Cuba, la tierra prometida del tabaco: el por qué del éxito de sus habanos

  • Pantalla completa
1 de 11
Comparte la fotografía

Plantas de tabaco en Pinar del Rio (Cuba). Desde su estado de hoja hasta convertirse en una vitola, han de pasar unos 19 meses. Durante su crecimiento, la planta de tabaco recibe continuamente una serie de exquisitos cuidados para garantizar que se desarrolla adecuadamente y proporciona hojas de la mejor calidad

2 de 11
Comparte la fotografía

“No hay cigarros como los de Cuba, por más empeño que hayan puesto otras industrias tabaqueras en emularlos”, asegura el añorado Manuel Vázquez Montalbán. Ello se debe en gran parte a sus vegas de Vuelta Abajo, en Pinar del Rio, donde se dan condiciones naturales únicas –en el planeta– para su plantación; una región de terrenos levemente ondulados, enmoquetados de plantas del tamaño de hombres, desbordantes de hojas -grandes y todas enteras, movidas por la leve brisa bajo el sol perfecto- que maduran en humeda tierra roja.

3 de 11
Comparte la fotografía

Vista exterior de la mítica fábrica H. Upmann, fundada, como puede apreciarse en la imagen, en 1844. Hoy, cuando en Cuba se producen alrededor del centenar de variedades de tabaco distintas, las cifras hablan por sí mismas. La isla dedica a su cultivo 34.000 hectáreas, para una industria que, pese a todas las restricciones en materia de antitabaco, está en continuo crecimiento.

4 de 11
Comparte la fotografía

El tabaco fue descubierto en la región boliviana del lago Titicaca entre 2.500 y 3.000 años antes de Cristo. Ha llegado hasta nosotros gracias a Colón, cuyo encuentro con los indios fumadores se produjo precisamente en Cuba, cerca de la actual ciudad de Holguín. Ya entonces se fumaba en grupo, sentados y hablando. De hecho, fumar comenzó precisamente siendo un pretexto para sentarse a hablar.

5 de 11
Comparte la fotografía

Tabaco embalado para su elaboración. El comienzo del cultivo comercial del tabaco data de 1520, aunque fue larga y duramente perseguido por la Santa Inquisición (la esposa del marinero de Colón, Rodrigo de Xerez, dio gritos histéricos y pidió auxilio al ver a su marido “humear por bocas y narices, como espiritado por el Diablo, que sale en humaredas de su cuerpo”) y estuvo por tanto finalizado al contrabando hasta el año de gracia 1659.

6 de 11
Comparte la fotografía

En la imagen, fajos de hojas de tabaco colgadas a secar. Las plantas –que se recogen entre enero y marzo, cuando el invierno caribeño con sus días soleados y sus noches frescas proporciona el clima ideal para la cosecha– han nacido varios meses antes en semilleros y se han plantado en las vegas en octubre. Aquellas destinadas a producir las finas hojas de la capa reciben atenciones especiales y, para evitar que el inclemente sol tropical las deteriore, se cubren con inmensas telas extendidas sobre las plantaciones, mientras que las hojas para el interior, la tripa y el capote, crecen a pleno sol para que desarrollen todos sus sabores.

7 de 11
Comparte la fotografía

Torcedora en fase inicial.

8 de 11
Comparte la fotografía

Torcedor en fase final. 

9 de 11
Comparte la fotografía

Los habanos encarnan un rito relajante en el que cada fumador encuentra su “mismidad” a su manera. Según Reynaldo González, autor de 'El Bello Habano', “el tabaco es tabaco cuando el fumador lo lanza en bocanadas de humo”; cuando, como afirma la escritora francesa George Sand, “se desvanece para acallar el dolor y poblar la soledad de mil imágenes graciosas”.

10 de 11
Comparte la fotografía

La sala de torcedores de la histórica fábrica H. Upmann, fundada en 1845 por el banquero europeo Hermann Upmann junto con su hermano, August.

"Encender un Cohiba o un Montecristo es un enorme placer en cualquier circunstancia; pero hacerlo aquí, en Cuba, es algo...”. Esta frase fue sin duda una de las más repetidas en La Habana durante el último Festival del Habano, que, en su emblemática XX edición, reunió el pasado mes de marzo a profesionales y amantes del tabaco de todo el mundo.

Incluso en los fumadores más sabios y sibaritas, se descubre el mismo tono de maravilla en torno al habano cubano, como buscando ese adjetivo preciso, que evidentemente no existe, para describir ese algo en toda su amplitud: porque fumar puros es un rito ya muy antiguo, que involucra sensaciones, costumbres y coreografías ancestrales, que lógicamente no caben en una palabra. Conclusión: probar para sentir.

Reportajes
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios