De Kirk Douglas a Luther King: grandes iconos del siglo XX, en imágenes

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Kirk Douglas
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Kirk Douglas

El héroe centenario. El pasado 9 de diciembre apagó las 101 velas de su tarta de cumpleaños, pero sigue siendo duro como el pedernal, autodidacta, independiente, luchador, espabilado, salvaje, sentimental, mujeriego, obstinado y encantador. También es dueño de una legendaria carrera cinematográfica, una inmensa fortuna, un Oscar honorífico de la Academia, y del mentón con el hoyuelo más famoso de la historia de Hollywood Actor y productor de más de un centenar de películas, algunas de ellas obras maestras (Espartaco, Senderos de gloria, Cautivos del mal, El loco del pelo rojo...) ha sido cowboy, vikingo, boxeador, gladiador, pintor, detective, soldado, héroe o villano sin perder jamás la compostura ni esa embaucadora sonrisa de granuja.
Fotografía: Sunset Boulevard/Corbis vía Getty Images

Thelonious Monk
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Thelonious Monk

Tócala otra vez, Monk. El milagro de la música en estado puro: el jazz. Thelonious Monk nace en 1917 (Rocky Mount, Carolina del Norte), y tres años después su familia se traslada a Nueva York. Autodidacta, comienza a tocar desde muy niño aprovechando el piano en el que ensayaba su hermana, pasando su adolescencia sacando brillo y aleluyas a las teclas del órgano de la iglesia bautista de su vecindario. En 1935 se larga durante un par de calendarios acompañando al piano los sermones de un predicador evangelista. A su vuelta recibe el flechazo del jazz, música en la que marcaría un antes y un después gracias a su estilo innovador, atrevido y expresivo, formando su propio cuarteto, intentando ganarse las habichuelas en toda clase de garitos y antros.
Fotografía: Michael Ochs Archives/Getty Images

Anthony Perkins
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Anthony Perkins

Doble vida. Anthony Perkins quedó estigmatizado para siempre por su papel de Norman Bates en la obra maestra de Alfred Hitchcock, Psicosis, inspirada vagamente en la biografía del asesino en serie Ed Gein. La cinta dejó como legado un pánico incurable a las cortinas de la ducha, una partitura inolvidable y el mayor éxito comercial de Hitchcock. Su memorable interpretación forma parte de la iconografía popular del siglo XX, hasta el punto que marcó a fuego su vida y carrera. se sentía más cómodo en la piel de sus personajes que en la suya propia, y llegó a trabajar a las órdenes de directores de la talla de Orson Welles, John Houston, Wilder o Anthony Mann; y la de un promiscuo homosexual en la sombra, que mantuvo escarceos con ligues ocasionales como Rock Hudson, Tab Hunter o el bailarín Nureyev. Una desenfrenada actividad sexual que a la postre le empujó a caer en las garras de una enfermedad desconocida y mortal de necesidad llamada Sida, que le llevó a la tumba en 1992.
Fotografía: Jack Robinson / Hulton Archive / Getty Images

Martin Luther King
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Martin Luther King

Venceremos. En aquel sofocante verano de 1963 ocurrieron en el mundo un montón de cosas. Pero hay una efemérides que sigue marcada a fuego, sangre, sudor y lágrimas en el calendario de la humanidad: Marcha sobre Washington, 28 de agosto de 1963. Aquel día, alrededor de 250.000 personas –casi todas de color– caminaron desde el obelisco erigido en memoria del primer presidente del país hasta el Memorial de Lincoln, el presidente que abolió la esclavitud, auténtica catedral de los Estados Unidos, exigiendo la igualdad de derechos civiles entre blancos y negros. A pesar de los temores de que la concentración pudiera convertirse en una matanza, los manifestantes, para desconcierto de los casi 6.000 policías armados hasta los dientes desplegados en la zona, se comportaron tan disciplinados como pacíficos. La marcha al grito de “We shall overcome” (“Venceremos”) fue un éxito, y el héroe de aquel día –y protagonista de este Icono– fue el pastor baptista, discípulo de Gandhi y líder de los derechos civiles de su raza, doctor Martin Luther King.
Fotografía: Getty Images

Peter O’Toole
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Peter O’Toole

Alta graduación. Peter O´Toole (Galway, Irlanda, 1932–Londres, 2013) hijo de enfermera escocesa y de orfebre corredor de apuestas, acompañó a su padre por el Norte de Inglaterra durante sus primeros cinco años, persiguiendo la buena racha. El inicio de la 2ª guerra mundial le encontró interno en un estricto colegio católico de monjas empeñadas en corregir a reglazos esa “obstinada” manía de escribir con la zurda. Juergista, cantarín y rebelde, O’Toole fue un irlandés de pura cepa que exprimió los placeres de la vida, que vivió y bebió sin guardar las formas ni traicionar su sentido snob de la compostura.
Fotografía: Getty Images

Albert Einstein
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Albert Einstein

Contra la estupidez. Descansa en el glorioso y exclusivo panteón de la sabiduría inmortal junto a Aristóteles, Newton y Galileo. Su nombre es sinónimo de ciencia. Y su retrato de sabio chiflado melenudo sacando la lengua es un icono gráfico del siglo XX. Primogénito de una familia judía y errante dedicada al comercio de los aparatos electrónicos, su infancia transcurre sin más incidentes que las constantes mudanzas y su aversión por la disciplina prusiana. Fascinado por el universo de incógnitas que plantean el espacio y el tiempo, invierte todos sus neuronas e imaginación en buscar respuestas a tantas preguntas en blanco. En ese momento ya era un hecho que había un montón de fenómenos que la física clásica era incapaz de explicar. Y a Einstein le correspondió el honor de ganar la primera partida con la creación de un nuevo paradigma: la teoría de la relatividad, punto de partida de la física moderna. A partir de entonces, su biografía fue un cohete a reacción camino de la fama y el Premio Nobel.
Fotografía: Getty Images

Jeff Bridges
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Jeff Bridges

El hombre tranquilo. Estuvo dos años en lista de espera, el tiempo que tardó su madre en recuperarse de la prematura muerte de su anterior bebé. Todo parecía indicar que Jeff iba a ser un niño mimado, pero no fue así. “Lo que más recuerdo de ella”, explicó más tarde el hijo, “es un simple consejo: Acuérdate siempre de divertirte y, sea lo que sea, nunca te tomes nada demasiado en serio.” Y toda su vida Jeff siguió al pie de la letra tan sabia recomendación. Jeff acabó trabajando más que toda su familia junta, haciendo más de 80 películas, además de convertirse en un excelente pintor, fotógráfo, músico, viticultor y colaborar con radical entusiasmo en varias ONG.
Fotografía: Getty Images

Fernando Pessoa
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Fernando Pessoa

El enigma rodea aún a fernando pessoa como su sombra le acompañaba por los paseos en su Lisboa natal. Hasta el punto de que los expertos en su obra, y por tanto en él, debaten aún si Pessoa es uno o cinco: él y los heterónimos que creó a lo largo de vida; más que seudónimos, auténticos personajes con personalidad propia y características literarias diferentes. La figura de Pessoa (Lisboa, 1888-1935) permanecerá siempre unida a la capital lisboeta y sus rincones, como el café A Brasileira que ha convertido en universal, pero debe gran parte de su evolución a Sudáfrica.
Fotografía: Getty Images

Helmut Newton
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Helmut Newton

Maestro de la cámara. “Pasión, obsesión y una dedicación absoluta al trabajo.” Así definía Helmut Newton las cualidades de un buen fotógrafo. Serio, parco y hosco, exigía a sus colaboradores el 100% de concentración. Nacido en 1920 en Berlín en una familia judía, compró su primera cámara rompiendo la hucha de sus ahorros a los 12 años. Desde su estudio de Melbourne trabajó día y noche hasta conseguir publicar un reportaje en Vogue Francia. A partir de entonces, su nombre fue sinónimo de look, catapultándole a la fama, y sus provocativas fotos le otorgaron el título de Prince of Porn. Sus imágenes atemporales y su toque naturalista le convirtieron en uno de los primeros fotógrafos en reinventar a la mujer del siglo XX.

Chet Baker
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Chet Baker

El aire sonoro. Fue el trompetista que tocó varias de las cargas más inolvidables del jazz contemporáneo. A los trece años sopló por primera vez la embocadura del instrumento; a los dieciocho era uno de los escasísimos “blanquitos” invitados al escenario para pelear con los grandes pesos de color del jazz en mayúscula. Gracias a su colosal capacidad interpretativa de todos los “palos” del jazz, a Chet nunca le faltó trabajo en sus comienzos. Formó su propio cuarteto en 1953, y al año siguiente grabó Chet Baker Sings, disco que le permitiría seguir tocando y cantando el resto de su carrera.La biografía de Chet Baker es una historia en blanco y negro, de vida o muerte, de victorias y derrotas. Rebuscar en sus pesadillas y fantasías resulta aterrador; excavar en su música es justo todo lo contrario. La pureza, elegancia y poder hipnótico de su discografía nada tienen que ver con la anunciada, manoseada y fatal crónica de sucesos de su existencia.
Fotografía: Getty Images

El pasado 9 de diciembre, Kirk Douglas apagaba las 101 velas de su tarta de cumpleaños. Mito y protagonista de la época dorada de Hollywood, al actor de Espartaco, Senderos de gloria y otras tantas, le rodea el respeto de todo mundo del cine.

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Lo mismo ocurre con el resto de protagonistas de esta selección en sus respectivos campos: Thelonious Monk tendría ahora justo cien años y su historia es la de volar, saltar barreras y burlar aduanas y fronteras, anunciando con un coro de trompetas el triunfo de la improvisación y el ritmo salvaje de la libertad.

Las andanzas y rebeldía del genio del jazz solo son comparables a nivel político con las de Martin Luther King. Lástima que el reverendo no pudiese ver su sueño convertido en realidad al ser asesinado en 1968 de un disparo en la cabeza en un motel de Memphis.

 

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