La inspiración de la lejanía: de Hemingway a Cortazar y Stevenson

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Robert Louis Stevenson
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Robert Louis Stevenson

Robert Louis Stevenson (Edimburgo, Escocia, 13 de noviembre de 1850 – Upolu, Samoa, 3 de diciembre de 1894) viajó bastante, y anduvo de su Escocia natal a Francia y de allí a Estados Unidos, hasta que en 1888 zarpó en un barco rumbo a los Mares del Sur. Al año siguiente se instaló en Samoa, una isla del Pacífico, con su familia europea, aunque pronto le sumó una nueva familia, aborigen. El objetivo que Stevenson perseguía instalándose en Samoa lo dejó claramente escrito: “Así pude vivir más allá de donde alcanza la sombra del imperio romano”. Enamorado de los samoanos, que le llamaban ‘tusitala’ (‘el narrador de historias’), siguió escribiendo sin cesar novelas y relatos, participó en la lucha local en contra del imperialismo germano, y redactó, para su propia tumba, un epitafio que reza: “Aquí yace, donde quiso estar”.

Jack London
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Jack LondonFue buscador de ostras en el Pacífico y buscador de oro en Alaska; intentó sin éxito ganarse la vida como ranchero y fue un ecologista ‘avant la lettre’. Jack London, que sólo supo quién era su padre cuando ya era muy mayor, dejó su California natal de muy joven, aunque siempre que se iba terminaba regresando. Escribía y ganaba mucho dinero con las historias que publicaba en revistas editadas por él mismo, pero perdía lo que ganaba con enorme rapidez. Hizo del viaje una estética y de la aventura un código ético. Sus libros tienen mucho de autobiográfico. Los que no lo eran, fueron acusados de plagio por escritores sin éxito. Su obra perdurará siempre.
Elias Canetti
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Elias CanettiLa emigración condujo a Elias Canetti (San Francisco, EE UU, 12 de enero de 1876 – Sonoma, EE UU, 22 de noviembre de 1916) desde el Mar Negro hasta Centroeuropa (Viena, Berlín, Suiza) y a Gran Bretaña, donde vivió una parte de su vida. De origen sefardí, Canetti sabía genéticamente qué significaba estar lejos de la patria y en qué consistía ser ciudadano del mundo. Igual que el resto de su pueblo, vio de cerca lo mal que se ponen las cosas cuando un pueblo o una raza enteros se convierten en chivos expiatorios. La ‘noche de los cristales rotos’ le puso sobre aviso y se largó a Londres. Envuelto en portentosos gabanes, siempre correctamente vestido, Canetti dedicó parte de su tiempo a estudiar el siglo del horror nazi. Su inteligencia le permitió analizar sin ningún corsé teórico el fenómeno de las masas y su manipulación por parte de los poderes demagógicos.
F. Scott Fitzgerald
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F. Scott FitzgeraldFrancis Scott Fitzgerald y su esposa, Zelda, fueron primero los descubridores y propagadores del charlestón y de la vida loca de los ‘roboantes’ años Veinte. Y más tarde inventaron la Costa Azul, entendida como un mito que cautivó para siempre a los estadounidenses. No tanto como bañistas, sino como frecuentadores de unas poblaciones costeras deslumbrantes, ya que las playas sólo les parecían aceptables bajo una sombrilla, en compañía de algún distinguido aristócrata francés, y un millonario norteamericano que corría con los gastos. Si su coetáneo Hemingway necesitaba la aventura para vivir, Scott Fitgerald anhelaba la cultura, y la Francia de entreguerras le sedujo profundamente. Todo lo cual quedó grabado en la que tal vez sea la mejor de sus muchas grandísimas novelas, ‘Suave es la noche’.
ernest hemingway
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ernest hemingway A Hemingway (Oak Park, EE UU, 21 de julio de 1899 - Ketchum, EE UU, 2 de julio de 1961) le encontramos en el Madrid republicano trabajando como periodista. Años más tarde, cobrando piezas de caza mayor en las sabanas de África, en las proximidades del Kilimanjaro, y de nuevo en España para vivir de cerca los encierros de Pamplona. Además, fue pescador en el Caribe, y se enamoró también de una isla, Cuba, que conoció y amó cuando era una semicolonia de los ‘yankees’, y siguió amándola cuando se convirtió en la enseña del anticolonialismo con Fidel. Allí le contaron una vez una leyenda, que el escritor inmortalizó en ‘El viejo y el mar’, novela que sigue (y seguirá) teniendo lectores por muchos años que pasen. De Cuba le gustaban sobre todo los habanos, el ron y la gente. Sobre todo las cubanas, que le parecieron un regalo del cielo.
Julio Cortázar
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Julio Cortázar En su inmensa y siempre moderna novela ‘Rayuela’, Julio Cortázar redescubrió París, una ciudad en la que, vista por él, se oye cantar siempre a Billie Holiday y en la que se puede cebar un mate a cualquier hora. Pero al otro lado del Atlántico, en la costa sur, hay una ciudad que siempre quiso ser París y en la que surgió una extraordinaria tradición narrativa que contaba con Roberto Arlt, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares como insignes miembros de una literatura que encontró en Cortázar, el exiliado, uno de sus grandes exponentes. En ‘Rayuela’ hay un personaje inolvidable, la Maga. Y otro personaje sin nombre, el espíritu de las ciudades, que puebla todas sus páginas.
antonio tabucchi
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antonio tabucchiLisboa es la ciudad de Fernando Pessoa a comienzos del siglo XX, y la de Antonio Tabucchi a finales de ese mismo siglo. Este italiano singular encontró en Portugal, y sobre todo en su extraña capital, la ciudad de la nostalgia, la del río grande como un mar y el mar que la baña de humedad permanente, una patria donde se sentía desubicado y bien acogido al mismo tiempo. Esta doble condición de extrañamiento y proximidad es la madre de toda escritura, porque sólo se mira bien lo que es muy conocido, y sólo se entiende bien lo que no se conoce. Tabucchi puede pasear como un ser anónimo por la Baixa y por Alfama, y por eso pasa temporadas tan largas en un país que, si quitamos a la pequeña minoría culta, le desconoce profundamente.
Marguerite Duras
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Marguerite DurasLos calores viscosos de los trópicos asiáticos forman la espesa materia de algunas de las mejores páginas escritas por Marguerite Duras. Sin embargo, tuvo que entrar en la ancianidad para poder hablar sin restricciones del erotismo y la perversión de su añorado Vietnam. En 'El amante' contó lo que ya había contado a retazos en muchas ocasiones, pero lo hizo desprendiéndose de los dictados del ‘nouveau roman’. No le dio vergüenza literaria penetrar en los sentimientos de su personaje, y contemplar con morbosa delectación y parsimonia repleta de detalles los placeres del sometimiento y de la seducción, los goces de la sumisión y de la transformación de un ser humano en objeto de deseo. 
Juan Goytisolo
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Juan GoytisoloViajero juvenil por los Campos de Níjar, Juan Goytisolo dejó Barcelona y se instaló en París recién alcanzada su primera madurez como escritor, saldadas las cuentas con el régimen franquista con la novela ‘Señas de identidad’. Su amiga Barbara Probst Solomon cuenta en ‘Vuelos cortos’ algunos de los aspectos biográficos que rodearon esa decisión, que le condujo a exilarse en un país republicano. Lejos de las brumas de la ciudad francesa, con una pasión en la que aparecen elementos históricos (la España medieval católica, y su rechazo de la huella árabe) pero también eróticos (el amor homosexual). El extrañamiento en relación con la tierra que le vio nacer, el odio contra sus bárbaras costumbres y sus terribles tabúes, son la raíz de ese doble exilio que le ha conducido a vivir en la ciudad marroquí de Marrakech, donde el intelectual por fin ha encontrado su ansiada casa.
Lawrence Durrell
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Lawrence Durrell Lawrence Durrell (Jalandhar, India, 27 / 2 / 1912 – Sommières, Francia, 8 / 11 / 1990) descubrió tempranamente que su patria era el Mediterráneo. Tras los pasos de los grandes escritores del romanticismo inglés, llegó a Corfú e hizo de la pequeña isla su segunda patria. Averiguó también que la vieja y vetusta Alejandría, tan lejana de la antigua ciudad de la antigüedad, tan colorista en sus zonas egipcias y tan populosa y burguesa en sus barrios europeos, merecía ser inventada de nuevo para la literatura. Allí, soñando con Cavafis, usó esa gran urbe como escenario de su famosísimo ‘Cuarteto’. En las islas, su hermano menor, Gerald, nos acercó a la vida animal como pocos autores de su época.

El viaje forma parte de la literatura y, sobre todo, de la narrativa. Se diría que toda novela es un viaje. Hay escritores que necesitan alejarse del país que les vio nacer para verlo mejor y entenderlo al fin, como James Joyce, que encontró en París y en Trieste la perspectiva adecuada para ver Dublín. 

Hace unos años, el crítico George Steiner acuñó el término extraterritorialidad para describir la singular cualidad que hace de estos alejamientos una categoría estética. Hay escritores cuya obra no hubiera sido igual sin ese alejamiento. El estadounidense Paul Bowles, por ejemplo, se estableció en Tánger, cuyo carácter de puerto franco la convertía en una ciudad internacional y abierta, una mezcla de culturas diferentes que alimentaron su obra.

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Otros escritores, como el belga Jules Verne o el italiano Emilio Salgari, realizaron viajes de biblioteca y recorrieron el mundo y parte del universo sin más viajes que los que realizaban entre sus escritorios y los anaqueles de sus bibliotecas personales.

¡Quién lo diría, leyendo la documentada y colorista versión de esos parajes remotos e inalcanzables que encontramos en sus libros! Y es que, como demuestran Marcel Proust y Franz Kafka, no hace falta salir de casa para ser un gran escritor, aunque hay literaturas que existen casi exclusivamente gracias a la experiencia de los viajes y a la posterior aculturación que éstos traen consigo.

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