Spa, la ciudad del descanso: el paraíso belga que hace honor a su nombre

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Las Termas son el principal reclamo de la ciudad desde su apertura. Remozadas en 2004, son de fácil acceso gracias al pequeño funicular que escala la ladera del monte hasta llegar prácticamente a las puertas del centro. En la imagen, el Centro Termal, meca termobalnearia europea. (Fotografía: David Maroto)

 

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Manoir de Lébioles, antiguo palacio convertido en hotel-spa. (Fotografía: David Maroto)

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Una de las 16 habitaciones de lujo de Manoir de Lébioles. (Fotografía: David Maroto)

 

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En Spa, todo sigue orbitando en torno a los mismos lugares que entonces. Su distribución es sencilla: arriba, en lo alto del pequeño monte de las Fagnes que domina la ciudad, están las Termas; abajo, el casino. En la imagen, detalle de la ciudad. (Fotografía: David Maroto)

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El Casino de Spa. Sus salones son de estilo neoclásico y celebrados son sus campeonatos de ‘texas hold ‘em’. (Fotografía: David Maroto)

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Se dice que el de Spa (erigido en 1769) es el casino más antiguo del mundo. En realidad habría que aclarar que es el segundo, tras el de Venecia (erigido en 1638). Situado en la Rue Royale, soportó numerosos incendios antes de su reconstrucción, en 1918, bajo un marcado estilo neoclásico. (Fotografía: David Maroto)

 

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Si usted es aficionado al motor, quizás le venga a la mente el circuito de Spa-Francorchamps antes que el spa termal. Utilizado ininterrumpidamente desde marzo a noviembre, sirve de escenario para múltiples competiciones de alto nivel, entre ellas el Gran Premio de Bélgica de Fórmula 1 y la prueba de resistencia de 24 horas de Spa. (Fotografía: David Maroto)

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Célebre por su combinación “Eau Rouge / Raidillon” –curvas de vértigo que sólo los más intrépidos osaban recorrer sin levantar el pie del acelerador– y por haber tenido la chicane más rápida de todos los tiempos, el circuito agrada especialmente al finés Kimi Raikkonen, ganador de cuatro carreras en este trazado de 7,003 kilómetros. (Fotografía: David Maroto)

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Inaugurado en 1922, que fue remodelado con vistas al Gran Premio de Bélgica, edición de 2007, cediendo parte de su recorrido a una carretera aledaña. ¿Grandes hitos de esta pista? Sin duda la rivalidad entre otro escandinavo, Mika Häkkinen, y el legendario Michael Schumacher, que dejó aquí algunos de sus momentos más emocionantes. (Fotografía: David Maroto)

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Considerado por muchos pilotos el circuito más bonito del mundo, puede ser visitado e incluso probado por pilotos aficionados por 215 euros los 25 minutos. (Fotografía: David Maroto)

Spa es la localidad belga que dió nombre al término tan popular en nuestros días. Se trata de una auténtica villa termal con cien años de historia. De hecho, los promotores de turismo de Bélgica no han de inventarse nada para atraer al visitante a esta pequeña localidad de algo menos de 11.000 habitantes situada en la provincia de Lieja. Son incluso algo modestos en su denominación: Spa es la legítima villa termal. Tiene ese don: sus aguas minerales, sulfurosas y curativas brotan en los manantiales —ahí los llaman 'pouhons'— que emergen en las cuatro esquinas de la ciudad.

Casi tienen nombres de castillo: Pierre-le-Grand, Prince de Condé, Tonnelet, Sauvenière, Groesbeek, Géronstère y Barisart. De hecho cada uno de ellos tiene rango de monumento: su conjunto va hilando rutas que, vistas en el mapa, forman un trazado que invita a ser recorrido plácidamente. Hay quien lo denomina el mejor recorrido termolúdico de Europa o, mucho más fácil, su mejor 'circuito spa'.

Spa es una ciudad pequeña, tranquila y turística ubicada en la región de las Ardenas. Valles y ríos. Poca gente y mucho bosque. Colinas bajas, pueblos encantadores. Al norte queda Maastricht, al noroeste Bruselas, al sur Luxemburgo y al este Alemania.

Tan estratégicamente ubicada, la ciudad fue elegida como residencia por el rey Leopoldo II —que llegó a ser propietario del Congo belga—y su esposa, la reina María Enriqueta de Austria. Al primogénito Alberto I le tocó el trago de la invasión alemana entre 1914 y 1918: la armada teutona instaló en Spa un hospital militar, y utilizó la ciudad como base.

El kaiser Wilhelm II y sus auxiliares -entre ellos un tal Hindenburg- ocuparon también los castillos. En 1920, la Francia del Mariscal Foch —de quien hoy hay una estatua a un paso del Palacio Real— se resarciría justamente en la Conferencia de Spa, que tuvo el objeto de determinar las indemnizaciones a pagar a los aliados tras la guerra. Así la perla de las Ardenas siguió siendo el capricho de la región.

UNA ESCAPADA IDEAL
La escala de la ciudad la convierte en perfecta para el paseo. Por supuesto que los manantiales son de visita obligada. Los más frecuentados son el Pouhon Pierre-le-Grand (nombre del Zar de Rusia que hizo una cura aquí en 1717) y el Pouhon Prince de Condé (donde mana el agua más ferruginosa de Europa; es fácil reconocerlo por su jardín en forma de pirámide).

Pero Spa también tiene numerosos y espléndidos jardines, y fabulosos invernaderos que se pueden visitar. Luego están los museos: entre los que destacan la galería Leopoldo II (antigua residencia del Emperador), el Museo de Spa (antigua residencia de la Reina María Enriqueta, conocido por sus tallas y figuras decorativas de madera de los bosques circundantes), el Museo Equino (los antiguos establos de la Reina), el Museo de la Lavandería, el Museo del Ejército, la Biblioteca Municipal...

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