La extraordinaria transformación de un convento escondido en Bruselas

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La entrada de la casa
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La entrada de la casa

En el hall, una puerta de entrada neogótica ha sido pintada por el artista Thierry Bosquet. Sobre la consola turca de nácar y carey del siglo XVII, jarrones imperiales de la fábrica de Creil, guantera roja del siglo XVII y, debajo, mesa auxiliar de marquetería, original de Damasco. En la pared, pintura belga del siglo XIX. (Marc Van Praag)

Arte en cada rincón
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Arte en cada rincón

En el gran salón o sala de recepción inundado de luz, la mezcla ecléctica de estilos refleja el estilo libre y elegante de sus propietarios. Sofá sueco y sillas francesas, terracota del siglo XVII, alfombra Tabriz, gran espejo parisino Luis XIV, par de jarrones Ming, par de consolas romanas y par de relicarios de Lieja de finales del siglo XVIII. (Marc Van Praag)

La luz, protagonista
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La luz, protagonista

En la sala de recepción, mesa neoclásica italiana, cruz copta de Etiopía, obeliscos de madera modernos y asiento con piel de leopardo de las nieves del Himalaya. (Marc Van Praag)

Tras el cristal
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Tras el cristal

Al otro lado de la vidriera, abierta para llenar de luz toda la planta, se ha instalado un comedor. Mesa inglesa y sillones holandeses frente a un tapiz francés del siglo XVII. (Marc Van Praag)

Salón de lectura
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Salón de lectura

Un salón íntimo, ideal como sala de lectura, separado por una vidriera de la habitación contigua para ganar luz. Está decorado eclécticamente mezclando piezas de medio mundo. El sofá está tapizado por Pierre Frey, también hay un pequeño asiento de pastor anglicano, una lámpara de sobremesa procedente de India y una araña de cornamentas de ciervo, de Escocia. (Marc Van Praag)

Comedor con vistas
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Comedor con vistas

Al otro lado de la vidriera, la sala de recepción con mesa austríaca cuyo pie esta hecho con cornamentas de ciervo, rodeada por siete sillas rococó. Araña de cristal de Borgoña y suelos de baldosas de barro antiguo. (Marc Van Praag)

Como una iglesia
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Como una iglesia

Este distribuidor da entrada a los baños. Esta forrado con papel pintado en azul con motivos dorados franceses y su protagonista es una pintura histórica inglesa, de 1850, representando la batalla de Hastings. (Marc Van Praag) 

Bendito azul
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Bendito azul

Destaca también una consola neoclásica, una silla neogótica y un reloj de estilo catedralicio. (Marc Van Praag)

El dormitorio
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El dormitorio

Dormitorio con papel pintado de Pierre Frey y librería de madera de abeto, con libros, una pequeña torre de marfil y retratos antiguos, entre ellos uno de Marie Mancini. Sobre la cama una colcha egipcia. (Marc Van Praag)

En la intimidad
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En la intimidad

Detalle del cabecero de la cama con una boiserie de madera de abeto y, encima, papel pintado de Pierre Frey con motivos clásicos de escenas de Coromandel. (Marc Van Praag)

La amante del rey
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La amante del rey

Detalle de la librería del dormitorio en madera de abeto, con tesoros antiguos, entre ellos, un retrato de Marie Mancini, una de las célebres amantes de Luis XIV. (Marc Van Praag)

Los propietarios
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Los propietarios

Retrato del propietario de la casa, Christophe Decarpentrie y, sentado, el interiorista Abel Naessens junto a una mesa africana. Detrás, una escultura que representa a la diosa de la guerra Bellonde, del siglo XVIII. (Marc Van Praag)

Un jardín con historia
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Un jardín con historia

El jardín con frondosos setos de boj y tilos, una fuente de piedra y vista de una de las tres fachadas, construida en 1903. (Marc Van Praag)

La hora del té
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La hora del té

Sobre una mesa de cristal, bandeja, cajas y recipientes de artesanía marroquí, "una de las más apasionantes del mundo" para Christophe Decarpentrie. (Marc Van Praag)

Recuerdos de viajes
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Recuerdos de viajes

Detalle de la vidriera de la sala de lectura, con libros y tallas de madera del siglo XIX y un camello victoriano. (Marc Van Praag)

Luz de noche
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Luz de noche

Detalles lumínicos en el jardín calculados para crear magia en la naturaleza cuando cae la noche. (Marc Van Praag)

Detalles nobles, rincones secretos
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Detalles nobles, rincones secretos

Detalle de una de las entradas a la casa con setos de boj, columnas de piedra y losetas de pizarra. (Marc Van Praag)

Nacido en una familia de armadores y comerciantes de Amberes, Christophe Decarpentrie asistió a clases de moda y vestuario teatral en la Academia de Amberes, donde conoció a Abel Naessens, su compañero y colaborador más cercano. Posteriormente, estudió Artes Decorativas de París, en la especialidad de escenografía y teatro, y en los años sesenta viajó a través de India y Nepal.

De vuelta en Europa, hizo sus primeros vestuarios de teatro y luego se dedicó a la decoración. En la década de 1970 se mudó a Nueva York con Abel Naessens, que ya era diseñador de interiores. Desde allí comenzó a realizar proyectos decorativos por toda América, y en Europa, África y Asia, siguiendo su infinita curiosidad.

Su vivienda particular en Bruselas es una impresionante mezcla de piezas procedentes de cualquier rincón del mundo, que combina estilos y épocas con inmesa sabiduría. Artesanía marroquí, esculturas romanas, obras de William Morris, muebles franceses del siglo XVIII o pintura flamenca: todo cabe en esta mansión de insólita belleza. Un órdago estilístico, ecléctico y culto. Pero tras un aparente caos se respira un estilo libre y elegante que otorga homogeneidad a toda la vivienda.

Visto desde el exterior, el edificio parece un colegio francés, y tal vez lo fue, pero lo cierto es que se fue convirtiendo en club de jugadores de cartas, en biblioteca y sala de cine durante la época de entreguerras. La casa presenta múltiples fachadas, y está unida a otro edificio de 1903 levantado en un emplazamiento que había albergado un convento con vestigios de una capilla medieval a la que Christophe Decarpentrie y Abel Naessens preservaron todo lo posible y enriquecieron con sus hallazgos en antigüedades.

El hall de entrada, donde aún se perciben olores a flores y especias del jardín, da paso a un gran salón de arquitectura austera que crea un clima aéreo, lleno de luz. El escenario perfecto para desplegar todas las piezas reunidas a lo largo de una vida. La vidriera que separa este salón del comedor permite que la luz entre por todas partes.

Una de las piezas más importantes es una butaca de palisandro diseñada por el propio Viollet-Le-Duc, así como una silla de William Morris y un cuadro de Lawrence Alma-Tadema. Todo ello sin renunciar a su estilo teatral y algo surrealista. Y a detalles tan extravagantes como disponer cuadros en el suelo. “Esto se debe a mi naturaleza nómada. Necesito sentir que puedo mudarme en cualquier momento”.

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