Los famosos y sus hijos: de Kennedy y McCartney al polémico Onassis

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JFK y John John
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JFK y John John

Padre e hijo se parecieron hasta en la desgracia. aunque los problemas apretasen en el nudo de la corbata de John Fitzgerald Kennedy (1917–1963), su hijo John-John (1960-1999) lo siguió incondicionalmente bajo la mesa de su despacho o imitando sus pasos en sus alocuciones públicas. papá JFK siempre tenía razón y América pareció entenderlo. Lo freudiano de la patria: la nación les lloró como a un padre primero y como a un hijo después.

Paul McCartney y Stella
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Paul McCartney y Stella

“Baby, You can Drive My Car...” podría haberle cantado el jovencísimo McCartney de la imagen a su hija Stella (1971). Pero finalmente debió preferir conducir él y perderse por la campiña con su niña como cómplice. todo parece encajar entre el ex Beatle y la hoy diseñadora de moda. la niña se aúpa sobre el techo del coche presidiendo la imagen y Paul posa confiado. no hay peligro, todo está bien. el mismo mensaje de familia ejemplar que ambos transmiten cuando Paul acude a contemplar los desfiles de Stella en calidad de orgulloso padre.

Kingsley Amis y Martin
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Kingsley Amis y Martin

Además de su afición por el ajedrez y un agudo sarcasmo como escritores, Kingsley Amis y su hijo Martin no compartieron mucho más que la disputa constante. de las luces y sombras de la relación entre el novelista y poeta británico Kingsley Amis (1922–1995) y su hijo Martin (1949), también escritor, emerge la ácida descalificación mutua de un odio que antes fue amor. Martin representa un caso infrecuente en el mundo de la literatura: el del hijo de un escritor consagrado que llega a eclipsar la talla literaria del padre, quien se negó a leer ni una sola de sus novelas.

Paul Auster y Sophie
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Paul Auster y Sophie

Paul Auster (1947) es el escritor norteamericano más europeo. Su ficción destila una creatividad imprevisible, capaz de trastocar el ánimo del lector como si éste fuera una marioneta. su hija Sophie, de 18 años, acaba de grabar su primer disco y Paul ha escrito los textos de varias de las canciones. en la fotografía, padre e hija no se miran, pero parecen entenderse bien. y la luz que se filtra en escorzo hacia las flores es la de la claridad de un hogar donde parece anidar la admiración mutua y se teje el inicio de una saga con apellido Auster.

Kirk douglas y Michael
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Kirk douglas y Michael

El parecido físico de padre e hijo es notable, sobre todo en las comisuras de los labios. la talla actoral de cada uno, largamente discutible. el neoyorquino Kirk Douglas (1916) levantó tres veces la estatuilla de los Oscars, y su hijo Michael (1944) tuvo en su apellido la mejor pértiga para ser levantado a pulso hasta las mieles de Hollywood. en la imagen, Michael, todavía un niño, juega con su hermano Joel a probar la fuerza del protagonista de Espartaco.

Luis Miguel Dominguín y Miguel Bosé
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Luis Miguel Dominguín y Miguel Bosé

La actriz Lucía Bosé (1931) y el torero Luis Miguel Dominguín (1925-1996) fueron una de las parejas más glamurosas de su tiempo y sus círculos de amigos eran frecuentados por artistas y celebridades. Miguel Bosé (1956), el primogénito varón de la pareja, apenas tenía 12 años cuando el matrimonio se divorció. Después iniciaría su carrera como músico y actor. En esta imagen, padre e hijo aparecen juntos en una de las reuniones estivales de la familia: Miguel a hombros del torero humanista junto al pintor Salvador Dalí, ataviado con Corona de Flores.

Aristóteles Onassis y Christina
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Aristóteles Onassis y Christina

En la imagen, el dedo índice del magnate griego Aristóteles Onassis (1906-1975) podría indicar un ‘mea culpa’ o, elevarse, por el contrario, en actitud de bendecir; el de su hija Christina (1950–1988) quiere acusar o aleccionar. Y la estampa, un plácido fotograma en la piscina de la abundancia, parece aludir, como en la tragedia griega, al clímax de la desgracia: cuando nada se ha advertido todavía. Padre e hija tuvieron un final trágico, recibiendo a la muerte en la más oscura de las soledades. La tragedia no entiende de herencias, de cifras ni de genes.

Francis Ford Coppola y Sofia
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Francis Ford Coppola y Sofia

En esta imagen de 1984 en su residencia de los ángeles, padre e hija posan plácidamente para la cámara. Hacía poco que el realizador Francis Ford Coppola (1939) se había arruinado tras la compleja aventura de Apocalypse Now y su hija Sofia (1971) todavía adolescente, abrazaba la oronda figura del padre. Los reveses no importan si aún tenemos cerveza y abrazos. Al padre y a la hija les gusta la buena mesa y hacer buen cine, y ambos son autores de piezas clave en el universo fílmico de cada generación que los envuelve. Francis ha marcado todo un hito histórico con El padrino y Sofia ha plasmado todo un manifiesto de cine independiente en la industria de Hollywood con su ópera prima, Las vírgenes suicidas.

Los hijos y las hijas se parecen indistintamente a los padres o a las madres. A veces, incluso, a ninguno de los dos. Lo nuevo es que al preguntarles hoy a los más jóvenes a quién de los dos preferirían parecerse, la mayoría confiesa que, de ser posible, les gustaría ser como su madre. El padre no ha desaparecido, pero lo que le ocurre a su figura es que ha perdido un sustancioso grado de nitidez.

Ser un buen padre hoy incluye pasar por la fórmula de ser una buena madre y de este trayecto nace en estos tiempos un híbrido que todavía no ha logrado una consistencia diferencial. Como consecuencia, los niños entienden que el paradigma de su bienestar se encuentra en la figura materna sin que necesariamente calque a la omnímoda fuente aprovisionadora de Freud.

El hombre estuvo demasiado ocupado fuera de casa y la mujer ha gestionado, con empleo exterior o sin él, la mayor parte del cariño, trasmite todavía el humor del padre y aporta su habilidad negociadora cuando se hace menester. Tanto la madre como el padre se alejan de los hijos con los desplazamientos laborales y, sin quererlo, crean graves vacíos. Los quieren pero apenas pueden verlos, desean todo su bien pero no saben cómo darlo cuando regresan demasiado maltrechos del trabajo.

Padre y madre soportan una ansiedad casi constante compuesta con raciones de impotencia y sentimientos de culpa a la vez. El proyecto de tener un hijo se relaciona no sólo con el dinero; también con disposición para afrontar los dolores de la incompatibilidad entre profesión y familia. Puede que el mundo necesite mucho tiempo para prosperar humanamente pero ¿qué duda cabe que la cosecha de nuevos padres, en el modelo renovado de neomadres, dará a luz una cosecha de hijos y nietos mucho más dulce y grata de habitar? 

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