Royal Mansour: un exclusivo hotel marroquí hecho a base de palacios

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Dentro de la medina de Marrakech, Mohammed VI ha plasmado las maravillas de la riqueza artesanal marroquí en un hotel compuesto por 53 palacios llenos de lujo y belleza.

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Salón en la planta baja de un riad, que se divide en tres plantas, con la habitación en la segunda y la piscina en la azotea.

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Para el diseño de los jardines, los responsables del hotel eligieron a un gran experto en el arte del bonsái: el español Luis Vallejo.

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Vista parcial de los jardines del hotel diseñados por Vallejo.

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Uno de los elegantes cuartos de baño de los 'riads'.

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Entrada al spa.

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Detalle de un patio del hotel.

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Distribuidas en torno a un patio abierto, las 'riads' se han construido en tres plantas, con el vestíbulo y dos salas de estar en la primera, la habitación en la segunda –con el vestidor oculto tras una enorme celosía– y, en la azotea, la piscina, la tienda beduina y una chimenea.

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Estanque del lobby en el restaurante. 

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Mesa para dos en el restaurante La Grand Table Français. En un hotel donde todo se ha previsto con tanto esmero, la cocina tampoco defrauda. Si bien cuenta con la supervisión del chef parisino Yannick Alléno, con tres estrellas Michelin, es en la reinterpretación de las recetas marroquíes donde alcanza las mejores notas, gracias, en gran medida, a un producto excelso

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Uno de los salones de las estancias comunes, con todos los elementos realizados por artesanos.

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En el Royal Mansour, todas las habitaciones están decoradas individualmente, con antigüedades y tejidos naturales.

Un año después del fin de las obras (en 2007), el hotel Royal Mansour de Marrakech seguía sin desarrollar su página web. Sólo se veía un pantallazo con los datos de contacto. Su director, el francés Jean-Pierre Chaumard, pensaba que no se habían tomado fotos que hicieran verdadera justicia al lugar.

La cámara no lo tenía fácil: se había querido reproducir la sofisticación en el vivir de bajás y visires, la cual se reserva puertas adentro, en la sombra. Finalmente, se tiró con las que había; no se podía dejar a medias el último gran proyecto turístico de su insigne promotor: Mohammed VI, rey de Marruecos. 

El deseo último del monarca era hacer un ejercicio de opulencia discreta. Difícil ecuación, pero bien fundamentada: “El meticuloso diseño del Royal Mansour es una réplica de las formas clásicas de una medina, con edificios, plazas y jardines esparcidos por caminos que abarcan 3,5 hectáreas. Lo rodea un muro de cinco metros, una parte del cual corresponde a la antigua muralla de la ciudad”, explican desde el hotel. 

Al fondo se yerguen el minarete de la Koutoubia y el hotel La Mamounia, otra referencia del lujo en Marrakech. Al traspasar el portón, decorado con madera de cedro, metal esculpido y molduras de yeso, damos unos pasos a cielo abierto para entrar en el lobby, articulado en torno a un patio en el que el agua corre por un estanque en forma de cruz.

Rememorar el palacio de El Bahia o la misma Alhambra está justificado: “Este hotel es el trabajo de cuatro años de los mejores artesanos de Marruecos. El resultado es una obra de arte, gracias a las habilidades transmitidas de padres a hijos”, señalan.

 

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