José Bolaños, el último idilio y confidente de Marilyn Monroe

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El origen del romance
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El origen del romance

Fue en una tienda de muebles en Chapultepec. Marilyn había adquirido una mansión en Los Angeles y quería decorarla al estilo colonial en boga. Bolaños era un joven que intentaba hacerse un sitio en el incipiente cine azteca, atractivo, educado y simpático, aunque insolente y comunista: el gigoló perfecto. “Era moreno, esbelto, el epítome del amante latino”, afirma Anthony Summers en Goddess: The Secret Lives of Marilyn Monroe (1987). 

Última aparición
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Última aparición

Monroe y Bolaños en la entrega de los Globos de Oro en 1962, su última aparición en público.

El acoso de la prensa rosa
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El acoso de la prensa rosa

Tras divorciarse en 1961 de Arthur Miller, su tercer marido, y del estreno de Vidas rebeldes, Marilyn ingresó en una clínica psiquiátrica. Miller se casó con la fotógrafa Inge Morath el 17 de febrero de 1962 y anunciaron su embarazo. Tres días después, atribulada y acosada por la prensa rosa y el FBI por su romance frustrado con Kennedy y sus relaciones con comunistas —incluidos Miller y su psiquiatra Ralph Greenson—, viajó a casa de otros presuntos espías: Frederick Vanderbilt Field y Nieves Orozco, examante de Diego Rivera.

Un amante ambicioso
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Un amante ambicioso

Xavier Navaza relata en El último amante de Marilyn (2012) que, aunque Bolaños renegaba de sus orígenes, frecuentaba el grupo de intelectuales gallegos exiliados en México. Empezando por el cineasta Carlos Velo, fundador de la Escuela Cinematográfica de México, de la que Bolaños había sido alumno. Según Velo, no servía para el cine, pero era ambicioso y sus cualidades para seducir, extraordinarias.

La sonrisa del cine
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La sonrisa del cine

Durante su estancia, Marilyn acudió con Bolaños al rodaje de El ángel exterminador e intercambió aflicciones sobre Hollywood con Luis Buñuel y la actriz Silvia Pinal. Y dio una rueda de prensa en el desaparecido Hotel Continental Hilton como prólogo al rodaje de la inconclusa Alguien tiene que ceder, de George Cukor. De la cita con los reporteros, además del romance, la imagen risueña de Marilyn sin ropa interior dio la vuelta al mundo...

La última llamada
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La última llamada

El episodio tuvo aún un enigmático epílogo, ya que, según todos los indicios, Bolaños fue la última persona con la que habló Marilyn justo antes de su muerte. La llamada de Bolaños a las 21:30 desde un bar de Santa Mónica está incluso confirmada por la CIA, que lo relacionaba además con los servicios de inteligencia cubanos... 

El fin de un romance
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El fin de un romance

Marilyn invitó a Bolaños a Los Angeles a la entrega de su tercer Globo de Oro, el Henrietta Award, el 5 de marzo. Cita que Marilyn ensombreció con un espectáculo de decadencia y delirio alcohólico que escandalizó a Hollywood. Aquella noche concluyó su romance.

Silencio absoluto
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Silencio absoluto

Pese a tener importantes ofertas de televisión para revelar su contenido, Bolaños mantuvo absoluto mutismo. El relato de los hechos, abordado por Rafael Ramírez Heredia en su libro Con M de Marilyn (1997), casi llegó a la gran pantalla en 2009, con Scarlett Johansson y Javier Bardem como protagonistas; aunque el proyecto fue pospuesto por la coincidencia con otro film sobre Marilyn. Quizá se retome tras la normalización de relaciones entre Cuba y EE UU. 

Misterios sin resolver
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Misterios sin resolver

La clave quizá se atisbe en el libro Marilyn Monroe: investigación de un asesinato(1999), de Donald H. Wolfe, que accedió a documentos de la CIA y el FBI. Al director del FBI, John Edgar Hoover, le obsesionaba el conocimiento que la actriz tenía de los planes de la Casa Blanca. Las teorías sobre un asesinato de Estado se fundan en la desaparición del diario de Marilyn, en el que anotaba hasta lo más nimio —Greenson así se lo exigía a sus pacientes— y en el que figurarían secretos de la vida privada del presidente, asuntos de seguridad nacional e indiscreciones de ambos Kennedy.

Misterios sin resolver
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Misterios sin resolver

Para Wolfe, “Marilyn estaba en condiciones de derrocar al presidente…”. En El asesinato de Marilyn Monroe: caso cerrado (2014), Jay Margolis y Richard Buskin señalan a Robert Kennedy como el inductor de su muerte; a Greenson como su ejecutor, que le inyectó pentobarbital; y, como cómplice, al actor Peter Lawford, esposo de Patricia Kennedy. Según Lawford, Marilyn abrigaba la esperanza de que John se divorciase y la convirtiese en Primera Dama...

 

El final de Bolaño
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El final de Bolaño

Tras morir en la miseria, el legado de Bolaños es una irregular y exigua filmografía. Aun así, su ópera prima, La Soldadera (1966), está considerada como una de las diez más bellas del cine mexicano sobre la Revolución. Filmó además Arde baby, arde (1973), protagonizado por Venetia Vianello, su segunda esposa. La primera había sido la diva Elsa Aguirre. Según cuentan, tuvo relación con Elizabeth Taylor y Gina Lollobrigida.

'El último amante de Marylin'
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'El último amante de Marylin'

En el libro El último amante de Marylin, el periodista Xavier Navaza reconstruye los últimos meses de vida de la actriz Marilyn Monroe (1926-1962) y su relación con el productor de cine de origen gallego, José Bolaños. Como si se tratase de uno de aquellos impactantes reportajes que Navaza elaboraba para las revistas Interviú o La Calle en los años 70 y 80, El último amante de Marilyn tiene todos los ingredientes de una potente crónica periodística y también los atractivos de una gran novela.

El 22 de febrero de 1962, cinco meses antes de morir en circunstancias aún sin aclarar —a pesar de la versión oficial de suicidio por sobredosis de Nembutal—, Marilyn Monroe (Los Angeles, 1926-1962) conoció en México DF a José Bolaños Prado (México, 1935-1994), guionista y director de cine de 26 años, nieto de un lucense de Burela. No solo fue su postrer amante público, sino la última persona con la que habló antes de morir.

Fue en una tienda de muebles en Chapultepec. Marilyn había adquirido una mansión en Los Angeles y quería decorarla al estilo colonial en boga. Bolaños era un joven que intentaba hacerse un sitio en el incipiente cine azteca, atractivo, educado y simpático, aunque insolente y comunista: el gigoló perfecto. “Era moreno, esbelto, el epítome del amante latino”, afirma Anthony Summers en Goddess: The Secret Lives of Marilyn Monroe (1987). Esa noche, en compañía de amigos, deambularon por los garitos de la capital mexicana. Fue la antesala de un tórrido idilio. Así lo reflejó una revista: “Marilyn y Bolaños: un amor volcánico”.

 

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