Hoteles 'Kasbah': la magia y la paz del lujo marroquí

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Marruecos recupera su exótico esplendor de los años de Oscar Wilde, André Gide y Paul Bowles. Como ejemplo, esta impresionante vista desde una terraza del “kasbah-hotel” Dar Karmar, ubicado en Taouirit, Marrakech.

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Vista de Marrakech desde la terraza del hotel La Sultana, en el corazón del triángulo de oro formado por la muralla de la Ciudad Imperial, el Palacio Real, el Palacio de la Bahía y la célebre Plaza de Jemma El Fna.

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Vistas desde la Kasbah Tamadot, propiedad de Richard C. N. Branson (Inglaterra, 1950), el dueño de Virgin. Su establecimiento se encuentra en Asni, a 1.320 metros de altura.

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En el secreto de los gruesos muros de las kasbah, hay estucos, mosaicos de inspiración morisca, ventanas decoradas, puertas de madera de palma, techos con ramas de adelfa trenzadas, alfombras bereberes, pieles y esteras pintadas. En los últimos años, la tendencia más significativa en la hostelería de lujo marroquí ha sido la transformación de algunas kasbah y pequeños ksar en fabulosos hoteles con encanto. 

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Un lujoso “vivac” con vistas a las dunas del desierto. El Dar Ahlam es quizá la reinterpretación mejor conseguida de una antigua kasbah.

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Interior de una de las lujosas habitaciones del hotel marroquí, del hotel La Sultana.

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El “hammam” de La Sultana. 

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En la cercana Ouarzazate se encuentra un interesante boutique-hotel, albergado en un palacio del pachá Glaoui del siglo XVII. Situado en el corazón de la kasbah de Taouirit, el Dar Karmar (“Casa de la Luna”) ha sido convertido por un fotógrafo español en un refugio con 12 habitaciones, pequeñas, pero decoradas con mucho encanto y todas diferentes. . En la imagen, el recibidor del hotel.

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Ouarzazate se ha convertido, de hecho, en un auténtico Hollywood en el desierto. A las puertas de la ciudad surge uno de los centros de producción más grandes del mundo: Atlas Studios, donde se han rodado películas como 'Kundun', 'l gladiador', 'Cleopatra', 'El té en el desierto', 'Alexander' o 'Babel', entre otras.

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Ouarzazate dista pocos kilómetros del famosísimo ksar de Ait Ben-Haddou, utilizado como plató cinematográfico por muchos directores. Por otra parte, la carretera de Agadir, especialmente el tramo entre Ouarzazate y Taliouine (el pueblo del azafrán), es realmente espectacular. En la imagen, interior de una de las habitaciones.

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Más que un hotel, el Dar Ahlam es una gran casa. Los arquitectos Hervé Morand y Adam Glazewski han creado un sinfín de geometrías interiores, con escaleras y pasillos misteriosos que se insinúan en los gruesos muros. En la imagen, detalle de una habitación. 

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Para finalizar (o comenzar) este lujoso recorrido de kasbah y ver el mundo desde cierta altura, lo más aconsejable es hospedarse en el Kasbah Tamadot, propiedad de Richard C. N. Branson (Inglaterra, 1950), el famoso dueño de Virgin. Su establecimiento está ubicado en Asni, a 1.320 metros sobre el nivel del mar, en pleno Atlas y, sin embargo, a tan sólo una hora de Marrakech.

En árabe, Dar Ahlam significa 'la casa de los sueños': resulta difícil no meditar sobre ello, mientras la brisa de la tarde despeina las palmeras, cosquillea las copas de los olivos y encrespa el agua de la piscina.

El último sol viste de oro los muros de adobe y las cuatro torres de la 'kasbah' decimonónica que Thierry Teyssier, famoso organizador de eventos parisino, transformó hace unos años en el kasbah-hotel más lujoso del sur de Marruecos. Una medialuna otomana asoma por encima de una palmera, mientras el cielo se vuelve añil y luego se torna terciopelo negro. Una escenografía sorprendente incluso para el viajero más curtido. Merece la pena, pues, emprender un viaje por el sur de Marruecos, el Pays berbère, ahora convertido en meta “ultra-chic”.

[Lea aquí: Royal Mansour, el exclusivo hotel marroquí hecho a base de palacios]

Los bereberes –pueblo seminómada envuelto en el misterio desde hace 10.000 años– son los más antiguos habitantes de Marruecos. Descienden de tribus de la etnia Zenata, originarias del centro de Argelia, y viven en el Sahara, el Sahel, y en las montañas del Atlas, criando ganado y cultivando la tierra.

Su arquitectura –segura, recia y poderosa– se integra en el paisaje hasta formar parte de él. El adobe (amalgama de tierra, paja, madera y piedras) se utiliza para edificar de todo: los ksar (pueblos fortificados), las kasbah (grandes moradas señoriales), los agadir (graneros colectivos) o los tighermt (las casas para varias familias emparentadas). Las construcciones revelan cierta naturaleza de defensa, pero también un marcado sentido estético que se traduce (en el exterior) en decoraciones geométricas, torres almenadas y alternancias cromáticas.

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