Sweptail: el último capricho de Rolls-Royce a medida

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Vidrio elegante
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Vidrio elegante

Vista cenital del Rolls-Royce Sweptail, en la que se aprecia el vidrio que, como pidió el cliente, se extiende desde el parabrisas hasta la cola del automóvil.

El comienzo de la aventura
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El comienzo de la aventura

Todo empezó en 2013, cuando este señor contactó con los responsables de Rolls-Royce, en concreto con el equipo encargado de seguir las peticiones de los clientes Bespoke, pidiendo un auténtico one-off, un ejemplar único construido completamente a medida: el Sweptail. “Para nosotros ha sido un coche muy importante –admite Torsten Müller, CEO de Rolls-Royce–, porque nos ha permitido volver al mundo de los one-off, que pertenece a la historia y a la tradición de la marca. Nuestro equipo Bespoke ha hecho un trabajo extraordinario en cuanto a elegancia y exclusividad, y en un futuro cercano nos enfrentaremos de nuevo a este tipo de retos".

Más que un capricho
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Más que un capricho

Actualmente, las lógicas industriales imponen incluso a una marca como Rolls-Royce cierto nivel de estandarización en la producción, siempre que se pueda decir algo así de modelos como el Phantom y sus derivados Coupé y Drophead Coupé, o el Ghost, o el Wraith. Pero el Sweptail es una historia aparte. El cliente tenía las ideas muy claras desde el principio y, de entrada, explicó al responsable del equipo de diseño de la casa, Gilles Taylor, que quería un coche de dos plazas, con el techo completamente de cristal, basado en el Phantom y que retomase el estilo de algunas piezas únicas de Rolls construidas durante la belle époque del mundo del automóvil, es decir en los años 20 y 30 del siglo pasado.

Un carrera de fondo
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Un carrera de fondo

El proceso ha sido largo y laborioso. El coche ha visto la luz este año, pero el resultado ha sido increíble y emocionante. El inconfundible radiador, que recuerda la forma del Partenón, luce todavía más imponente en este modelo gracias al marco cromado que lo encuadra. De hecho, se ha recurrido mucho al uso de perfiles cromados: estos relucientes elementos recorren toda la silueta del coche, desde el morro hasta la cola, que retoma el estilo de los más lujosos barcos deportivos. Pero basta con observar el Sweptail desde arriba para apreciar la extraordinaria extensión de las superficies acristaladas, que revelan un habitáculo espectacular, dotado, detrás de los asientos majestuosos, de un espacio amplio con maderas preciosas, vidrios que parecen cristales de Bohemia y perfiles de acero cromado que podrían haber salido del taller de un orfebre y que confieren al ambiente un aspecto casi náutico y extremadamente sofisticado.

Como un yate
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Como un yate

El habitáculo retoma el estilo yacht con maderas preciosas, cristales, piel y acero cromado

La inspiración
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La inspiración

Otra característica distintiva es el uso del vidrio que, como quería el cliente, se extiende desde el parabrisas hasta la cola sin solución de continuidad, proporcionando al habitáculo una asombrosa luminosidad. Se trata de una peculiaridad que pasa desapercibida si se mira el cupé de lado, desde donde se aprecia toda su gigantesca mole heredada del Phantom, la cual, sin embargo, debido al arco muy pronunciado y elegante de la carrocería, no afecta al increíble dinamismo del diseño.

 

Imponente desde cualquier vista
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Imponente desde cualquier vista

Aspecto lateral del Rolls-Royce Sweptail.

Máximas comodidades y lujos
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Máximas comodidades y lujos

Un compartimiento refrigerado guarda el champagne y las copas personalizados.

Fiel a sus valores
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Fiel a sus valores

Fiel a la elegancia de Rolls-Royce, el Sweptail fue diseñado a petición de un único cliente, que pidió un coche de dos plazas, basado en el icónico Phantom pero con líneas más sinuosas y deportivas. 

Las palabras del CEO
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Las palabras del CEO

En los últimos años –continúa Müller– hemos observado que la edad media de nuestros clientes ha bajado notablemente. Hoy podemos decir que muchos de los conductores habituales de nuestros coches tienen una edad entre 30 y 40 años, y esto nos abre grandes perspectivas para el futuro. Un futuro que, desde luego, nos encontrará preparados también en el ámbito de las nuevas tecnologías.

Delicatessen
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Delicatessen

Delicatessen Incluso los detalles en apariencia menos importantes están minuciosamente cuidados. Entre ellos, destacan las fundas diseñadas especialmente para guardar ordenadores, realizadas en piel, carbono y madera y ubicadas en un compartimento secreto, escondido en las puertas; o un contenedor refrigerado colocado en el panel central que, al presionar un botón, se abre para ofrecer el champagne favorito del dueño, embotellado en su mismo año de nacimiento y acompañado, cómo no, por dos copas personalizadas.

La élite del motor
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La élite del motor

El Sweptail, en resumen, es la materialización de los sueños y de los caprichos de un acaudalado apasionado de coches, pero representa también el gran retorno de una casa elitista como Rolls-Royce a un sector que le pertenece por historia y cultura: el de las piezas únicas, destinadas a dar que hablar y soñar. Y poco importa si este objeto tan exclusivo ha costado aproximadamente 10 millones de libras, casi 11,5 millones de euros: afortunadamente, en el mundo hay quien puede permitirse lujos tan extremos.

Una breve secuencia de acciones basta para entrar en una dimensión onírica. Imaginen estar sentados en un asiento imponente, confortable, forrado de piel suave, acariciar el dispositivo para el cierre eléctrico de las puertas y, finalmente, pulsar el botón de arranque del monumental motor V12 de 6,7 litros, que cobrará vida sin emitir ningún ruido, ninguna vibración, como si se tratara de un propulsor eléctrico en vez de un poderoso motor de gasolina.

[Lea aquí: Los famosos que tuvieron un Rolls-Royce]

Ahora imaginen seleccionar la modalidad drive y, acto seguido, ver asomarse desde el radiador en forma de Partenón la mítica estatuilla de la Victoria alada, o Spirit of Ecstasy, como la llaman los anglosajones: un objeto que parece salido de las manos de un relojero, más que de un proceso de fabricación industrial. Pura magia.

El Rolls-Royce arranca con un movimiento firme, aislando al conductor del mundo exterior y arropándolo en una atmósfera casi irreal, impregnada de un silencio absoluto y caracterizada por un confort total; como si estuviéramos flotando en la carretera dentro de una burbuja que nos hace sentir cómodos y seguros. Se trata de sensaciones únicas, para pocos privilegiados.

[Lea aquí: Phantom, la joya de Rolls-Royce]

Pero hay quien no se conforma con todo esto: y, de hecho, un cliente muy apasionado de Rolls-Royce y, obviamente, muy rico, ha decidido, después de haber amontonado en su garaje un buen número de estos lujosos coches, subir un poco el listón y pedir a la casa inglesa un objeto único y extraordinario, acorde en todos los mínimos detalles con sus fantasías, sus ideas y, en definitiva, con sus caprichos.

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