De la ira al terror y la lujuria: una guía de las emociones

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Cólera
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Cólera

Grecia | Humanos y divinos. Las emociones están conectadas, unas despiertan a las siguientes, como el miedo al odio o el sufrimiento a la venganza. Ya los griegos conocían esta concatenación, y también la idea de su universalidad, la democracia emocional que toca por igual, que a todos nos somete. Bueno, a los esclavos no, ya que no pueden sentir la indignación y por tanto están libres de verse llevados por la cólera, como explica Aristóteles en su segundo libro de 'Retórica'. Este autor designa la orgè como una mezcla de sufrimiento y deseo de venganza que viene dada por la humillación. Una ecuación que se reproduce en 'La Ilíada', desatando la ira de Aquiles, cuya revancha es el motor narrativo de casi dos tercios de la obra.
(Ilustración: Jacobo Pérez-Enciso)

Cólera
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Para los griegos esta emoción, sin embargo, no es una reacción ciega que se despierta en las almas descontroladas e incapaces de contener sus reacciones –como les sucede a las mujeres, según el pensamiento de la época–, sino resultado de un análisis que lleva a indignarse ante una injusticia. Una alta forma de honor e inteligencia que evidentemente tiene su receptáculo natural en la clase que controla el poder, con capacidad de ejercerlo a través del juicio y el castigo. O transformarla en piedad y perdón.
Imagen de la película 'Troya' (2004), de Wolfgang Petersen.

Dignidad
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Dignidad

Roma | Autocensura emotiva. Si bien durante el período griego la oratoria es un arte que se cultiva para hacer emerger las emociones, y que además utilizaba una cólera controlada como vehículo más efectivo, en la cultura romana se da un fenómeno opuesto. Los grandes políticos y oradores dejan de mostrar sus sentimientos cayendo en una forma de ausencia emocional, de control absoluto de sus gestos, que les asegura una imagen de espíritus elevados a los que no les afectan los quebrantamientos cotidianos. La 'dignitas' se convierte en 'apatheia' y la visión de los estoicos, que observan las emociones como el resultado de un error en el juicio, se hace popular.
(Ilustración: Jacobo Pérez-Enciso)

Dignidad
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Las emociones tienen en esta época un halo de reprobación social y, de nuevo, encontrarnos el elitismo inherente de las sociedades clásicas cuyas clases altas buscan diferenciarse de la plebe. Aquellas miran con desdén lo que sucede en la arena de los espectáculos circenses y como despiertan las emociones del polulus, cuya reacción ante tanta violencia llegaron a generar desórdenes sociales. Reacciones muy alejadas del pudor –emoción a medio camino entre la vergüenza y la decencia– que debe regir en la sociedad romana para que esta posea una cohesión cívica.
En la imagen, Marlon Brando en 'Julio César' (1953), de Joseph L. Mankiewicz.

Miedo
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Miedo

Edad Media | Oscuridad y liberación. Las ambivalencias que se producen en la Edad Media respecto a la evolución cultural son notorias y clave en el desarrollo histórico de la sociedad. Por un lado, este periodo representa la oscuridad total, la ausencia de razón, la acción más que la reflexión y la impulsividad emotiva, apasionada, incontrolada. La estructura social posee una crudeza que inspira la superstición y las visiones religiosas tremendistas basadas en el miedo, mientras el feudalismo y los reinos conjuran guerras y el hambre en muchas ocasiones atrapa a los pueblos desprovistos de toda esperanza. Al menos esto es lo que la historia nos ha dado a entender durante muchos años.  
(Ilustración: Jacobo Pérez-Enciso)

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Por supuesto, trazar un desarrollo lineal de un período histórico tan extenso y generalizarlo sabiendo que las peculiaridades de cada cultura son múltiples y superpuestas, impide ver cómo en efecto las emociones se enriquecen de los valores religiosos como la caridad o del reforzamiento de la estructura nuclear familiar, del sentido de pertenencia y también del de amistad. Si bien es cierto que el miedo y la arbitrariedad del destino siguen siendo una espada afilada sobre la vida de los individuos, no lo es menos que precisamente en la Edad Media se produce la liberación emocional de los mismos.
Fotograma de 'El séptimo sello' (1957), de Ingmar Bergman.

Ternura
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Ternura

Renacimiento | Romanticismo precoz. El desarrollo de la corte como entorno y espacio social da lugar a la codificación de las buenas maneras a través de una literatura de tipo cortés que construirá héroes como Sir Lancelot o el rey Arturo. Este género, creado por los clérigos para civilizar a los militares, convierte a los caballeros en individuos galantes y honestos, dulces incluso, que tienden a la modestia y a la reserva. Un modelo muy alejado de la rudeza salvaje del señor feudal en la baja Edad Media. Este deslizamiento emotivo da lugar a una nueva concepción del amor que tiene su epicentro en la ternura y a las primeras entradas en el diccionario de este término ya en el siglo XVII.
(Ilustración: Jacobo Pérez-Enciso)

Ternura
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Ternura

Si bien aún es pronto para que ese concepto se identifique con lo viril, teniendo una relación más directa con el campo de la feminidad y de la infancia, la idea de amor selectivo más allá de las limitaciones sociales y de supervivencia toma cada vez más amplitud en el vocabulario social. Los intercambios basados en la ternura se dan de igual a igual, no hay un amante y una amada jerarquizados. Y como reflejo de este avance, también la mujer como germen de valores amplía su posición social y su influencia emocional.
Fotograma de la película 'Casablanca' (1942).

Melancolía
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Melancolía

Siglo XIX | Un nuevo orden. Si bien la melancolía –un estado proteiforme que genera respuestas tan pasivas como violentas, dramáticas o irrisorias, meditadas e irreflexivas, y que surge como de la nada convirtiéndose en “un humor, una enfermedad o un rasgo de carácter”, como bien apuntan los autores de la Historia de las Emociones–, nace entre el Renacimiento y la Ilustración, e incluso tiene en ese tiempo una influencia central en la esfera de valores emotivos, su importancia radica en ser la puerta de entrada a la psicología de las nuevas emociones que tienen la extrañeza en su núcleo. Nos referimos no tanto a emociones propiamente dichas como a distribuidores de lo emotivo que aceleran e intensifican las interacciones sociales y la percepción de las mismas.
(Ilustración: Jacobo Pérez-Enciso)

Melancolía
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Melancolía

La obsesión por la novedad, por aquello que aún no se ha experimentado, es criticado por los ilustrados de la Enciclopedia y anhelado por los perversos de la literatura y la sensualidad. El vértigo como vector y lo bizarro como espacio de transgresión moral, la contradicción y la crispación devienen objetos lúdicos más allá de las normas sociales. Un conflicto de valores en el que el sentido del bien y el mal, lo bello y lo prohibido, basculan en el imaginario subjetivo y comienzan a hacerse fuertes en el colectivo, a través de la literatura y las artes. Traspasando también los cuerpos.
En la imagen, Keira Knightley en 'Orgullo y prejuicio' (2005), de Joe Wright.

Terror
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Terror

Revolución | Salvajismo y civilización. El siglo XVII, que es el de la sensibilidad construida por la burguesía, intenta proponer una nueva forma de usar las emociones para compartir y explorar el amor. La Revolución Francesa de 1789 rompe esta dinámica en un momento de crisis aguda que libera las energías y coloca al pueblo en el centro del proceso transformador. Una masa que en la novedad de ostentar la fuerza no siempre sabe cómo negociar las emociones colectivas, de ahí el desencadenamiento de la violencia y el terror, un sentimiento que designa lo que se siente ante el despotismo absoluto, también terrorífico.
(Ilustración: Jacobo Pérez-Enciso)

Terror
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Terror

Es esta una emoción asociada a la instrumentalización del miedo que se da en toda Europa y cristaliza en Francia –y que se extenderá hasta nuestros días–. Una manipulación que se va de las manos. A la sombra de los asesinados, los revolucionarios intentan desplegar un entusiasmo sensible mezclado con la razón. Pero la indignación es grande. Y la esperanza de un cambio también. La cólera, la rabia, las estrategias destructivas como el odio se hacen públicas, comunes. Y tanta violencia ayudará a tomar conciencia de la necesidad de no repetir los errores dando lugar a un romanticismo decimonónico.

A lo largo de los periodos históricos con los que abarcarmos la existencia humana, las emociones han sido las mismas y percibidas de modo similar. Es la forma en la que nos referimos a ellas la que cambia, dotándolas de marcadores fundamentales para comprender también la manera en que se produce la evolución social. De griego pathé –las pasiones como una fractura interior–, a la visión latina de la emoción como algo que nos incita –emovere–, llegamos a la percepción contemporánea y muy científica de las emociones como simple activación cerebral.

Los autores de los dos volúmenes sobre la Historia de las Emociones publicados por la editorial Seuil ya habían trabajado en otro estudio colectivo referido a la Historia de la Virilidad. En esta ocasión, el objeto de estudio son esas energías de difícil catalogación intelectual y, especialmente, la manera en que recorren el espinazo del tiempo, desde la antigua Grecia hasta la alta Edad Media, en un primer volumen, y desde entonces hasta nuestros días en otro de más reciente aparición.

Un análisis inteligente, aunque no exento de empatía, de la manera en que, en cada periodo, las emociones toman una u otra dimensión, mezclando anécdotas históricas y literarias, así como acotando espacios más íntimos –los diarios personales, el entorno familiar–, o públicos, a través de la religión o la política. Aunque los autores reconocen la dificultad de aprehender la esencia emotiva de cada época, mantienen que cada momento histórico tiene un perfil emocional representativo que, de hecho, explica elementos psicológicos y sociales. / Ilustraciones: JACOBO PÉREZ-ENCISO

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