¿Qué ocurrió en otros 31 de diciembre?

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El primero (46 a.C. ROMA)
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El primero (46 a.C. ROMA)

Los romanos primigenios no ponían número a los días. Tenían diez meses de 30 o 31 días y los dividían en torno a tres fechas señaladas: calendas, nonas e idus, y a partir de ellas establecían las jornadas: el tercero antes de nonas y cosas así. Hasta mediados del siglo II a. C. los años romanos empezaban en marzo, el mes de Marte, que era justo cuando diseñaban sus campañas militares. Hasta que su imperio creció tanto que tuvieron que adelantar la logística para llegar a tiempo a Numancia o Capadocia. Y en eso llegó Julio César, prestó oídos a los sabios egipcios que le avisaban de los desfases de su calendario, y estableció el sistema de doce meses y el año de 365 días con un día de propina cada cuatro años. Para hacerlo acorde a los astros, el año anterior se prolongó 445 días.

El del Apocalipsis
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El del Apocalipsis

¿Se acuerdan del efecto 2000? Fue una oleada suave de milenarismo de segunda mano. En esta ocasión no se basaba en supersticiones, sino en el triunfo de la informática: casi todo nuestro día a día había sido ya reducido al sistema binario y dependía de máquinas. Pero, decían, los ordenadores no estaban programados para pasar de 1990 a 2000. Y era cierto en algunos modelos desfasados: así, el sistema MS-DOS marcaría el cambio de año pasándose a 1980, año de su creación. Pero nadie tenía claro si al terminar la noche de San Silvestre su ordenador iba a funcionar. No pasó nada.

El que nunca existió (1844, Manila)
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El que nunca existió (1844, Manila)

Filipinas siempre fue la colonia extravagante del imperio español, lejos del centro y del resto de los territorios conquistados. Durante siglos, la travesía entre Manila y Sevilla pasaba por México, por Acapulco y Veracruz para ser exactos, y a veces se quedaba en el primer puerto: había mucho que comprar y vender en América. Todo cambió cuando la mayor parte de las colonias americanas se independizaron. Las autoridades del archipiélago decidieron buscar a sus socios comerciales en China y en lo que hoy llamamos Indonesia, bajo control holandés. Pero resultó que los holandeses vivían un día por delante, en función de ajustes cartográficos recientes y no demasiado precisos, para no interferir en la exactitud de los fletes. De ese modo, del lunes 30 de diciembre de 1844 se pasó al miércoles 1 de enero de 1845.

La gran fiesta (1904, Nueva York)
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La gran fiesta (1904, Nueva York)

Hubo una época, lo cierto es que no tan lejana, en que los periódicos competían en poder con el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Y podían mostrarse dispendiosos con sus clientes, incluso con los potenciales. En 1904 el New York Times inauguró su propio rascacielos, en el 1475 de la calle Broadway, y consiguió que las autoridades bautizaran el espacio que lo rodeaba como Times Square. Para celebrarlo, el editor Adolphe Ochs preparó un San Silvestre espectacular que congregó a una gran multitud, lanzando una interminable sucesión de fuegos artificiales desde la azotea del edificio. Al año siguiente sustituyó la pirotecnia por la caída de una bola iluminada desde un mástil situado en la cúspide del rascacielos. La bola se convirtió en tradición, conquistando el favor del público hasta hoy. Y aunque en 1913 el cuartel general del periódico, en continua expansión, tuvo que trasladarse a otro rascacielos más grande, los neoyorquinos siguen recibiendo oficialmente el año nuevo en el mismo lugar, en un edificio al que allí todos llaman One Times Square.

El concierto (1939, Viena)
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El concierto (1939, Viena)

Clemens Krauss, célebre director de orquesta a mediados del siglo XX, fue uno de los muchos músicos investigados por su posible pasado nazi al final de la II Guerra Mundial. Tras unos años de cierta incomodidad, no sufrió la más mínima represalia. A lo sumo, la educada reconvención de ciertos colegas puntillosos como Pau Casals. El último día de 1939, a los cuatro meses de iniciada la guerra, decidió celebrar un concierto en el que sólo se interpretaran obras de Johann Strauss hijo, como si la cosa estuviera para valses. El éxito fue tan extraordinario como el concierto y la mejor sociedad vienesa de su peor momento pudo lucir las galas que demostraban su pertenencia a los elegidos. El segundo concierto se celebró un año y un día después, el 1 de enero de 1941.

La escapada (1958, La Habana)
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La escapada (1958, La Habana)

“Resigno mis poderes de presidente de la República entregándolo a su sustituto constitucional. Ruego al pueblo que se mantenga dentro del orden y evite que lo lancen a ser víctima de pasiones que podrían ser desgraciadas a la familia cubana”. Es lo que dicen que dijo Fulgencio Batista la noche de San Silvestre de 1958 antes de escapar en un avión privado hacia Santo Domingo con un botín cercano a los 100 millones de dólares. A la mañana siguiente las tropas comandadas por el futuro disidente Eloy Gutiérrez Menoyo entraban en La Habana, seguidas de cerca por las de Che Guevara y Camilo Cienfuegos. No encontraron resistencia. La fiesta de fin de año se trasladó a las calles al día siguiente, y al siguiente y al siguiente… Batista murió 14 años después, en Marbella.

El ficticio
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El ficticio

En 1960, Shirley McLaine apareció en dos películas que se resolvían en fin de año. Una era La cuadrilla de los 11 (la Ocean’s Eleven original), en la que hacía un breve cameo. La otra era El apartamento, donde, a las órdenes de Billy Wilder, compartía cabeza de cartel, desgracias cotidianas y amores con Jack Lemmon. El amor de los protagonistas es imposible porque se interpone la libido imperiosa de su patrón, y eso hace que ambos se sientan miserablemente mal en el papel que les ha tocado interpretar en la vida. Hasta que ella comprende, cuando suenan las doce campanadas, que su sitio está en otra parte y se tira en brazos del pringao de su vida.

El doble
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El doble

¿Hay un escenario mejor para San Silvestre que la nieve? ¿Hay una nieve mejor que la de los Alpes? ¿Hay en los Alpes alguna estación más exclusiva y cara que Courchevel? Olvídense de Aspen, de Cortina d’Ampezzo y otros nombres ilustres: en Courchevel se puede disfrutar de la Navidad hasta el límite de lo patológico y disfrutar del cotillón más lujoso y bien cobrado de del mundo. En los últimos años Courchevel supera a Zermatt en el número de millonarios que descienden sus pistas, disfrutan sus resorts, engullen sus menús hipercreativos y bailan al ritmo que imponen diyéis casi tan ricos como sus clientes. Hay un aterrizaje exclusivo de Papa Noël con todo el aparataje de Hollywood. Hay menús de Nochevieja a 600 euros. Hay fiesta sin fin. Y cuando en el resto de Suiza la Navidad ha terminado, en Courchevel comienza, cosas del calendario gregoriano, la Navidad rusa.

Para bien o para mal, nada de lo que nos espera este fin de año pasará a la historia. Solo unos pocos y escogidos días de San Silvestre merecen ese lugar en la memoria colectiva. Desde el primer fiestón multitudinario en Times Square en 1904, hasta el gran concierto de Clemens Krauss en Viena 35 años después o aquel extraño rumor conocido como 'El efecto 2000', cuando la gente creía que el mundo desaparecería al cumplirse mil años de la muerte de Cristo. Estos son los otros 31 de diciembre.

[Lea aquí: Seis planes diferentes por el mundo para celebrar el año nuevo]

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