Guía del Londres más británico: tiendas, hoteles y clubes

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Berry Brothers & Rudd
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Berry Brothers & Rudd

Un suelo con grandes tablas irregulares de madera, un escritorio que parece sacado de un libro de Dickens y un tímido dependiente anglo-francés que habla de grandes añadas con solemne ritualidad. Entrar en Berry Brothers & Rudd, en el número 3 de St. James Street, es como atrasar el reloj unos cuantos siglos. La compañía de bebidas espiritosas vende vino de Burdeos desde 1698 y desde hace más de 250 años abastece la Casa Real inglesa de toda clase de bebidas alcohólicas.

Lock & Co
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Lock & Co

Un poco más allá, en el número 6, la tienda de Lock, sombrerero desde 1686, expone sombreros Panamá tan finos como telas de lino, gorras de tweed y cachemira, sombreros de fieltro de todas las formas, chisteras de ceremonia y algún bombín, ya que el modelo fue creado aquí, en 1849, para complacer a un cliente cansado de perder con demasiada frecuencia su sombrero de copa en las ramas durante la caza del zorro.

John Lobb
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John Lobb

En el número 9 está John Lobb, que vende zapatos y botas rigurosamente hechas a mano, con ocho meses de espera para tener el primer par y no menos de 3.000 euros, dependiendo de la piel, el modelo y la excentricidad del cliente. Aunque algo más reciente, de 1787, J. J. Fox es el cigar merchant más antiguo de Inglaterra: su salita-museo subterránea, entre pedidos firmados por Winston Churchill y Oscar Wilde, es también el único espacio londinense abierto al público donde se puede fumar legalmente.

Simpson’s in the Strand
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Simpson’s in the Strand

A la hora de comer, junto a grandes innovadores como Jamie Oliver, Marco Pierre White o Gordon Ramsey, se encuentran prestigiosos restaurantes como el Rules (1798), en Covent Garden, o el Simpson’s in the Strand (surgido como club de ajedrez en 1828).

Penhaligon’s
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Penhaligon’s

La perfumería es protagonista de la historia de la perfumería artesanal. La tienda fue fundada por William Penhaligon en 1860.

Turnbull & Asser
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Turnbull & Asser

He aquí una de las tiendas más célebres de Londres, auténtica ‘embajada’ del estilo británico desde 1885. Las camisas de Turnbull & Asser atraen desde 1864 a los hombres europeos y son muy apreciadas por Carlos, de quien llevan el warrant, pese a que, según parece, la sociedad es de Mohamed Al Fayed, lo que demostraría que el buen gusto en el vestir (¿o la vanidad?) supera todo rencor.

The Landmark
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The Landmark

En cuanto al hospedaje, el heritage permite singulares inmersiones en la época victoriana-georgiana, cuando el imperio británico dominaba una cuarta parte del planeta. Sin falsos pudores, la alta burguesía de aquella época extraordinaria no escatimaba en gastos para celebrar su éxito creando ambientes fastuosos, como el que se encuentra en el Landmark Hotel, un palacio de estilo compuesto (neogótico, barroco y renacentista, fundidos a la manera victoriana en 1899), un 5 estrellas con la lujosa solemnidad del Ancien Régime.

The Landmark
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The Landmark

El hotel-palacio de 5 estrellas, en el 222 de Marylebone Road, es una síntesis perfecta de comodidades modernas y lujo old style.

Aquascutum
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Aquascutum

Son legendarios sus impermeables. Fundada en 1851, ha vestido al ejército británico, a la Royal Air Force y a gentlemen como Cary Grant, modelo de excepción.

Liberty
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Liberty

Antaño conocido como la mejor tienda al por menor de artículos de estilo Art Nouveau, este gran almacén londinense fue fundado en 1875.

 

Enrique Murillo

En un extremo, Savile Row. En el otro, el postpunk. Y entre estos dos extremos, lo británico. Ese acertijo. No hay en toda Europa una sociedad en la que las fronteras de clase, las fronteras culturales, sean tan infranqueables. Hasta en el acento y en el léxico, en el modo de pronunciar las mismas palabras, las distancias son gigantescas. Las marcas que señalan la procedencia social son terriblemente visibles. Eton a un lado, y los bloques de pisos municipales al otro. La hípica y el cricket para unos, el fútbol para los demás. La City, el bombín, la camisa azul celeste con cuello blanco y corbata de nudo ancho para unos, y el pelo en cresta verde y la ropa de cuarta mano para otros. 

Al igual que en la metafísica derivada de las ideas y prácticas de la alquimia, este paisaje de extremos tiene una coherencia notable.  Y me gusta precisamente porque logra combinar, aparentemente sin esfuerzo, este universo de extremos, hasta el punto de convertir la contradicción en una forma de vivir y hasta de convivir, en el sentido más fuerte de la palabra, encomiable y envidiable. 

La perfecta combinación de disciplina voluntariamente aceptada sin resentimiento, y la amable aceptación de la anarquía, de la singularidad, siempre me han parecido celestiales, sobre todo para alguien que ha vivido durante muchos años el infierno de un país en donde un policía cree ser la autoridad, y no su representante. Hay una tolerancia muy británica que se aplica al modo de vestir y de vivir, a la forma de organizar la convivencia de la sociedad, y no la he visto parecida en ningún país del mundo. 

Hay quien prefiere el estilo francés. Yo me quedo cien mil veces con el británico, por esa capacidad singularísima de conciliar los opuestos.

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