Parejas 'de dos': un homenaje al día de los enamorados

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Hepburn & Ferrer
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Hepburn & Ferrer

La deliciosa imagen de Audrey Hepburn metida en el abrigo de su marido Mel Ferrer expresa de forma excelente la idea que los occidentales tenemos del amor. Un lugar de unión, de paz y felicidad inigualables. Un estado beatífico sin aristas, eterno, perfecto. El encuentro de las dos medias naranjas. Pero hay otras formas de amor que también nos cuenta el cine, como esa pareja peleona, dialéctica, de dos seres autónomos y desafiantes, la que forman Humphrey Bogart y Lauren Bacall en Tener y no tener.
Imagen: GETTY IMAGES

Schneider & Delon
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Schneider & Delon

Él tenia 23 años, ella 20. Él era el sex symbol francés, un latin lover para Hollywood; ella era Sissi, la imagen de la candidez. Alain Delon y Romy Schneider se prometieron después de rodar Amoríos (1958) y nunca se dijeron “sí, quiero”. “Vivimos nuestro matrimonio ante de casarnos”, le escribió Delon en su carta de despedida, cinco años más tarde. Fueron “los amantes terribles” y “los amantes magníficos”. En 1968, Delon le dijo al director Jacques Deray que solo si Romy Schneider interpretaba a su amante en La piscina habría película. Deray aceptó y el resultado fue un último suspiro de su amor, el adiós público de la pareja.
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McQueen & macgraw
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McQueen & macgraw

“Es muy triste para mí que, como dos seres humanos adultos, sobrios y no sexualmente conectados, no podamos ya sentarnos y limpiar todo”, confesó Ali MacGraw hace unos años. Su relación con Steve McQueen resumió el espíritu liberado y adictivo de los 70 en aquellos cinco breves pero intensos años en los que estuvieron casados. Ella dejó de trabajar por él, mientras él no dejó nada. Solo a ella. “Siempre supe que me dejaría”, ha mantenido. Se conocieron rodando La huída (1972), cuando ella aún estaba casada con Robert Evans. Un título, quizá, premonitorio de su romance.
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Newman & Woodward
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Newman & Woodward

Eran amigos antes que amantes, ella siempre dijo que tardó en verle como algo más que “una cara bonita”, pero en aquel Largo y cálido verano de 1957, Paul Newman y Joanne Woodward se enamoraron, se casaron un año después y protagonizaron la historia de amor más romántica que Hollywood ha visto fuera o dentro de sus pantallas. “Tengo un filete en casa, ¿por qué debería salir a por una hamburguesa?” es la frase que dijo Newman para definir la relación de confianza que les unía y que solo acabó con la muerte de él, en septiembre de 2008, meses después de celebrar su feliz 50 aniversario.
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Taylor & Burton
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Taylor & Burton

“El matrimonio del siglo” empezó el 15 de marzo de 1964. Pero el romance entre Elizabeth Taylor y Richard Burton había empezado dos años antes en los descansos del rodaje de Cleopatra en un yate en las costas de Ischia. Su turbulento amor imposible quedó sellado con una de las joyas más caras conocidas: el diamante Burton-Taylor. Pero ni aquella piedra preciosa, ni tantas otras, pudieron evitar lo inevitable: que la pareja se separara para siempre después de dos matrimonios fallidos. Fueron el amor de sus vidas, pero tenían que llevar vidas separadas para quererse mejor.

Gainsbourg & Birkin
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Gainsbourg & Birkin

Su relación quedará para siempre en el imaginario romántico gracias a una canción que llegó a estar prohibida en España: Je t’aime… moi non plus, eran los susurros apasionados de una de las parejas más cool de la historia. Ella, Jane Birkin era la modelo del Swinging London la actriz de Blow-Up (1966). Él, Serge Gainsbourg, el poeta de la canción francesa. Estuvieron juntos 13 años en los que tuvieron una hija, Charlotte Gainsbourg. Jacques Doillon, siguiente pareja de Birkin, explicaría más tarde que ambos tuvieron que separarse porque él “no podía competir con el luto de ella por Gainsbourg”.
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Weisz & Craig
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Weisz & Craig

Lo más cerca que ha estado esta pareja de mostrar su relación en público fue con la obra que protagonizaron en Broadway, Betrayal (Traición, 2013). Sin embargo, para Rachel Weisz y Daniel Craig la única traición sería hablar el uno del otro para los medios. “Él es demasiado famoso”, excusa ella. Se habían conocido mucho antes de rodar juntos Detrás de las paredes, pero antes de que llegara a estrenarse la película en el otoño de 2011 ya se habían casado en una ceremonia privada en Nueva York con solo cuatro invitados, incluidos sus respectivos hijos de matrimonios anteriores.
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Dano & Kazan
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Dano & Kazan

No son la típica pareja de Hollywood. No les persiguen los paparazzi. No viven en las colinas de Beverly Hills. No se esconden, ni tampoco presumen de una relación que este año cumple 11 años. Los mismos que Paul Dano y Zoe Kazan llevan en las crestas de sus respectivas carreras. 2007, cuando se conocieron en la obra Things We Want, dirigida por Ethan Hawke, fue el año en el que los dos despegaron como actores. Han trabajado juntos en Ruby Sparks, (2012) donde desvelaron parte de su química. Y Wildlife, estrenada ahora en Sundance, es la primera película que han escrito y producido juntos,y él dirige.

Gosling & Mendes
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Gosling & Mendes

Se conocieron en el rodaje de Cruce de caminos. Y, desde entonces, Ryan Gosling y Eva Mendes han mantenido uno de los romances más secretos que ha conocido Hollywood. No hay ni una decena de fotos de ellos juntos, incluyendo robados. Tan es así que la relación no parecía real, aunque la pareja tiene dos hijas que en sus nombres llevan el amor que hay entre los dos: Esmeralda Amada y Amada. Pero el día que Gosling recogió su Globo de Oro por La La Land, su agradecimiento a Eva Mendes hizo realidad su cuento de hadas.
Imagen: INFphoto.com

McDormand & Coen
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McDormand & Coen

33 años de matrimonio y carrera juntos contemplan a Frances McDormand y Joel Coen, una de las parejas más estables y discretas de Hollywood. Se conocieron en la primera película de ambos, Sangre fácil (1984) Joel y su hermano, Ethan, la habían escrito pensando en Holly Hunter, pero cuando ella no pudo recomendó a su amiga Frances, que les cautivó al minuto. Le pidieron que volviera para una segunda prueba y ella dijo “no”. Aquello les convenció. Después, en el rodaje, Joel la sedujo “con libros y chocolate caliente”, siempre recuerda Frances. Juntos han hecho algunas de las mejores películas del cine actual.
Imagen: MARCOCCHI GIULIO / SIPA

Hay un modo de entender las parejas que las ve como unión perfecta de dos mitades de una unidad superior. Como el encuentro de los iguales. Es la idea tan extendida de que las mejores parejas son aquellas formadas por dos seres que unen sus destinos debido precisamente al hecho de que son muy parecidos, casi iguales. 

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La unión de los iguales sellaría para siempre la paz conyugal, el estado de perpetua felicidad. Tiene su lógica, sin duda. La homogeneidad de las partes facilita la homogeneidad de la suma de las partes. Lógico y bonito. Los iguales no se pelean. Piensan siempre lo mismo, coinciden en todo. No hay mejor pareja posible que la formada por dos almas gemelas.

Parte esta idea de la base de que sabemos quiénes somos, y que por lo tanto sabemos lo que buscamos. Supone que somos una sola cosa, sin aristas, sin oscuridades, sin secretos para nosotros mismos. Que nuestra voluntad y nuestro deseo coinciden al cien por cien. Que nuestra lujuria y nuestra educación caminan juntas por la vida. Y como eso es un error, todo lo que sigue a esta bella idea termina en desastre.

De ese desastre nos habla Shakespeare en 'El sueño de una noche de verano', que conduce a extremos grotescamente cómicos la idea de que sabemos lo que queremos, amamos a quien deseamos, o a la inversa, deseamos a quien queremos.

El amor es ciego, y vaya si lo es. Un solo ejemplo: en una de las escenas de esta comedia nos encontramos con que Titania, la reina de las hadas, acaba enamorada de un asno. El sueño de una noche de verano es seguramente lo más serio que se ha escrito sobre amor en Occidente. Se centra en poner al descubierto todos los engaños, problemas y conflictos que el amor trae consigo, y lo hace con brillantez incomparable.

Tal vez podríamos entender mejor el fenómeno amoroso desde este punto de vista. Según el cual las parejas más sólidas son aquellas en las que encajan caracteres, naturalezas, estilos… opuestos. De la pugna y la fricción que se produce entre estos dos seres diferentes, emergería una unidad superior a los individuos en litigio constante, la pareja. No es una visión idílica, precisamente.

No se ignora que la relación entre dos, especialmente en una pareja, no puede evitar los roces, las desavenencias, la falta de coincidencia en la opinión cuando surge un problema complejo. Cuando las divergencias normales que tiene que haber entre dos personas son vistas como tales.

La gracia de la pareja consistiría entonces en su capacidad para encontrar formas de resolver conflictos, no en la inexistencia de conflictos (que es lo que supone la idea de las dos medias naranjas, exactas, unidas en pareja). En general, creo que nos ahorraríamos un sinfín de disgustos si, como parejas, nos entendiéramos así. No hay nada mejor para arreglar un conflicto que saber que tenemos un conflicto. De pareja o de lo que sea.

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