Más allá del descanso. Las camas más singulares del mundo

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Única
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La empresaria Chloé Blum compró en Christie's esta cama única, diseñada por Jean Royre, el único mueble que habita en su recién adquirido apartamento en el  1er arrondissement parisino.

Flotante
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FlotanteEl arquitecto Gilles Ebersolt, habitante de la región francesa de Limousin, se hizo con este globo, inicialmente creado para bajar cuestas, para convertirlo en una exuberante cama flotante.
Estrellada
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EstrelladaRaphale Bianchi, directiva del Centre Pompidou, se ha hecho construir este módulo-dormitorio en el tejado de su apartamento parisino.
Viajera
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ViajeraNilaya Bal tiene 10 años. Recibió esta especial minicaravana como regalo de su madre, una conocida estilista francesa, para un viaje por Italia.
Libertina
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LibertinaGerard de Villiers, periodista y autor de las novelas de espías de la serie SAS, en su dormitorio, reunido y decorado con la intención de imitar un burdel parisino de antes de la Segunda Guerra Mundial.
China
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ChinaUna anónima bailarina del Moulin Rouge reposa en una cama china elaborada completamente en ébano, decorada con nácar y con techo de espejo, traída pieza a pieza desde aquel lejano país.
Circense
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CircenseClément Marty, conocido por el nombre artístico de Bartabàs, fundador del Teatro Zíngaro y de la Academia Ecuestre de Versailles, en su caravana estilo años 50.
Real
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RealRoland de Tapiau d'Aunoy eligió esta singular cama Louis XV para reinar en su apartamento de París por su parecido con un sofá.
Exótica
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ExóticaDurante los meses de verano, la actriz francesa Josphine de la Baume duerme en esta cama traída de Rajastán, y que ha encontrado su mejor acomodo en el jardín de sus padres, en pleno centro de París.
Invernal
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InvernalJean-Benard de Cazenave en su casa de los Pirineos franceses. Durante los duros inviernos, toda su vida se desarrolla en la cocina, donde ha situado esta extraordinaria cama Bearnais del siglo XVIII.
Suspendida
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SuspendidaPara la arquitecta Nathalie Wolberg –aquí, en su casa de Saint-Ouen–, la cama suspendida en la que duerme simboliza el descanso y el olvido.
Imperial
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ImperialBruno Ledoux, gran fan de Napoleón, le ha dedicado una habitación entera a esta cama de campo en la que según parece el emperador murió en 1821, en Santa Elena.

Dormir es una necesidad fisiológica que puede realizarse casi en cualquier lugar. Sin embargo, todo es distinto, y sin duda mejor, cuando conseguimos dormir en la cama ideal, la de nuestros sueños.

Tienen las camas como mínimo tres funciones específicas en nuestra sociedad. La más evidente es la de proporcionarnos el lugar más adecuado para el reposo, y esa es sin duda la principal de sus funciones. Pero en nuestros tiempos agitados de vida acelerada, el reposo ha ido perdiendo valor, convirtiéndose en la pausa que permite reemprender la actividad, de tal modo que esta última –y sólo conocemos una actividad desenfrenada– se ha convertido en la clave suprema que rige la vida, mientras que el relajo, la pereza y el reposo padecen una devaluación profunda.

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La cama es el lugar perfecto para no hacer nada, o para dejar trabajar solamente el pensamiento, utilizando el colchón y tres buenas almohadas para poder olvidarnos del cuerpo mientras nuestro cerebro lleva a cabo la noble actividad de la lectura. Un amigo me decía el otro día, “Voy a leer esa obra que me recomendaste. He dejado el libro en la mesilla de noche.” ¡Una muy sabia decisión!

También la cama para desarrollar actividades placenteras y alejadas de la eficacia, vinculadas al solaz, a la ensoñación. Pues sabemos que no hay tal vez lugar ni mueble tan adecuado como la cama para convertirse en el lugar donde se desarrolla la más febril de las actividades, y no me refiero sólo a las amatorias, sino a todo ese universo de aventuras en las que se embarca nuestra mente tan pronto como abandonamos el estado de vigilia para penetrar en el proceloso mundo de los sueños, sean o no los de los justos.

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