Japón: diez palabras que definen al país más complejo del mundo

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Naturaleza
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Naturaleza

En japonés existe un término que define la relación entre el hombre y la naturaleza: kami. Es decir, el espíritu de un lugar, lo que los antiguos romanos, con los que la civilización japonesa tiene muchos puntos de contacto, llamaban genius loci. Los kami se perciben, por ejemplo, en los bosques surcados por senderos de trekking bien señalizados, que aún cubren gran parte del país; o en las cataratas que surgen en la proximidad de los santuarios como símbolo de una fuerza mágica y ancestral; o también en la floritura de los cerezos y en la misteriosa atmósfera creada por el follaje otoñal. En el silencio que envuelve estos lugares, parece escucharse una especie de respiro; la presencia de algo que acompaña los pasos de los caminantes. 

Pachinko
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Pachinko

Entrar por primera vez en una sala de pachinko es como vivir una experiencia extrasensorial. Luces disparadas, música a todo volumen y escenografías horteras hacen de telón de fondo a largas filas de máquinas parecidas a tragaperras. El juego consiste en guiar unas canicas metálicas por recorridos con obstáculos hasta alcanzar una meta. Hay personas que se pasan horas delante de estas máquinas, sentadas junto a un cubo en el que acumulan las canicas ganadas. Una experiencia lúdica que hay que probar absolutamente.

Onsen
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Onsen

En un país en el que hay un ritual para todo, también el baño termal se convierte en algo único. Japón es una tierra volcánica en la que brotan manantiales de agua caliente, lo que ha dado lugar a una cantidad infinita de centros termales. Los hay sofisticados y espartanos, pero todos comparten el ritual preparatorio y purificador: en las bañeras de madera, en las que por la alta temperatura del agua no es posible permanecer mucho tiempo, se entra desnudo (la ropa contamina el agua) y tras un lavado previo en otro cuarto. Solo se admite una toalla que dan al entrar para secarse.

Sumo
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Sumo

Los enormes luchadores en taparrabos son uno de los iconos más curiosos de Japón, considerados auténticas estrellas, objeto de culto y de contratos millonarios. Los rikishi –este es su nombre nipón– reciben entrenamiento y preparación en escuelas que tienen la sacralidad de un convento. Antaño eran exclusivamente japoneses, pero hoy se admiten luchadores de todo el mundo, aunque esta apertura no convence a los puristas. Más que la lucha en sí, fascina el contexto: árbitros que parecen sacerdotes, consagración del espacio de combate y toda la omnipresente ritualidad nipona.

Geisha
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Geisha

En las calles del barrio de Gion, el más antiguo de Kioto, es posible encontrarse todavía con mujeres envueltas en kimono luciendo peinados muy elaborados. Andan lentas sobre sus extraños zuecos, manteniendo la mirada baja y evitando las cámaras de los turistas. Su tarea es entretener, de manera más cultural que física (o por lo menos esta es la tradición) a los acaudalados ejecutivos que frecuentan las exclusivas casas de té y los clubes del barrio.

Skyline
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Skyline

Las ciudades japonesas son lugares peculiares en los que edificios de ciencia ficción surgen al lado de barrios de sencillas casas bajas, y pequeños santuarios sintoístas se hallan encajonados entre paredes de cemento y cristal. Ya sea a nivel del suelo o, como en Tokio, en la última planta de algunos grandes almacenes. ¿La razón? El respeto a la tradición. Al llevar siglos en el mismo lugar, los santuarios no pueden ser destruidos: de lo contrario se irritaría al kami. Y así los templos ascienden hacia el cielo en contraste con la modernidad del skyline.

Exvoto
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Exvoto

Torii. Así se llaman los portales de madera, generalmente pintados de naranja, que dan acceso a una zona sagrada. Pasar por debajo supone entrar de inmediato en un mundo distinto. Normalmente, el torii tiene un significado de agradecimiento y las largas galerías de arcos que remontan las colinas, como las del santuario Fushimi Inari de Kioto, son una prueba de la fuerte devoción de las comunidades locales. Los ideogramas que decoran los torii representan fórmulas votivas o, en ocasiones, firmas de grandes empresas que piden éxito y fortuna a la divinidad del templo.

Deseos
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Deseos

No hay lugar en Japón donde no se encuentren pequeñas fichas de madera cubiertas de ideogramas y dibujos. Se llaman ema y son una especie de atrapadeseos. Pueden tener una forma clásica, rectangular por ejemplo, u otras más complejas, reservadas a categorías de peticiones particulares. Todas, sin embargo, acaban siendo recogidas por las encargadas de los santuarios, que las queman en braseros sagrados para que el humo pueda llevar al cielo el deseo guardado en cada ficha. Se pueden utilizar también billetes, aunque normalmente sirven para peticiones de amor o éxito escolar.

Zen
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Zen

En Occidente se cree que en Japón todo es zen. Nada más equivocado. Esta palabra (que debe probablemente su éxito mediático a su brevedad) se refiere de hecho a una escuela budista minoritaria entregada a la meditación (que es lo que significa zen). Practicada en origen por aristoócratas y samuráis, de esta filosofía han nacido artes marciales y una estética minimalista importada con fruición por Occidente. Los templos zen son esenciales y austeros, con salas cubiertas de tatamis para la meditación y jardines al aire libre, cuya contemplación tiene el efecto de liberar la mente.

Cocina
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Cocina

Una comida japonesa puede ser una experiencia muy frugal. Sobre todo en las grandes ciudades, comer fuera es algo muy común, con lo cual en el panorama urbano pululan restaurantes de toda clase. Muchos son pequeños locales especializados, donde se sirve solo cierto tipo de comida: sushi, tempura o yakitori, por ejemplo, aunque arroz y sopa de miso no faltan en ningún sitio. También existe una cocina refinada y creativa, pero en ese ámbito es mejor dejarse aconsejar por alguien que sepa, porque las sorpresas y los sabores pueden ser demasiado imprevisibles.

Las ciudades japonesas son lugares peculiares en los que edificios de ciencia ficción surgen al lado de barrios de sencillas casas bajas, y pequeños santuarios sintoístas se hallan encajonados entre paredes de cemento y cristal. Sin embargo, Japón es mucho más. Es naturaleza, mentalidad y sobre todo esencia. ¿Pero alguien sería capaz de definir a este precioso país en tan solo diez palabras? Probablemente sería arriesgado, dada su complejidad, pero al mismo tiempo todo un reto. Desde el Kami, el alma de los lugares, pasando por los rascacielos, hasta llegar a los rituales de purificación, de lucha y de amor, proponemos diez palabras para comprender y amar el país nipón.

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