Las habitaciones de hotel con las mejores vistas del mundo

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Hotel Plaza (Nueva York, Estados Unidos)
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Hotel Plaza (Nueva York, Estados Unidos)

Nadie diría que la imagen procede del cogollo de Manhattan, entre la Quinta Avenida y Central Park. Allí se alza este clásico edificio de principios del siglo XX, con sobrio diseño de palacio renacentista, lugar de interés histórico nacional. Una frondosa arboleda se contempla desde las ventanas de sus habitaciones, ofreciendo el mejor descanso para el viandante acogotado por los rascacielos de la Gran Manzana. Este mismo paisaje divisaron los Beatles, huéspedes durante su primer viaje a Estados Unidos, en 1964. 

Tivoli Mofarrej Hotel (São Paulo, Brasil)
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Tivoli Mofarrej Hotel (São Paulo, Brasil)

Tras una jornada sintiéndose una hormiguita entre las espectaculares avenidas y mastodónticos edificios de São Paulo, ¿qué mejor redención para el viajante que contemplar, en el crepúsculo, los mismos rascacielos a vista de pájaro? En la planta 22 de este céntrico Tivoli paulista se encuentra la suite presidencial más grande de Latinoamérica, de 750 metros cuadrados. Pero, desde cualquier ventana de las plantas superiores, podemos hacer que nuestra propia sombra, como en la imagen, presida la noche estelar de São Paulo. 

Admiral (Copenhague, Dinamarca)
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Admiral (Copenhague, Dinamarca)

Es una habitación del hotel Admiral, un majestuoso edificio del siglo XVIII que pende sobre el puerto de Copenhague, sin nada que envidiar a los colindantes Palacio Real y La Ópera. Las vistas se complementan, en cada cuarto, con vigas vistas de lujosa madera de pino. En esta ceñida toma, parecería tratarse de la coqueta buhardilla de un personaje de Andersen. La casa, ¿por qué no?, de ‘La sirenita’, en ese instante en que, al fin, ella puede ver sin ser vista; y desde donde sale, muy de mañana, hacia su oficina del mar. 

One&Only Reethi Rah (Kaafu Atoll, Islas Maldivas)
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One&Only Reethi Rah (Kaafu Atoll, Islas Maldivas)

Esto es solo una síntesis de cualquier perspectiva que, en su acristalado panóptico, brindan estas paradisíacas room-boats, radicadas sobre un atolón de las Maldivas. Una inmensa porción del cálido y azul océano Índico deviene aquí en piscina privada, para vivir de veras una experiencia insular, voluntaria, recreada, plácida. El hotel cuenta, incluso, con restaurantes flotantes. En este caso, el paraíso en la otra esquina se refiere a la propia estancia.

Termales El Otoño (Manizales, Colombia)
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Termales El Otoño (Manizales, Colombia)

La frondosa cordillera que envuelve el denominado “eje cafetero”, en Colombia, es uno de los parajes más desconocidos y magnéticos del corazón del país. El hotel Termales El Otoño, en la recoleta y altiva Manizales, situada entre las montañas, permite una espléndida visión de la zona. Además, la ciudad colombiana es pródiga en aguas termales y celebra, cada año, un ya clásico festival de teatro a la intemperie. Es la otra cara del realismo mágico, surgido en la costa caribeña y reclamo turístico de todo el país. 

Adlon (Berlín, Alemania)
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Adlon (Berlín, Alemania)

Nocturno de Brandemburgo. Así podría denominarse esta privilegiada vista, que se sumerge en el esplendor de la cara berlinesa de la luna. Aunque reinaugurado en 1997, el hotel data de 1907, y ha sido morada de infinidad de políticos y famosos, entre ellos Charlie Chaplin y Marlene Dietrich. Inspiró la película Grand hotel (Edmund Goulding, 1932), con Greta Garbo y Joan Crawford. Y, durante la II Guerra Mundial, sirvió de hospital de campaña, hasta que fue incendiado en 1945. ¿Cómo será, al alba, volver a tocar desde aquí el cielo sobre Berlín? 

Victoria Falls Hotel (Cataratas Victoria, Zimbabue)
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Victoria Falls Hotel (Cataratas Victoria, Zimbabue)

Un desayuno con diamantes para el ojo ofrecen estos manteles tempraneros de Victoria Falls Hotel. Las piedras preciosas son las propias cataratas Victoria, mientras que las sillas se tiñen del color de la piel de los leones: es el safari de la mirada en pleno corazón africano. Sin apartarse del café con leche servido en la propia estancia, el huésped puede divisar los dos países unidos por el célebre puente. De un lado, Zimbabue, donde está enclavado el hotel. Según se cruza, empieza la misteriosa Zambia.

Hotel Riverside Resort (Hoi An, Vietnam)
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Hotel Riverside Resort (Hoi An, Vietnam)

De fachadas angostas y calles rectilíneas, Hoi An es una de las más hermosas ciudades coloniales de la Cochinchina. Fue durante siglos su principal puerto comercial, por hallarse en la desembocadura del río que le da el nombre, Hoi An, al mar de la China meridional. Este esquinado mirador doble invita a especular sin término, por el amplio delta, entre el agua marina y fluvial. 

Commune by The Great Wall (Pekín, China)
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Commune by The Great Wall (Pekín, China)

No hay aquí, en Pekín, apenas distinción entre el interior y el paisaje. La ventana es indiscreta para adentro, asombrada por el bambú y una disposición que parece florecida en lugar de diseñada. Es un rasgo de las perspectivas asiáticas: continuismo, liviandad. La dinastía Ming construyó la imponente Gran Muralla -que, por su cercanía al hotel, le da el nombre-, pero también los jarrones más delicados. Las vistas desde los quicios de Commune By The Great Wall son frágiles y resistentes, como los juncos. 

Hotel Cipriani (Venecia, Italia)
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Hotel Cipriani (Venecia, Italia)

Es uno de los hoteles más lujosos del mundo, un opulento palacete del siglo XV, con intacta atmósfera de época, varado en la frondosa isla de Giudecca. De su construcción parece emerger, con San Marcos al fondo, el epicentro de Venecia. Dicen que Casanova mantuvo citas secretas en sus jardines, y algo de su mirada de cristal de Murano, junto al embeleso de sus amantes, asiste a quien se asome al ventanal. 

Hotel Andaz (Ámsterdam, Holanda)
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Hotel Andaz (Ámsterdam, Holanda)

Situado entre dos canales que ya incitan a dormir aquí como un sultán –el Prinsengracht (canal de príncipes) y el Keizersgracht (canal de emperadores)–, este hotel abierto en 2013 albergó durante 30 años la biblioteca pública de la ciudad. Hoy recoge todo el imaginario del diseñador holandés más famoso del momento, Marcel Wanders. Un imaginario surrealista con sus jarrones huevo, sus mesillas de noche de porcelana o sus cabeceros gigantes en forma de polaroid con imágenes de peces, tenedores o cepillos. Tolerancia en el diseño, como corrresponde al buen holandés.

Six Senses Con Dao (Con Son, Vietnam)
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Six Senses Con Dao (Con Son, Vietnam)

En el archipiélago de Con Dao de Vietnam, donde 16 paradisíacas islas se reparten por el sur del Mar de China, aparece un resort silencioso con 50 villas con piscina infinita privada cada una. En la isla de Con Son se encuentra este complejo de lujo en plena naturaleza diseñado como un tradicional poblado vietnamita, donde la madera adquiere la categoría de lujo sobre la que sustentar la hamaca. Cada villa mira a su vez a la montaña Elefante, un vecino frondoso y oscuro que contrasta con los 76 kilómetros de playas vírgenes que rodean el resort.  

Hotel Sangri-La (Londres, Reino Unido)
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Hotel Sangri-La (Londres, Reino Unido)

Son 202 escaparates, los mismos que el número de habitaciones que entre la planta 34 y 52 acoge este nuevo hotel de lujo con vistas al río Támesis, a la catedral de Saint Paul o al Parlamento británico. 202 habitaciones en lo que es el rascacielos más alto de la Unión Europea, la torre The Shard, construcción del arquitecto Renzo Piano. El hotel está en el barrio de moda de la capital británica, South Bank, en las faldas del Borough Market y a dos pasos de la zona de galerías de arte que rodean la Tate Modern. El nombre de la cadena hotelera significa ‘Horizontes perdidos’, los que desparecen tras las vistas infinitas de sus ventanales.

Monteverdi (Siena, Italia)
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Monteverdi (Siena, Italia)

El lujo rural se entiende e incluso se huele cuando se conoce este hotel en plena Toscana italiana. Tres edificios rurales de estilo medieval en Castiglioncello del Trinoro (Siena) acogen no más de 20 habitaciones, algunas con más de 200 metros y jardín privado, con vistas al valle d’Orcia. Los despertares aquí son más reales, 

Hotel On Rivington (Nueva York, Estados Unidos)
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Hotel On Rivington (Nueva York, Estados Unidos)

Dormir en Nueva York sin ver el Empire State saludándote por las mañanas es casi como no dormir aquí, en la mejor ciudad del mundo. Situado en el emergente barrio de Lower East Side, a cinco minutos de la zona de tiendas del Soho, las habitaciones acristaladas donde Manhattan te da los buenos días (o las buenas noches), están pensadas por decoradores japoneses que cuidan el descanso y la sobriedad. Porque aquí lo importante no es la decoración minimal, ni la cama ‘king size’, ni los ‘amenities’ orgánicos... Aquí lo que te preocupará es el skyline. 

Hotel Imperial (Viena, Austria)
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Hotel Imperial (Viena, Austria)

La que fuera residencia privada del príncipe Felipe de Württemberg en 1863, terminó siendo pocos años después Hotel Imperial para la Exposición Universal de Viena de 1873. Recientemente renovado por el diseñador de interiores Alex Kravetz, se encuentra en el icónico Ringstrasse, el bulevar circular de la ciudad austríaca, y es famoso por tener un pasaje original que conecta el hotel con el Musikverein, la sede de la Filarmónica de Viena, y que todavía hoy se utiliza para los huéspedes que quieran entrar en el auditorio de manera exclusiva. 

Nada como una ventana vincula el espacio exterior con el paisaje interno, donde, a su vez, se orean, de par en par, sensaciones y pensamientos. Por eso, descorrer las cortinas y ponderar el alcance de la mirada es uno de los primeros actos que emprendemos al entrar en una estancia desconocida. Es el camino más corto para domeñarla: a través de Una habitación con vistas, obtener Una habitación propia (como se titulan, respectivamente, las novelas de E.M. Forster y Virginia Woolf: los dos, curiosamente, miembros del grupo Bloomsbury, que clamaba por iluminar y airear la precintada moral victoriana).

Todo esto sucedía en los albores del siglo XX, cuando fueron construidos algunos de los hoteles que ahora nos ocupan, como el Adlon, de Berlín o el Plaza, de Nueva York. Los hay, incluso, anteriores; y otros, de creación muy reciente. Todos ellos muestran fabulosos encuadres desde los quicios de sus paredes.

[Lea también: Los diez mejores vestíbulos de hoteles del mundo]

Y como escribió Baudelaire en El spleen de París: “No hay objeto más profundo, más misterioso, más fecundo, tenebroso y deslumbrante que una ventana tenuemente iluminada por un candil”. He aquí una selección de los más fascinantes. A juzgar por la ambición voraz de nuestro idioma, son muchísimas miradas, casi incontables, las que estas ventanas ofrecen.

De hecho, así como los anglosajones –también Forster– se ciñen con precisión a una vista por habitación (A room with a view), la fonética española, hermosamente, la pluraliza: una habitación y un paisaje, pero muchas vistas. No es un eufemismo. Barra libre para la mirada. Aun, entre visillos, nos servimos a discreción.

 

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