Purasangres: la nobleza del caballo de carreras se cría en Newmarket

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Más que un caballo
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Más que un caballo

El purasangre no es un caballo cualquiera. Hay que verlo de cerca, olerlo, tocarlo para sentir el poder que detenta sobre el suelo que pisa. Su porte es regio, orgulloso, un dibujo de trazo perfecto; sus músculos, desarrollados hasta el límite, como los de un velocista en los tacos de salida; su oscura mirada es vivaz y confiada; su pelo, cortísimo y limpio, refulge incluso a la luz del día más encapotado; su respiración, como un motor al ralentí, a punto de estallar

CIUDAD PEGASO
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CIUDAD PEGASO Esta pequeñísima ciudad se encuentra a 20 kilómetros de Cambridge. Si ésta última es un templo del conocimiento, Newmarket lo es de campeones, ineludible destino de peregrinación para los amantes de las carreras de caballos que, al menos una vez en la vida, deben asistir a la celebración de una de las pruebas más importantes del orbe, la Two Thousand Guineas Stakes.
Libertad
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LibertadEl purasangre precisa criarse en libertad en amplias praderas cercadas, limitando el uso de las cuadras a lo imprescindible. Son los mandamientos de una pasión casi religiosa en busca del caballo perfecto.
Carreras inglesas
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Carreras inglesasLas carreras modernas, las que se repiten todos los años bajo las mismas condiciones de peso, distancia y temporada, tienen su origen en Inglaterra, más o menos al mismo tiempo en que empieza a funcionar el Stud Book, en el último cuarto del siglo XVIII. 
Competición
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Competición Se corre en todo el mundo, de Kentucky a París, pasando por San Sebastián, Australia, Irlanda, Japón y el Oriente Medio. Divididas en distintas categorías y grupos según diversas condiciones –de edad, peso, distancias...–, la cuantía de sus premios va desde los 5.000 a los 4.000.000 de dólares. Por no movernos de los límites de su origen nos quedamos con tres carreras inglesas muy especiales
Integrado en sociedad
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Integrado en sociedadDesde el siglo XVII, bajo el reinado de Carlos II, la cría de caballos florece en los 40.000 acres sobre los que se levanta hoy Newmarket, una población donde el purasangre se integra de lleno con el paisaje y la vida de los ciudadanos.
En cada rincón
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En cada rincón En Newmarket, la pequeña ciudad británica, todo gira alrededor del caballo purasangre. , te deja sin aire ni palabras. Palabras que no llegan a la boca al ver la elástica tensión de su galope y escuchar la armónica y apabullante sincronía de su paso, tocado sobre el tambor de una pista de entrenamiento. Pero para que todo esto suceda han de pasar otras muchas cosas que no son ni fáciles ni gratis: tiempo, espacio, dinero. Y todas en cantidades generosas, además.
Cifras de escándalo
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Cifras de escándalo Cuando una carrera puede decidirse en el cajón de salida y su particular teoría del caos echa a correr camino de la meta, todo lo que sucede antes de ese mismo momento debe estar previsto y controlado al milímetro. Y, si todo sale bien, la gloria: un gran semental, con 12 temporadas por delante para cubrir –lo que significa, aproximadamente, unos 840 hijos; y en este hipotético caso (hablamos de un semental de nivel medio–alto, al precio de 20.000 euros por monta; aunque los hay por los que llega a pagarse hasta las 70.000 libras), sus ingresos brutos podrían llegar a los 17 millones de euros.
Un día en las carreras
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Un día en las carreras Cuentan que un bookie español dijo que “el más noble destino de un billete de curso legal es ser apostado”, y en las carreras hay tantas teorías sobre las apuestas como caballos en el paddock.
Los reyes de la casa
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Los reyes de la casaLos caballos son animales versátiles, que viven en climas y bajo condiciones muy variados. La raza Árabe, de la que deriva el Purasangre Inglés, procede a su vez de la mítica raza Kochlani, originaria del desierto de Siria; y en el norte de África, caballos bereberes viven en clima mediterráneo; al mismo tiempo, los purasangre viven sin problemas en climas más húmedos como el de las Islas Británicas, climas fríos como el de Canadá o el continental de Kentucky.

Un purasangre no es un caballo cualquiera. Hay que verlos muy de cerca, olerlos, tocarlos para sentir el poder que detentan sobre el suelo que pisan. Su porte es regio, orgulloso, un dibujo de trazo perfecto; sus músculos, desarrollados hasta el límite, como los de un velocista en los tacos de salida; su oscura mirada es vivaz y confiada; su pelo, cortísimo y limpio, refulge incluso a la luz del día más encapotado; su respiración, como un motor al ralentí, a punto de estallar, te deja sin aire ni palabras. Pero para que todo esto suceda han de pasar otras muchas cosas que no son ni fáciles ni gratis: tiempo, espacio, dinero. Y todas en cantidades generosas, además. 

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Cuentan los entendidos que ya en el siglo XVI se celebraban carreras en Warren Hill, una suave colina del condado de Suffolk; y es cierto que en el XVII, bajo el reinado de Carlos II, la cría de caballos florece en los 40.000 acres sobre los que se levanta hoy Newmarket. Pero lo que le da carta de titularidad definitiva a la cría del purasangre, ya en el XVIII, es la creación del Stud Book, el Nuevo Testamento del mundo del purasangre inglés que recoge las filiaciones de aquellos caballos –descendientes directos de la Santísima Trinidad de la raza purasangre, formada por Darley, Byreley y Lord Godolphin– que han demostrado su excelencia a lo largo de los últimos 300 años. / Imágenes: JORDI ADRIÁ

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