embargo ha otorgado sus hojas a la Academia de las Artes de Berlín, el segundo archivo literario más grande de Alemania. Entre ambas instituciones financiadas con impuestos existe una prohibición: si una de ellas negocia primero con un poeta, la otra no puede pujar más que la primera. En la imagen, el vestidito con el que fue bautizado el escritor Thomas Mann en 1875.

Batalla por el legado
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Batalla por el legado

Tras la muerte de la antigua administradora, en 2007, comenzó de nuevo la batalla por el legado. Los herederos estaban dispuestos a vender los papeles a Marbach, pero la Biblioteca Nacional de Jerusalén reivindicaba el legado del poeta emigrado como una parte inalienable del patrimonio cultural de Israel. Al Archivo de Marbach le pidieron, incluso, que devolviera el manuscrito de El proceso. Ninguna de las dos partes quiere dar su brazo a torcer. La lucha por los derechos aún prosigue en la actualidad.

El “principio de red”
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El “principio de red”

Siguiendo el llamado “principio de red”, el Archivo persigue en lo posible hacerse con fondos de editoriales, tales como cartas: de hecho, ya posee un gran número de ellas, escritas, entre otros, por Hermann Hesse, Paul Celan, Max Brod o Martin Walser.

¿Y ahora qué?
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¿Y ahora qué?

En la actualidad, según Raulff, las adquisiciones son más amplias que antes. Günter Herburger, por ejemplo, ya les ofreció a los archiveros hace años una parte de sus escritos a causa de “una penetrante falta de dinero”. Su separación de ellos no le resultó nada fácil: “Aún los veo apilados en el Mercedes, conduciendo hacia allá”, escribía días después con nostalgia.

Desde la partida de nacimiento de Schiller y poemas manuscritos de Hölderlin hasta los discos de Otto Waalkes, en el Deutschen Literaturarchivs, ubicado en la ciudad de Marbach, a unos 25 kilómetros al norte de Stuttgart, se conservan más de 1.200 herencias de poetas y pensadores alemanes en unas 27.000 cajas verdes, así como miles de autógrafos; en total, 20 millones de hojas de papel, desde la Ilustración al presente.

Aquí reposa, por ejemplo, el manuscrito de 'El proceso', de Franz Kafka, obras teatrales de Rainer Maria Rilke, cartas de Ernst Jünger –sobre insectos, drogas, la esencia de los alemanes y la República de Weimar–, el fichero de Arno Schmidt o las recetas de la madre de Schiller para preparar membrillo sin necesidad de fuego u horno.

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