Entramos en L’hòtel de París, el refugio de Oscar Wilde

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Entrada
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Entrada

Imagen de la entrada a L’Hôtel, en el barrio de Saint-Germain-des-Prés. Aquí llegó Wilde en 1898 y se inscribió bajo nombre falso, el de Sebastian Melmoth. No solo halló refugio, sino también de algún modo solidaridad, la de Monsieur Dupoirier, dueño del entonces Hôtel d’Alsace, como se llamaba el establecimiento, quien iría haciendo la vista gorda ante las cuentas impagadas del autor de 'El retrato de Dorian Gray'.

Ubicación bohemia
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Ubicación bohemia

L’Hôtel se ubica en la tan inspiradora –por bohemia y literaria– orilla izquierda del Sena, entre la Escuela de las Bellas Artes, que data de la época de Louis XVIII, y la rue de Seine, hoy plagada de galerías.

Espacio común
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Espacio común

Uno de los espacios comunes, con retratos de algunos de los huéspedes más ilustres. El hotel está a pocos minutos a pie de dos cafés emblemáticos, Aux Deux Magots y Café de Flore, cuyas terrazas miran al boulevard de Saint-Germain, y a otro mítico, como la brasserie Lipp. También estamos muy cerca del Sena y de la parte que da al Museo del Louvre.

Arte en cada rincón
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Arte en cada rincón

Adentrarse en L’Hôtel es hacerlo en un universo donde parece que se detuvo el tiempo. Impacta inmediatamente después de atravesar el pequeño lobby, el atrio (en la imagen): deja traspasar la luz exterior, hasta en los días más oscuros, ocultando una escalera en espiral y desvelando cada una de las seis plantas en las que se encuentran las habitaciones y suites.

Un 'cuchitril' con encanto
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Un 'cuchitril' con encanto

No es exactamente la habitación que ocupara él. La suya, en palabras de su traductor francés de la época, era “un cuchitril”. La que hoy vemos se trata de una habitación-homenaje-inspiración al poeta y dramaturgo, donde “la cama es la original, así como algunos de los muebles y objetos decorativos”, como nos explica durante nuestro recorrido Stéphane Morvan, director adjunto del establecimiento. Para el anecdotario, uno de sus huéspedes, extremadamente fan del autor irlandés, pasó una noche en ella, confesando a la mañana siguiente que, de la emoción, no había pegado ojo.

Habitaciones
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Habitaciones

Es el 5 estrellas más pequeño de la capital francesa, por eso de que solo cuenta con una veintena de habitaciones y suites, cada una decorada de manera diferente por Jacques Garcia, quien también se ha ocupado del resto del hotel.

Habitaciones
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Habitaciones

Detalle de una de las habitaciones, todas decoradas por el arquitecto de interiores francés Jacques Garcia.

Restaurante
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Restaurante

Muy recomendable igualmente su restaurante (en la imagen), con estrella Michelin y a cargo del chef Julian Montbabut. Con la llegada del buen tiempo, se abren además las puertas que dan a la terraza coronada por una fuente y un muro de vegetación. Confidencial hasta para muchos parisinos, algo que valoran sus huéspedes, así como quienes optan por darse cita en L’Hôtel para tomar una copa o compartir una cena a la luz de las velas.

Baños
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Baños

Vista del baño del spa y hamman.

Sala de estar
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Sala de estar

Sala de estar junto al bar.

Huéspedes con nombre
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Huéspedes con nombre

Para quien desee más espacio y obviamente cuente con más posibilidades económicas, disponen de un gran apartamento. Ideal para parejas, se recuerda que en L’Hôtel pernoctaron, además, Salvador Dalí, Grace de Mónaco, Elizabeth Taylor y Richard Burton, Jim Morrison… y que George Clooney es uno de sus asiduos.

Muebles de época
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Muebles de época

Con muebles de época, L’Hôtel figura entre los favoritos de estadounidenses y británicos.

Discreto glamour
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Discreto glamour

Perteneciente a la cadena de nicho británica A Curious Group of Hotels, no esconden su orgullo por este establecimiento de “discreto encanto y glamour inimitable”. Aunque pequeño, cuenta con piscina y hammam, solo para clientes, y con posibilidad de privatizarlos.

Visitas guiadas
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Visitas guiadas

Con una clientela principalmente de los Estados Unidos y el Reino Unido, organizan visitas con una historiadora por los lugares que Oscar Wilde frecuentara en París durante su primer viaje a la ciudad, en 1883. Hemingway, que residió también en esta capital y solía decir que “es la mejor ciudad para permitir que un escritor escriba”, de haberlo conocido, hubiese quedado fascinado por el bar de L’Hôtel –abierto todos los días hasta la 1 de la mañana–, otra de sus auténticas joyas, en cuya carta de cócteles podemos hallar hoy el 'So Wilde', compuesto de champán, licor Saint-Germain, coñac y zumo de lima.

La historia continúa
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La historia continúa

Mientras, el autor de 'La importancia de llamarse Ernesto' descansa no muy lejos de aquí, al norte de la ciudad, en el cementerio de Père-Lachaise, en una tumba-mausoleo repleta de marcas de carmín. Es obra del escultor Jacob Epstein y se erigió gracias a la cantidad aportada por un donante anónimo.

Era la tarde de un frío 30 de noviembre, el de 1900. Enfermo, débil y pobre, Oscar Wilde, de 46 años, daba su último suspiro en las paredes de su habitación de hotel. El otrora ilustre y reconocido escritor, y más tarde vilipendiado hasta prácticamente ser empujado al olvido. Dejaba una cuenta de más de cuatro mil francos de la época, lo que equivaldría a 14.000 euros actuales. Una placa lo recuerda a la izquierda de la fachada del edificio, mientras que a la derecha figura otra en que la se indica que aquí moró entre 1977 y 1984 el argentino Jorge Luis Borges, durante sus visitas a la capital gala. Estamos en L’Hôtel, en el barrio parisino de Saint-Germain-des-Prés, una dirección frecuentada por personalidades de las letras, también del mundo del cine y del teatro, que respira confidencialidad, empezando por su nombre.

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