Lacoste vs Nadal: cómo ha cambiado el tenis y sus campeones

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Élite y popularidad
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Élite y popularidad

Tradicionalmente se asoció el tenis a las élites, y aunque en buena medida los tenistas siguen viniendo de entornos acomodados, el público que sigue los movimientos de los héroes de la raqueta ya es masivo en todo el mundo. Qué lejos quedan esas imágenes en sepia y fast motion, tan encantadoramente desfasadas como las de los primeros bólidos, en las que René Lacoste, Henri Cochet, Jean Borotra y Jacques Brugnon –los “cuatro mosqueteros” que representaron la supremacía francesa en los tardíos años 20 y primeros 30– intercambiaban encantadores raquetazos.

La red a la altura del partido
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La red a la altura del partido

Prácticamente todo está a punto para que nuestro histórico partido dé comienzo. El árbitro (en la imagen) se asegura una vez más de que la red esté a la altura reglamentaria (3 pies o 91,4 cm). 

Los otros campeones
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Los otros campeones

Los recogepelotas (los de la imagen son los del Wimbledon de 1927), están deseando empezar a cruzar corriendo la pista de hierba más célebre del mundo. Es parte de su esencia.

John McEnroe
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John McEnroe

Considerado como uno de los mejores (y más excéntricos) tenistas de todos los tiempos, tras colgar la raqueta la gran estrella de los años 80 John McEnroe se ha convertido en uno de los comentaristas más cotizados de la televisión estadounidense. Nadie mejor que él, pues, para guiarnos en este especial partido “transhistórico”, que, como pueden ver, comienza (imagen de la derecha) en 1923, con un partido entre el Rey Jacob de India y el estadounidense Vincent Richards.

¿Qué marca el cambio?
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¿Qué marca el cambio?

El tenis contemporáneo nace con la llamada Era Open, que en 1968 –los tiempos de Roy Emerson, Ken Rosewall, Arthur Ashe, Billie Jean King, Margaret Smith o Rod Laver– regularizó el circuito profesional. El boom de las audiencias llega con el desarrollo de la televisión –clave para disfrutar de la velocidad de los intercambios, para apreciar la evolución de los materiales, fundamental cara a renovaciones tecnológicas como el ojo de halcón– y de un modo más concreto, en los momentos de grandes rivalidades.

Suspensión por lluvia
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Suspensión por lluvia

Dicen que en Sevilla la lluvia es una maravilla: en Wimbledon sólo lo es para el jugador que va perdiendo. Sin embargo, allí ha sido siempre una parte tan asumida del juego que hasta muy recientemente a nadie se le ocurrió construir una cubierta retráctil.
Imagen: En el intermedio forzoso, el auténtico “Rain Man”, Dustin Hoffman, presencia el partido con, tras él, su compatriota, la legendaria campeona de tenis femenino Chris Evert.

Henry Roper Barrett
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Henry Roper Barrett

El célebre tenista británico Henry Roper Barrett, en 1912.

René Lacoste
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René Lacoste

Además de triunfar en el tenis liderando a la brillante generación de jugadores en los años 20 conocida como 'Los Mosqueteros', Lacoste fue también un innovador hombre de negocios, famoso por ser el fundador de la compañía de moda que lleva su apellido. Su apodo, 'El cocodrilo', le sirvió de inspiración para crear su logo. Ningún deporte –con la clara excepción del fútbol– ha lucido tanto ni ha despertado tanta pasión por la ropa como el tenis. 

Fred Perry
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Fred Perry

El legendario tenista británico Fred Perry, (1909-1995, ganador del torneo Wimbledon en 1934, 1935 y 1936), retratado, en compañía de la joven promesa del tenis, Bunny Austin, en 1935.

Dúo de ganadores
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Dúo de ganadores

Los tenistas Daniel Prenn (1904-1991, anglo-germánico, izquierda) y William Tatem Tilden II (1893–1953, estadounidense, derecha), más conocido como Big Bill, tras un partido de Copa Davis celebrado en Wimbledon en julio de 1929.

Henri Cochet
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Henri Cochet

El legendario francés Henri Cochet (1901-1987, 1,68 metros de altura) fotografiado a mediados de los años 20, quien, además de la Copa Davis, con su peculiar estilo ganó, entre 1922 y 1932, cinco veces Roland Garros y dos Wimbledon.

Célebre pareja
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Célebre pareja

Una pareja de grandes rivales amigos de los 80, a saber, el estadounidense Jimmy Connors (1952, ganador de dos Wimbledon, a la izquierda) y el checo Ivan Lendl (1960), el único de los campeones de esta selección que, pese a alcanzar la final en dos ocasiones, jamás consiguió ganar el más prestigioso torneo sobre hierba del mundo.

Björn Borg
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Björn Borg

El campeón sueco (Södertälje, 1957), en la imagen durante el Campeonato del Mundo de 1980, en Düsseldorf, a punto de sacar. El histórico rival de John McEnroe ganó Wimbledon cinco veces.

André Agassi
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André Agassi

No hay momentos en que se cree más afición que durante las eras Borg–McEnroe, Evert–Navratilova, Lendl–McEnroe, Sampras–Agassi, Seles–Graf, Venus–Serena o Federer–Nadal. Son esos partidos los que hacen que público y anunciantes revalidan su confianza en un circuito cuyos premios no dejan de crecer temporada tras temporada.
En la imagen, André Agassi (Las Vegas, 1970), ganador de Wimbledon en 1992, retirado en 2003 y casado con la campeonísima alemana Steffi Graf.

Pete Sampras
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Pete Sampras

El campeón estadounidense Pete Sampras (Washington, 1971), en Wimbledon a finales de los 90. Ganó siete veces el torneo inglés, y es para muchos el mejor jugador de tenis sobre hierba de la historia. René Lacoste (1904-1996; sobre estas líneas, durante un torneo en 1946).

Roger Federer
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Roger Federer

En la imagen, el jugador suizo Roger Federer (probablemente el mejor tenista de todos los tiempos), retratado en 2007 a su llegada a la primera ronda, en la que ganará al ruso Teimuraz Gabashvili.

Rafa Nadal
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Rafa Nadal

Tras la hegemonía de Estados Unidos, Suecia o Rusia, España es el país más respetado del mundo desde hace un par de décadas. Representamos el fenómeno tenístico más importante de los últimos tiempos, no sólo por tener tenistas exitosos sino gracias a nuestras academias, a las que vienen a formarse jóvenes de todo el mundo (Marat Safin o Andy Murray son dos buenos ejemplos). Y cuando se habla de tenis español se piensa en él, Rafa Nadal.

Dos (o cuatro) hombres (o mujeres) con sus respectivas raquetas, una pelotita de caucho y una red. Explicado así el tenis es, como el resto de deportes, de una aplastante simplicidad; pero qué compleja es la fascinación que suscita. Un buen partido encierra toda una paleta de emociones, las mismas que marcan la vida cotidiana: confianza, desánimo, euforia, sumisión, revancha, miedo a equivocarse, miedo a ganar... El tenis mueve más audiencias y dinero que nunca, agita fervores patrióticos y crea pasiones en torno a sus grandes figuras. Nos impregnamos del aura de un juego centenario que vive su mejor momento.

Prueba de la gran popularidad del tenis es el fenómeno, relativamente nuevo, de los fervores patrióticos. Antes las manifestaciones de orgullo patrio quedaban reservadas para los encuentros de Copa Davis, en la que a menudo las selecciones más peligrosas no son las mejores sino las más orgullosas de su bandera. Ahora, los colores (españoles, franceses, croatas, estadounidenses o de cualquier otra nación) están presentes en las gradas desde las primeras rondas de cualquier torneo del circuito. Hay un nuevo orgullo tenístico de las naciones. Y a propósito de ello podemos, sin miedo a parecer chovinistas, hablar de nuestro país. Casi debemos hacerlo.

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