Aventureros míticos: de la jungla y el desierto al Everest

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Henry Morton Stanley
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Henry Morton Stanley

Todo el mundo sabe que Stanley encontró a Livingstone y que, el 10 de noviembre de 1871, en la aldea de Ujiji, le lanzó la inmortal frase: “Doctor Livingstone, supongo”. Menos conocido es que Livingstone le preguntó a su vez al curioso personaje tocado con ‘salacot’ y precedido por una bandera estadounidense qué le traía por ahí. La historia del gran, pero bajito, explorador que realizó la mayor exclusiva periodística de todos los tiempos es también la de un ambicioso oportunista y la de un hombre sin escrúpulos que colaboró de manera indigna con la espantosa empresa colonial belga en el Congo, lo que no debe ir en desdoro de su coraje.

Ernest Shackleton
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Ernest ShackletonEn la historia de la exploración polar, tan llena de tragedias y de muertes (por congelación, obviamente), destaca el irlandés Shackleton quien, reverso de Scott, fue el hombre que sacrificó todo, incluso a sí mismo, en aras del gran premio antártico, respetó las vidas de los suyos hasta ponerlas por encima del triunfo. Conocido como el “Jefe” por los que fueron con él en su abortada travesía del continente blanco, Shackleton, tras ver cómo su barco, el ‘Endurance’, era estrujado por el hielo en el congelado mar de Weddell, condujo a la salvación a todos sus hombres convirtiendo el fracaso en la más honorable de las victorias.
Amelia Earhart
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Amelia EarhartLa más famosa mujer aviadora de todos los tiempos desapareció en el cielo, a los mandos de su Lockheed Electra, cuando trataba de ser la primera en dar la vuelta al mundo volando. Había sido ya la primera de su sexo en cruzar el Atlántico y la primera persona en volar en solitario de Hawai a California. Desde que voló por primera vez estuvo convencida que había nacido para ser piloto. Envuelta en un halo de romanticismo, ataviada con gorro y gafas de aviación que resaltaban de manera extraordinaria su angelical belleza, Earhart logró hacer de la gran aventura de los pioneros del aire un asunto también femenino.
Wilfred Thesiger
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Wilfred ThesigerThesiger pasó la mayor parte de su vida entre gentes de lugares remotos y a menudo peligrosos. El Karakorum, el Hindu Kush, el Darfur o el Tibesti conocieron sus pasos, pero es sobre todo el Empty Quarter, el Territorio Vacío, el más espantoso desierto de Arabia, el paraje geográfico que se asocia con su nombre. De porte y familia aristocráticos, educado en Eton, Thesiger, que fue héroe de guerra y cazó leones, abjuró de la civilización moderna y cayó rendido ante la primigenia y limpia vida de los beduinos, de cuya amistad se preciaba. Con ellos se sumergió en el mar de arena para atravesarlo no una, sino dos veces.
George Mallory
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George MalloryMoberlley, 1886-Everest, 1924.
Otros escaladores son más grandes y han conquistado más montañas, pero ninguno está nimbado por el aura de la leyenda como Mallory, el ‘sir Galahad’ de las cumbres. Él y su compañero Andrew Irvine, desaparecieron durante el más valiente y caballeresco asalto al techo del mundo, entonces aún virginal. Parece claro que no llegaron a la cima del Everest. El helado cuerpo de Mallory fue hallado en 1999 engastado en un saliente con su viejo equipo —chaqueta de ‘tweed’, mitones, gafas de motorista— hecho trizas. Pero, para los espíritus románticos, su imagen ha quedado inmovilizada en aquel momento en que, lleno de confianza, se sumergió en la niebla con paso decidido, rumbo a las alturas.
Yuri Gagarin
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Yuri GagarinKlushino, 1934-Moscú, 1968. Fue héroe de la Unión Soviética, pero también el gran aventurero espacial que todos quisimos ser de niños. Nacido en el seno de una familia campesina, su obstinación y tesón lo convirtieron en piloto. El 12 de abril de 1961, tras dos años de entrenamiento secreto, Gagarin trepó al ‘Vostok 1’ y gritó: “¡Poyekhali!” —¡Vámos allá!—. Fue el primero en adentrarse en la inagotable vastedad del espacio, la última frontera. El resto de su vida soñó con volver allí y en la negativa de las autoridades, que no querían arriesgarse a perder a su gran icono estelar, hay que ver la razón de que el cosmonauta se perdiera en las nebulosas del vodka y la depresión. Murió al estrellarse el Mig-15 en el que volaba con un instructor.
Frederick Courtenay Selous
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Frederick Courtenay Selous“Es un león”, dijo de él, admirado, Lobengula, el rey de los matabele. En Selous, paradigma del ‘white hunter’, gran escritor naturalista y modelo para el Allan Quatermain de ‘Las minas del rey Salomón’, se han mirado todos los grandes cazadores y sus aventuras —en Yukón, Transilvania o Wyoming, pero sobre todo en su amada África— son tan sensacionales como innumerables. Aunque nunca cazó por deporte, llegó a matar cinco elefantes en un día. Guió muchísimos safaris, entre ellos el célebre del presidente Theodore Roosevelt en 1909, trabajó de ‘scout’ para Rhodes y murió del disparo de un francotirador alemán en Tanganika, durante la I Guerra Mundial.
Eric Tabarly
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Eric TabarlyNantes, 1931 - ahogado cerca de Escocia, 1998.
En el reino de Moitessier, Slocum y los 40 bramadores, es decir, en los grandes océanos de la aventura náutica, navega con pericia Eric Tabarly, considerado por muchos como “el mejor marino del mundo”. Iniciado a los tres años en la vela por su padre a bordo del ‘Pen Duick’, un barco que dará nombre a todos los que a lo largo de su vida se hará construir, Tabarly desarrollará una carrera sensacional, ganando las grandes regatas mundiales. En 1960 vence en la Transat Plymouth-Newport y se convierte en el símbolo marino de Francia. Desarrolla los multicascos, gana la Transpacífico en solitario… En 1998 cayó por la borda de aquel iniciático ‘Pen Duick’ cuando lo llevaba a Escocia para una regata de viejos veleros. Su cuerpo fue recuperado cinco semanas después.
Más que simples mortales
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Más que simples mortales

En la imagen figuran el hermoso y melancólico rostro de Gagarin, enmarcado en la escafandra que remite a los tiempos pioneros en que el hombre llamaba por primera vez a la puerta de las estrellas. O el célebre desnudo del alpinista George Mallory, que, además de una estrella de la escalada, fue amigo de miembros del grupo de Bloomsbury y posó sin ropa para el artista Duncan Grant (es imposible que la foto no remita a las tonalidades marfileñas del propio cuerpo congelado del escalador, hallado en el Everest 70 años más tarde). Thesiger, el conquistador del peor desierto del mundo, caracterizado de beduino; Stanley con su salacot en una jungla de estudio, vago remedo de los espantos del corazón de las tinieblas en que se sumergió con paso firme; Shackleton con el grueso atavío de explorador polar, Selous y su rifle certero, Tabarly, envuelto en brisa marina y la hermosa aviadora Amelia Earhart con los ojos ansiosos de cielo.

Nadie con una gota de sangre romántica en sus venas podrá evitar un escalofrío de placer ante esta galería gráfica de personajes, auténticas leyendas de la exploración y la aventura. ¿Qué nos dicen estos rostros, estos seres que hicieron de sus vidas excepcionales fértil terreno para la imaginación? ¿Se reconoce en ellos el coraje, aquella calidad de “soñadores de día” de la que hablaba Lawrence de Arabia y que les distingue de nosotros, los comunes mortales? Cada una de estas imágenes cuenta una historia maravillosa, a menudo resuelta en tragedia. Sus protagonistas, aunque de carne y hueso, están hechos de la misma materia de los mitos. 

[Lea aquí: Grandes viajes que aseguran la aventura]

Personajes
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