Salzburgo, Tirol, Baviera. Una ruta de ensueño por el corazón de Europa

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Salzburgo, no solo música
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Salzburgo, no solo música

Tras aterrizar en Munich (Alemania), Salzburgo es la puerta de entrada a nuestra ruta austriaca. La ciudad de Mozart respira música en todos sus rincones, especialmente en la época de los festivales, en verano. Pero no solo. Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, atravesada por el río Salzach, ofrece un tranquilo paseo entre edificios barrocos, palacios medievales y espacios de estilo italiano salpicados de restaurantes, cafeterías y tiendas en las que la artesanía y el lujo parecen haber escapado del efecto globalizador que domina otros centros históricos. El Hotel & Villa Auersperg, moderamente apartado de las calles más bulliciosas, ofrece una elegante y relajada estancia durante los días en Salzburgo.

Al pie del gran castillo
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Al pie del gran castillo

La omnipresente fortaleza de Hohensalzburg define el perfil de la ciudad. Construida en 1077, en torno a 1500 adquirió su aspecto actual. Sus muros esconden una intrincada historia de príncipes y arzobispos bajo cuyo mandato Salzburgo se mantuvo independiente hasta mediados del siglo XIX. En la imagen, en primer plano, la bola dorada con una figura humana de madera es una obra del artista Stephan Balkenhol, en la plaza de Kapitelplatz. 

Viaje por la historia
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Viaje por la historia

Recorrer Salzburgo en carruaje tirado por caballos es una posibilidad tan turística como atractiva. En la imagen, un grupo de carruajes espera clientes en Residenzplatz, junto a la catedral.

El puente de los candados
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El puente de los candados

Entre la oferta cultural de Salzburgo, por cuyas calles lucen diseminadas sorprendentes obras de arte, destaca el Museo de Arte Moderno Mönchsberg, situado en un promontorio con vistas a la ciudad. En la imagen, el museo y, en primer plano, el puente Makartsteg, conquistado también por la tradición de sellar el amor con un candado.

Hallstatt y la zona de los lagos
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Hallstatt y la zona de los lagos

Desde Salzburgo, la primera visita fuera de la ciudad nos lleva a la zona de los lagos, a poco más de una hora en coche hacia el este en una ruta que el paisaje convierte en un destino en sí mismo. En la orilla de uno de los numerosos lagos que se suceden en la ruta se encuentran el que muchos califican como el pueblo más bonito de Austria, Hallstatt (que incluso ha inspirado una copia, casi casa a casa, en China).

Dasposthotel, refugio en Zell and Ziller
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Dasposthotel, refugio en Zell and Ziller

En plena ruta hacia el corazón de los Alpes austriacos, a través de carreteras sinuosas entre verdes laderas e imponentes picos, elegimos Dasposthotel como el refugio perfecto para explorar desde Zell and Ziller los pueblos de la zona antes de llegar a Innsbruck. Tres tipos de alojamientos (habitaciones, chalés en la montaña o lodges) presididos por una filosofía en la que la madera es solo uno de los instrumentos para su completa armonización con el entorno. Vistas a los Alpes desde espaciosas habitaciones con capacidad para acoger a parejas o familias enteras. Un auténtico descubrimiento que en verano ofrece una piscina al aire libre y en invierno se convierte en un acogedor descanso tras un día en las cumbres. 

Érase una vez en Alpbach
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Érase una vez en Alpbach

Uno de los pueblos más bonitos que encontramos en nuestra ruta. A unos mil metros sobre el nivel del mar, en Alpbach las casas de madera profusamente floreadas (en invierno el paisaje se torna blanco) dibujan una estampa de cuento de hadas, aderezado por el típico traje austriaco que sus habitantes (no solo aquí, sino en todo el país) visten con bastante asiduidad, no solo en ocasiones festivas. 

La sorpresa de Swarovski
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La sorpresa de Swarovski

Camino de Innsbruck, encontramos otra de las sorpresas de la ruta, el museo de Swarovski. Cualquier juicio previo ante lo que uno puede encontrar allí desaparece cuando, una vez cruzadas sus puertas –incluso antes, ya en el recinto donde se levanta– se topa con una exhibición de auténticas obras de arte, muchas de ellas firmadas por reconocidos artistas o diseñadores, que han sabido aliarse con la brillantez de la firma para construir un universo único.

Innsbruck, la capital del Tirol
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Innsbruck, la capital del Tirol

Rodeada de los Alpes, en pleno corazón de la región del Tirol, Innsbruck ofrece alguno de los atractivos más espectaculares del viaje. La ciudad acoge una animada vida urbana en torno al casco viejo, donde figura, como una de las principales atracciones por su significado histórico, el llamado Tejadillo de Oro, que cubre un mirador encargado por el emperador Maximiliano I por su boda con Blanca María Sforza. En la imagen, al fondo, visto desde la calle peatonal Herzog-Friedrich-Strasse. Los ventanales del Adlers Hotel, que ocupa los pisos altos de un espectacular edificio acristalado a 5 minutos a pie del centro, proporciona las primeras e impresionantes vistas de la zona. 

En la cima del mundo
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En la cima del mundo

El teleférico Nordkettenbahn es una de las principales atracciones de la ciudad de Innsbruck. Partiendo desde el mismo casco viejo de la ciudad, se eleva hacia los Alpes, hasta una estación a unos 2.670 metros de altura, que ofrece no solo vistas panorámicas sobre la ciudad, sino también de algunos de los picos más altos. Para quien no lo haya hecho antes, es el momento de descubrir la verdadera majestuosidad de los Alpes. 

La huella de Zaha Hadid
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La huella de Zaha Hadid

Si el Tejadillo de Oro es el símbolo de la ciudad vieja, el trampolín de saltos de Bergisel lo es de la Innsbruck contemporánea. Diseñado por la arquitecta Zaha Hadid y construido en 2001, no es solo un muy interesante atractivo arquitectónico, sino también uno de las sedes deportivas de invierno más importantes de Europa.

El castillo del Rey Loco
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El castillo del Rey Loco

Emprendemos la vuelta atravesando la región alemana de Baviera para conocer una de las atracciones turísticas más visitadas de Europa, el castillo de Neuschwanstein o del Rey Loco. Construido por Luis II de Baviera, fruto de una peculiar personalidad poco acorde con la época, su majestuoso y onírico perfil inspiró a Walt Disney para la construcción del castillo de la Bella Durmiente. Imprescindible, en temporada alta, reservar con semanas de antelación. 

Casas (literalmente) de cuento
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Casas (literalmente) de cuento

La incursión en Baviera nos ofrece en la localidad de Oberammergau un peculiar paisaje: los inesperados frescos de la mayoría de sus casas, que representan algunos de los más famosos cuentos infantiles, como, por ejemplo, el de Caperucita (en la imagen). Escogemos el hotel Maximilian, con uno de los restaurantes más buscados de la ciudad, con cerveza de elaboración propia.

El palacio de Linderhof
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El palacio de Linderhof

El más pequeño de los tres palacios o castillos que mandó construir Luis II, emplazado en un coto de caza de su padre, Maximiliano II de Baviera, alberga primorosas estancias en las que el barroco cobra su máximo esplendor. Habitaciones como el Cuarto de los Espejos y su profuso mobiliario merecen una relajada visita a este palacio de Linderhof.

El corazón de Europa, en una circunferencia de menos de 200 kilómetros de diámetro, acoge una de las zonas más sorprendentes del continente en la que ciudades engalanadas con el barroco más profuso se erigen entre majestuosos picos montañosos de tres mil metros de altura. Estamos en Austria y lo que sigue es un recorrido que, comenzando en Salzburgo, la eterna ciudad de Mozart, se adentra en los Alpes hasta llegar a la capital del Tirol, Innsbruck, para acabar con una breve incursión en el sur de Alemania, en la Baviera del Rey Loco. El paisaje, en ocasiones verde y soleado que acompaña estas fotos, se torna blanco en invierno, donde la vida y el ocio transcurre junto a la nieve. El magnetismo del lugar, en una y otra época, permanece. 
Fotografía: Olga Jiménez / J. L. Gallego / Oficina de Turismo de Salzburgo

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