Museo de Arte Islámico: la obra maestra del centenario Ieoh Ming Pei

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Un edificio en una isla artificial
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Un edificio en una isla artificial

El edificio, de 35.000 m2, surge sobre una isla artificial y está rodeada de un parque de 20 hectáreas. Es, sin duda, la obra cumbre del arquitecto chino-neoyorquino Ieoh Ming Pei.

Genio centenario
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Genio centenario

Ieoh Ming Pei se jubiló después de terminar la ampliación del Museo del Louvre, en 1989, y ha trabajado en pocos proyectos desde entonces. Pero la oportunidad de realizar el museo de Qatar fue suficientemente atractiva para sacarlo de su mansión de Sutton Place, Manhattan, y lanzarlo a un viaje por el mundo en busca de “la esencia de la arquitectura islámica”. Después de visitar la ciudad mogol de Fatehpur Sikri, en India, y las mezquitas más famosas de Damasco, El Cairo y Túnez, Pei llegó a la conclusión de que “quizás el corazón de la arquitectura islámica se encuentre en el desierto, donde las formas, severas y sencillas, con sus sombras y sus suaves tonos de color, toman vida bajo la luz del sol". 

En busca del nuevo Egipto
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En busca del nuevo Egipto

Para el proyecto de Qatar, Pei ha declarado que encontró su inspiración más directa en la fuente de abluciones de la Mezquita de Ibn Tulun, en El Cairo, del siglo IX, donde quedó fascinado por las transformaciones geométricas de la pequeña estructura, por “su evolución desde el octágono hacia el cuadrado y el círculo”. De manera parecida, pero con una geometría más angulosa, su edificio sobre la bahía de Doha se rompe en distintas facetas en su despliegue formal, desde su amplia base hacía su cima, dando al espectador la impresión de que va rotando sobre su eje vertical. 

La isla del espíritu
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La isla del espíritu

Por dentro, Pei organizó el museo siguiendo el modelo de otros proyectos suyos, como la National Gallery de Washington o el Musée d’Art Moderne de Luxemburgo: disponiendo las galerías alrededor de un gran atrio central que abarca toda la altura del edificio. El atrio está orientado hacia una apertura de 45 metros de altura, situada en su extremo norte, que ofrece vistas sobre el mar desde sus cinco plantas.

El cristal, protagonista (de nuevo)
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El cristal, protagonista (de nuevo)

Pei realizó esta gran cristalera utilizando sus características formas facetadas, de vidrio, sujetas por una estructura de acero, igual que en su Pirámide de cristal para el Louvre. En este caso, las tres facetas de la ventana ocupan los tres lados de un hexágono virtual, que está dibujado por completo en la forma de la fuente ornamental a sus pies, de piedra negra, y en la pequeña bóveda que las corona.

Lugar de ensueño
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Lugar de ensueño

Mientras la nitidez de sus formas nos remite a la sobriedad del desierto, el proyecto nos recuerda también otros lugares de ensueño. El largo paseo axial hacia la entrada principal, entre filas de palmeras, fuentes y un canal central, evoca los magníficos jardines del Taj Majal. Por otro lado, en su emplazamiento sobre la bahía se parece a las iglesias de Venecia, ciudad que, debido a la influencia de su comercio con Oriente, es tan bizantina como occidental. 

Arquitectura sólida
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Arquitectura sólida

Los sobrios muros de caliza pálida del museo están bañados por la luz tamizada del mar, haciendo sus sombras menos severas y contrastadas. Pei ha proporcionado otra puerta de entrada desde el mar, con un muelle de desembarque marcado por esbeltas farolas, como si se tratara de los alminares de una mezquita o de las columnas de entrada a la Plaza de San Marcos desde el Gran Canal.

Salas exquisitas
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Salas exquisitas

Sus galerías muestran obras procedentes de tres continentes, desde Córdoba hasta Samarkanda, producidas bajo distintas dinastías, tales como la Ayubí, fundada por Saladino, la Timúrida (de Tamerlán), el imperio Mongol de Gengis Khan, o los reinos de los Mogoles y los Otomanos.

Espacios oscuros
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Espacios oscuros

Las galerías, espacios oscuros y contenidos, han sido elaboradas por el diseñador parisino Jean-Michel Wilmotte, siguiendo las líneas marcadas por Pei, y utilizando piedras de pórfido y maderas brasileñas en sus lujosos acabados. El museo cuenta también con un centro de educación e investigación, separado del edificio principal por un elegante patio amurallado.

Elogio de la sombra
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Elogio de la sombra

En contraste con la severidad del exterior, muchos de los detalles del atrio son bastante opulentos. El espacio cuenta con una escalera monumental, grandes lámparas colgantes, suelos elaborados con piedras nobles de distintos colores, formando dibujos geométricos, y techos ornamentados con bóvedas y círculos. Pero el elemento más espectacular del conjunto es la gran bóveda central de acero inoxidable, inspirada, según Pei, en trabajos con metales perforados de Egipto.

Flotando sobre su propia isla artificial en la Bahía de Doha, frente a una imponente fila de nuevos rascacielos que se alzan al borde del Golfo Pérsico, el Museo de Arte Islámico es una obra maestra de Ieoh Ming Pei, el veterano arquitecto chino de 101 años (y hoy en día uno de los más productivos de la historia).

Con este proyecto, inaugurado en 2008, el Emirato pretendió resaltar la vitalidad, complejidad y diversidad del arte islámico durante sus trece siglos de historia. Más de una década después, no solo lo ha conseguido sino que ha hecho de sus galerías, con manuscritos, joyas, textiles, cerámicas, instrumentos científicos y obras decorativas de metal, cristal, marfil y madera, de las más selectas del mundo. 

 

 

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