Esauira, un paraíso escondido en la costa de Marruecos

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Su puerto –y la pesca que genera– es otro punto a favor de la ciudad. Ubicado en la parte suroeste, junto a la medina, es fantástico por su bullicio y su disposición abierta, que deja ver la cadena humana descargando el pescado y el mundo de las familias –unas 400– que viven de él.

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La muralla es la protagonista absoluta de la ciudad, construida a lo largo del siglo XVIII y muy bien conservada a lo largo de los siglos.

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El hotel Villa Maroc, considerado como uno de los mejores de la ciudad, ofrece algunas de las vistas más extraordinarias de Esauira.

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Gracias a su reducida dimensión, su población de 70.000 habitantes y su espectacular medina, Patrimonio de la Humanidad desde 2001, Esauira es un lugar idílico.

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Esauira ha cambiado manteniendo lo mejor de su espíritu, como demuestra el complejo de cuatro hoteles y villas en torno a un campo de golf y junto a una interminable playa abierta. En la imagen, vista parcial del hall del hotel Mogador Golf & Spa.

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El hammam (baño árabe) del lujoso hotel Heure Bleue Palais. 

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Esauira es el mejor lugar de Marruecos para comer pescado. A la clásica oferta nacional de cuscús (deliciosa sémola con carne, pollo o vegetales) y tajines (carnes asadas en una olla de barro con verduras, almendras y ciruelas), se añade el elemento marino, que incluso puede aportar el visitante aficionado a la pesca submarina con arpón. Es zona de atún rojo, sargo, lubina, mujol y dorada. También hay pez espada, merluza, mero y barracuda. En la imagen, detalle de la Terraza Jardín Rosa del renombrado restaurante Place My Hassan.

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Todo visitante a Esauira sucumbe al encanto del argán, su producto estrella, exclusivo del sureste marroquí pero apreciado en el mundo entero, ya como cosmético, ya como complemento nutricional.

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El argán es la argaña espinuda, baya de un árbol pequeño que crece en zona desértica, más conocida como argán. Como cosmético -omnipresente en farmacias de todo Occidente-, es excelente para masajes, previene la caída del cabello, trata el eczema, la deshidratación cutánea y capilar, ayuda en la cicatrización, lucha contra el acné, reduce la hipertensión, reequilibra e hidrata la piel, retrasa el envejecimiento, combate el reumatismo y fortalece las uñas.

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Esauira ha cambiado manteniendo lo mejor de su espíritu, y ahora incorpora una oferta premium basada en un ambicioso complejo de cuatro hoteles y villas construidos alrededor de un irresistible campo de golf situado junto a una interminable playa abierta. En la imagen, vista parcial del hall del hotel Mogador Golf & Spa.

La Perla del Atlántico. La Bella Durmiente. La Ciudad de los Vientos. Todos estos lugares son el mismo, que aún tiene más apelativos: La Bien Dibujada, La Pequeña Imagen. Los fenicios –presentes desde el siglo V a.C.– bautizaron este enclave con el evocativo nombre de Mogador. Y al final se quedó como Esauira, nombre que refiere el matrimonio de la ciudad con el mar, que sugiere los refrescantes vientos alisios y se identifica con el omnipresente azul turquesa.

Esta pequeña ciudad bañada por el Atlántico es la capital de la provincia de Esauira, en la región de Marrakech–Tensift–Al Hauz. Dos escuelas de arquitectura marcan su carácter: en el siglo XVI los portugueses construyeron su espléndido puerto y sus fortalezas para defenderla de los feroces piratas de Argel; dos siglos más tarde los franceses se hicieron cargo de su casco urbano.

La ciudad –refundada por el sultán alauí Sidi Mohammed Ben Abdallah en 1764– tiene unas dimensiones razonables (unos 13.000 km2), una población reducida y amable (70.000 habitantes) y una espectacular medina (Patrimonio de la Humanidad desde 2001). Fresca en verano, es una excelente alternativa –o complemento– a la bulliciosa Marrakech (a 180 kilómetros).

Su medina cautiva por ser más pequeña que otras –lo que hace relativamente más fácil orientarse y tener localizadas sus puertas norte, sur, este y oeste–, y sobre todo por la presencia de sus balsámicos azules, que dan a sus calles el aspecto de acuarelas.

Las fachadas encaladas con puertas de este color le brindan su carácter marino, y se dejan descubrir entre los callejones, las tiendas de artesanía (ricas en objetos de cerámica, plata y la suave y aromática madera de tuya) y las exóticas teterías, rincones misteriosos de una ciudad de leyenda. Parte de esta está en el cine, como recuerda el busto que aparece en la plaza de Orson Welles y que recuerda que el cineasta rodó aquí 'Otelo' en 1949. Más adelante vinieron Ridley Scott (a filmar 'El reino de los cielos'), Oliver Stone ('Alejandro Magno') y Andrucha Waddington ('Lope').

La medina brinda a sus habitantes los cinco requisitos para vivir en armonía: mezquita, escuela coránica, fuente, horno de pan y hammam. Para el visitante tiene otros igualmente convenientes, como son la existencia de un hotel ryad –o pequeño palacio con un jardín central– tan fascinante y acogedor como el Heure Bleue Palais (Relais Château). O el vestigio palaciego de la época hippie que atrajo al mismísimo Jimi Hendrix: el Dar L’Oussia.

Este hotel y restaurante de carácter marroquí y espíritu europeo en el corazón del barrio antiguo, es idóneo para solazarse en su terraza y admirar la bahía mientras suena a lo lejos la música gnawa, que atrajo al mítico guitarrista por su trance hipnótico africano, y que hoy tiene su reclamo en el Festival Gnawa (que se celebrará del 21 al 23 de junio). Creado en 1998, está considerado como una suerte de Woodstock marroquí, y atrae cada mes de junio unos 400.000 espectadores.

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