De Audrey Hepburn a Brigitte Bardot: el verano más sensual de las famosas

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Ursula Andress
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Ursula Andress

Una mujer grande y alta, rostro ancho de rasgos muy marcados, pechos grandes, anchas caderas y larguísimas piernas… Son las características que dieron fama a Ursula Andress, la cautivadora mujer que creó con Sean Connery el mito de las películas del agente 007. Ella era mucho más que la pieza decorativa, la mujer-objeto que seguramente buscaron los productores. Porque su gesto serio convertía aquel super cuerpo en algo más que la pieza que el agente debía cobrar. Demasiado compleja para no dejar huella. El mundo entero la deseó, y ella permaneció incólume.

Brigitte Bardot
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Brigitte BardotEse pico altivo y nevado que emerge al fondo de la imagen parece una erección de la tierra rindiendo honores al gran sex-symbol francés de los años 60 y 70. Brigitte Bardot, parece mentira, fue la imagen del erotismo desmelenado, la sensualidad de unos labios que no necesitaban ser hinchados con silicona. Ella inventó una sexualidad sin pecado, entendida como funcionamiento natural de los cuerpos liberados. Se cantaban entonces alabanzas al amor libre, a los cuerpos que se desembarazaban de todo lo que los habían ocultado y constreñido. El amor era, por fin, libre.
Audrey Hepburn
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Audrey Hepburn

Audrey Hepburn es la representación misma del verano. Es feliz sin estridencias, como lo demuestra la sonrisa distendida de esta foto. No le importa el estado ruinoso del borde de la piscina, porque encuentra la satisfacción plena en el agua. Le basta doblar las piernas y dejar que su cuerpo encuentre alivio al calor en el contacto amoroso del agua. Si los Rolling Stones dirían poco después que no eran capaces de encontrar satisfacción, Audrey demostraba, en esa primavera muy temprana de los tiempos modernos, que en su caso satisfacción era justamente la palabra que mejor describía su estado de ánimo.

Grace Kelly
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Grace KellyLa famosisima elegancia de Grace Kelly tenía un secreto: su inocencia, esa cualidad esquiva y tan escasamente valorada en nuestros días de mujeres fatales y hombres pésimos. Su sonrisa encantadora y comedida no escondía ninguna clase de secretos. En aquel mundo de postales que parecían coloreadas a mano, ella era bella, y su belleza carecía de dobleces. En este mar de antaño, Grace Kelly nos recuerda un pasado lejano, pero no tanto, en el que la vida parecía aún sencilla. Un pasado de veranos deliciosamente agradables.
Halle Berry
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Halle BerryNació en pleno verano, en agosto (de 1966, aunque no lo crean). Es difícil afirmar cuál ha sido el verano más sensual de la actriz, ya que con ella lo mejor está siempre por venir. Se superó en 2002, cuando rememoró en otra película del 007 la mítica escena con la que Ursula Andress sedujo a medio mundo en 'James Bond contra el doctor No' (1962). 
Sofia Loren
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Sofia LorenSofía Loren, como todo el mundo sabe, son dos mujeres en una. Fue primero el ser desbocado y trágico del cine en blanco y negro italiano, cuya belleza rebelde y sensualidad ardiente representaban las fuerzas telúricas del Mediterráneo. Y luego experimentó una metamorfosis y pasó a estilizarse, a disimular a base de elegancia y sutileza aquella potencia extrema de sus comienzos, hasta que terminó invadiendo Hollywood. Parecía que solo podía conquistarnos dejando la melena suelta y salvaje y moviéndose como una campesina. Y resultó que terminó convirtiéndose en una estilizada modelo del Vogue neoyorkino.
Romy Schneider
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Romy Schneider

En 1975 con el modelo 02 de gafas Vuarnet en 'Inocentes con las manos sucias', de Claude Chabrol.

Bette Davis
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Bette DavisEsa jovencita entregada al mórbido y tenue placer de comerse un helado, esa chica cuyo pelo rubio y vestido a la marinera evocan la primera comunión, es ni más ni menos que la malvada harpía que con el nombre de Bette Davis fue la abanderada del mal en unas cuantas docenas de películas que ella convirtió en inolvidables. Maravillosamente coloreada, esta imagen celebra aquellos veranos tan largos y tan cálidos de un tiempo feliz y amable que solo puede volver mediante la clase de ensoñaciones a la que nos invita este porfolio.

Alguna vez fuimos felices. En aquel entonces vivíamos en un mundo de inocencia. No es que no hubiera alguna que otra desdicha, pero por lo general era verano, y eso no significaba sofocarse de calor sino estar a gusto, bañarse tal vez en un río, o en una playa poco atestada, sacar la cesta de mimbre, refrescar la bebida en la orilla, y ver pasar a nuestro nuevo amor de cada verano.

Ellas, las protagonistas de esta reflexión, encarnan a la perfección esa nostalgia del los veranos de verdad. Aquellos en los que había helado de corte hecho con mantequilla de verdad y leche de verdad, polos muy acuosos y al tiempo sabrosos, y horchata de chufa sin conservantes. Definitivamente, eran veranos de verdad. 

 

 

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