Careyes: el exclusivo paraíso natural en el Pacífico mexicano

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En plena naturaleza, Careyes se encuentra al borde del Pacífico rodeado por frondosas selvas que mantienen intacta su vegetación autóctona. Lujo y naturaleza conviven en perfecta armonía.

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Careyes debe su nombre a las tortugas que ahí anidan. La Fundación Careyes tiene entre sus prioridades protegerlas y liberarlas

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La arquitectura esotérica y autóctona rinde culto a la Naturaleza, el mar, el Sol y las estrellas.

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Este paraíso es un gran escenario para el deporte y la vida al aire libre. Surf y polo son algunos de los deportes que aquí se practican. 

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Tras una jornada deportiva, nada como relajarse en un spa o en algunas de las piscinas infinitas del complejo.

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Un enorme desfile de cantantes, artistas, políticos y famosos se han hospedado en Careyes. Nombres como Silvio Berlusconi, Giorgio Armani, Rod Stewart, Stevie Wonder y Aris Walker son sólo algunos de una larga lista que parece no tener fin. El futuro de Careyes grita la palabra cultura.

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La Careyes Foundation acoge desde el año pasado todos los esfuerzos filantrópicos de la zona con programas dedicados a la educación, la salud, la ecología y el arte. La curadora Lauri Firstenberg realiza una gran obra al estimular artistas a crear con la inspiración del mágico luga

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En Careyes habitan 270 especies de aves y 70 de mamíferos. La magia también vive por aquí en distintas formas, como la escultura gigante de la copa del Sol, el ojo del venado que da entrada a una playa del Pacífic o el castillo del Tigre del Mar, espacios donde se une lo terrestre con lo extraterrestre.

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La familia brignone fue pionera en el desarrollo de complejos turísticos respetuosos con el medio ambiente

Durante años se ha oído hablar de un destino donde un emprendedor italiano quiso crear un edén, un rincón que mirara al mar, con sus playas, campos de polo, hotel y una arquitectura de vanguardia que respetara el paisaje. Todos vuelven felices de ahí.

El primer paso para ir a Careyes, en la costa del Pacífico mexicano, es llegar a Manzanillo. Vemos zapatos Prada, bolsos Bottega Veneta, relojes Cartier; se respira un ambiente de élite donde habrá polo, el estreno de un espectáculo de Broadway y una gran celebración.

La familia Brignone, adelantados a su tiempo, durante los años 60 quisieron levantar un destino turístico que no dañara ni creara un impacto negativo en el Medio Ambiente. Se trataba de respetar la Naturaleza, de ensalzarla sin que surgieran monstruos arquitectónicos. El reto no fue fácil. “Aquí son muy importantes la estética y la armonía arquitectónica. Manejamos por completo la bahía para evitar que haya un error como, por ejemplo, un edificio moderno”, explica Giorgio Brignone.

Enseña el libro 'La magia de Careyes', de 1968. “Aquí está la historia que empezó cuando mi padre salió de Francia, donde había emigrado en 1950 para buscar un futuro. Fue a ver al Aga Khan en Costa Esmeralda (Italia), y le mostró el modelo que había encontrado. Básicamente, se trataba de comprar un terreno, un proyecto que le impresionó mucho, pues en ese entonces se habían echado a perder muchas costas en Europa con urbanizaciones horrorosas. ‘Para triunfar tiene que haber belleza’, le dijo el Aga Khan”.

Careyes se encuentra entre Ixtapa y Punta Mita, por lo que no cuenta con un clima demasiado frío ni demasiado caliente, y tampoco muy húmedo o seco. Está en un área que se llama Costa Alegre, olvidada por su topografía, entre Puerto Vallarta y Manzanillo. La zona tuvo suerte de no contar con un gran desarrollo, pues el atractivo turístico se concentraba en Vallarta y Acapulco.

No hubo un interés político por desarrollarla y además tiene seis ríos, por lo que era difícil de conectar, a una hora del aeropuerto más cercano. Es decir, no estamos hablando del destino ideal de un viajero estadunidense que quiere hospedarse a un minuto del aeropuerto.

No han cambiado muchas cosas en estos últimos 40 años. Aún se puede ver en Playa Rosa a los pescadores, que caminan con sus capturas del día de las olas al restaurante. Sin embargo, no todo es felicidad. Hace unos años llegaron los Goldsmith y se enamoraron de la zona. Decidieron comprar un terreno para construir nada menos que una mansión inspirada en la mezquita de Sofía de Estambul, lo que irritó a Brignone, que construyó enfrente el Tigre Castillo del Mar. Por fortuna, la idea de los Goldsmith de crear un complejo no prosperó.

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