El arte de perderse: un recorrido por los laberintos más asombrosos del mundo

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Longleat House
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Longleat House

Los orígenes del laberinto son muy antiguos. El título del trabajo fundamental que sobre él escribió Hermann Kern —Through the Labyrinth: designs and meanings over 5.000 years— puede darnos una idea de esa antigüedad. La vastísima iconografía sobre el laberinto, que arranca de la prehistoria, llega hasta la época contemporánea sobrecargada de temas religiosos, culturales, lúdicos y, obviamente, mitológicos. ¿Quién no conoce la leyenda del laberinto del Minotauro?
Vista aérea del laberinto más largo del mundo: Longleat House (Wiltshire, Inglaterra).

Longleat House
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Longleat House

El laberinto de Longleat se encuentra en la casa del mismo nombre, propiedad de los Marqueses de Bath, situada entre Warminster y Wiltshire en Somerset Inglaterra.

Laberinto de Drielandenpunt
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Laberinto de Drielandenpunt

Ahora bien, ¿qué es técnicamente un laberinto? Es un dibujo, un lugar, un símbolo. En Inglaterra, los primeros laberintos trazados en los prados en épocas remotas simbolizaban el renacimiento con el equinoccio de primavera; en la época caballeresca eran la prueba que había que superar, en una búsqueda permanente, galante y real, de aventura y prueba espiritual. En la imagen, vista general del laberinto de Drielandenpunt, en Holanda, realizado en 1991.

Laberinto de Drielandenpunt
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Laberinto de Drielandenpunt

Vista un poco mas ampliada del laberinto holandés, en la ciudad de Vaals, con arbustos de gran altura que dificultan, aún más, ubicarse en él. 

De diseño
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De diseño

Vista aérea del laberinto antropomorfo en el jardín del artista suizo Daniel Spoerri en Seggiano, en la provincia de Grosseto, Italia. En nuestros días, el laberinto vuelve a ejercer una fascinación, sobre todo en su diseño de red, el más complicado replantea las dificultades de la elección, la maraña metropolitana, la neurosis y la alienación: ya no es un lugar para perderse físicamente, sino más bien psicológicamente. Al laberinto se acercan artistas, filósofos y proyectistas, sobre todo ingleses, que son maestros indiscutibles de este arte.

Jardines privados convertidos en laberintos
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Jardines privados convertidos en laberintos

Randall Coate, ex diplomático octogenario, proyecta y diseña la que se considera la última frontera del lujo: el laberinto en el jardín privado. A él se dirigieron el marqués de Bath y el duque de Marlbourough, pero también la ciudad de Buenos Aires, que le ha encargado un laberinto en memoria de Jorge Luis Borges. En la imagen, un pequeño laberinto en el jardín de una villa privada inglesa.

Labertintos de arte
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Labertintos de arte

El encanto de los dédalos verdes ha contagiado también a numerosos artistas: el suizo Daniel Spoerri, ecléctica figura del arte contemporáneo, ha realizado un laberinto antropomórfico en su jardín de Seggiano, en las laderas del monte Amiata, donde se pueden admirar instalaciones y esculturas de Spoerri y de otros artistas internacionales a lo largo de un sendero botánico al cuidado de la arquitecta paisajista Irma Beniamino. En la foto, versión de 2003 del laberinto efímero de Villa Contarini a Piazzola, en Padua, Italia.

Jubilee Maz
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Jubilee Maz

Imagen del Jubilee Maze, creado en 1981 en Herefordshire, Gran Bretaña.

Inspiración literaria
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Inspiración literaria

También hay quien ha inventado una nueva forma de arte, la de los laberintos efímeros, que atrae cada vez a más apasionados: desde 1996 son ya más de dos millones las personas que han visitado las extravagantes creaciones de Labyrinthus, una aventura que Isabelle de Beaufort y Bernard Ramus han emprendido creando increíbles laberintos de maíz, sorgo y flores en distintos parques de Francia, inspirándose en temas de fábula como 'Alicia en el país de las maravillas' o 'El Mago de Oz', los héroes de Julio Verne, Victor Hugo o Alejandro Dumas.. 

Laberíntico de Ribeauville
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Laberíntico de Ribeauville

En la imagen, recorrido laberíntico de Ribeauville, Alsacia, creado por el grupo Labyrinthus. Observándolo desde lo alto, se pueden leer frases de Victor Hugo.

Con sello español
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Con sello español

El laberinto de Villapresente (Cantabria) es un entramado de cipreses leylandi “Cupressus leylandii” de 5625m² de superficie. En su interior podrás recorrer algo más de 5km de pasillos de aproximadamente 1m de anchura y 2,5m de altura. El diseño está inspirado en los laberintos ingleses de los siglos XVIII y XIX. Estos laberintos los construían las grandes fortunas del Reino Unido con el fin del entretenimiento de las clases pudientes en los apacibles días veraniegos. Muchas veces contenían en su interior estatuas que representaban fábulas romanas o dioses de la mitología griega. En otras ocasiones albergaban torres, fuentes o invernaderos con plantas exóticas.

Con sello español
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Con sello español

Las plantas utilizadas normalmente eran el tejo o, como en el caso de nuestro laberinto, el ciprés. Estos árboles crecen con facilidad en el norte de España, por lo que Cantabria es un lugar ideal para este tipo de construcción vegetal.

Richard Morris
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Richard Morris

Entre los laberintos de artista, tal vez el más conocido sea el de Richard Morris en el parque de la fábrica de Celle (Italia), conjunto que reúne una rica colección de Land Art contemporáneo. A lo largo de un recorrido de casi 60 metros, el laberinto de Morris discurre entre paredes que en algunos puntos se deforman ladera abajo creando poderosas ilusiones ópticas y provocando en el visitante una excitante y profunda sensación de pérdida, para descubrir después, desde una plataforma elevada, que el laberinto tiene forma de triángulo equilátero y que el recorrido, en realidad, lleva al punto de partida.

Demolido. “A causa de su espesa e intrincada vegetación, se usa para fines que están prohibidos en lugares públicos”. Con esta rotunda frase de 1892 se sancionaba el fin del laberinto del Parque de Schonbrunn, en Viena, que los Habsburgo ordenaron construir en el siglo xvii. Efectivamente, a partir del momento en que el parque se abrió al público, ya no era un lugar de placenteros encuentros reservado a los nobles de la corte.

Éste es, desde siempre, el destino del laberinto: pasar, sucesivamente, según las épocas, de un lugar cargado de significados esotéricos, religiosos y literarios a lugar de juego, de esparcimiento, de placer, que aparece, desaparece, se pone o se pasa de moda. En el siglo XX el laberinto ha recuperado su importancia. Parte del mérito lo tiene su máximo defensor, Italo Calvino, superado sólo por el argentino Jorge Luis Borges, definido por la Enciclopedia Einaudi de 1979 como “el mayor laberintólogo contemporáneo”.

La literatura del siglo xx ha devuelto a este lugar mágico todos los significados del pasado más remoto, cuando ya la mayor parte de los laberintos habían desaparecido de los parques y jardines. Reconsiderado como recorrido de conocimiento y, por lo tanto, como lugar de la confusión y la alienación típicas de la civilización contemporánea, el laberinto vive actualmente una nueva etapa y a menudo se le asocia con Internet, laberinto virtual en que uno puede perderse, inconsciente de la construcción global.

 

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