La elegancia perdida de un periódico de papel

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Michael Caine
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Michael Caine

Los diarios vespertinos, como el News o el Standard de Londres, se leían sobre todo en el metro, de vuelta a casa a las cinco de la tarde. Hojas volanderas, palabras al viento leídas con fruición. La historia del último homicidio en aquella ciudad todavía brumosa y contaminada de la primera madurez de Michael Caine. Otro país de la Commonwealth que declaraba la independencia. Una nueva derrota del Arsenal. Crónicas de cricket. Y muchos anuncios por palabras…

En la imagen, el actor Michael Caine posa leyendo el Evening News del día 29 de julio de 1965.

Paul Newman
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Paul Newman

Rodaje de exteriores. El peluquero da los últimos toques al peinado de la estrella mientras el resto de equipo técnico prepara la siguiente toma del rodaje. Un momento de descanso que Paul Newman aprovecha para leer su ejemplar del New York Times, porque no hay nada más sencillo que abrir el diario, leer algún titular, incluso un par de leads o, si hay tiempo, una crónica.

El barbero Jay Sebring “arreglando” a Paul Newman en los estudios Warner Bros, durante el rodaje de Harper, investigador privado, en 1965.

Elsa Martinelli
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Elsa Martinelli

La tipografía clara, la severidad de la maqueta, el obituario en primera página, fueron característicos de una época del diario más famoso del mundo, The Times. Un titular en especial atrae la mirada de Elsa Martinelli, que con Hatari! ha dado el salto a Hollywood. Tuerce el cuello ligeramente, los ojos se concentran en la noticia mientras espera en el hall de un hotel donde la prensa está a disposición de los clientes. ¿Viejos placeres perdidos para siempre?

En la imagen, la actriz y modelo italiana leyendo The Times durante una visita a Londres, en septiembre de 1956.

Jane Fonda
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Jane Fonda

En los años sesenta, la revolución se consolida: la mujer deja de vivir en un universo de seriales y se integra en la amplitud y profundidad del mundo en el que vive, liberándose de las tareas domésticas. La prensa es, también para Jane Fonda, la forma inteligente de comenzar el día en la cama del hotel.

En la imagen, Jane Fonda leyendo Le Figaro en la cama de su hotel parisino, en el verano de 1963.

Andy Warhol
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Andy Warhol

Nadie lo hubiera dicho, pero Andy Warhol, fundador sempiterno de la postmodernidad, descubridor de los valores artísticos del diseño industrial, leía la prensa, la de papel, la de siempre, con pasión de ciudadano medio. En sus hojas debió de ver el anuncio de las sopas Campbell, la foto de Mao, las cajas de estropajos Brillo… Todo ese universo común con el que supo crear un mundo propio.

La imagen retrae al fundador del PopArt hojeando un diario en un quiosco neoyorquino, en 1965.

Bill Murray
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Bill Murray

Con el diario de papel, el lector maneja a su antojo lo que ahora llamaríamos soporte. Tira lo que no le interesa, incluso un cuadernillo completo, y dobla y redobla las otras formando un origami peculiar que le permite centrarse en aquello que le interesa, y leer, tumbado a la bartola, igual que Bill Murray en la imagen.

El actor Bill Murray leyendo el diario en una escena de la película Moonrise Kingdom (Wes Anderson, 2012).

Giorgio Armani
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Giorgio Armani

Pueden esperar los libros sobre la alfombra, llegará el momento para ellos, quizás en un lugar más cómodo, el sofá o la butaca. Pero el diario es lo primero para el hombre que ha marcado el estilo de la gente más avanzada de nuestro tiempo. Las anchas hojas de un periódico permiten su lectura de forma relajada, como su ropa permitió vivir de manera elegante a la vez que relajada.

En la imagen, el diseñador italiano Giorgio Armani leyendo el diario en la alfombra del salón su casa.

Barack Obama
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Barack Obama

En mitad del vuelo en el Air Force One, el hombre más poderoso del mundo necesita el periódico con la misma urgencia que el menos influyente de los mortales. Barack Obama, Mr. President, utiliza el periódico de papel. No importa que nos encontremos en pleno estallido de la prensa digital, de las versiones del diario tradicional en formato para tableta o móvil. Algo que va más allá de la comodidad que supone la lectura de sus hojas tiene por fuerza que ser el secreto de este soporte.

En la imagen, Barack Obama retratado mientras lee un diario durante un desplazamiento oficial en el avión presidencial.

Rudolf Nureyev
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Rudolf Nureyev

El cuerpo más alígero del siglo XX, Rudolf Nureyev, aprovecha un desplazamiento en coche para enterarse de qué ha ocurrido en el mundo. El cuerpo cómodamente recostado, los brazos ligeramente abiertos, las manos sujetando el liviano soporte de las noticias, los ojos recorriendo esa jerarquía de los titulares a cuatro o a tres columnas, apoyados o no por una foto… El mundo ordenado gracias a una forma de prensa que hoy se debate en la agonía.

A la izquierda, el bailarín Rudolf Nureyev fotografiado mientras lee el diario a la altura de Cromwell Road (Londres), en 1976.

La lenta agonía del periodismo en papel es uno de los más tristes espectáculos de nuestro tiempo. Cabe la posibilidad de que dentro de unos años subsista la prensa en este soporte de forma apenas testimonial, muy minoritaria, y que los periódicos digitales la sustituyan de forma generalizada. Con la prensa de papel perderemos muchísimo más que un soporte, aunque parece que muchos no perciben este aspecto de la cuestión. Si vale la pena reivindicar el papel es, sobre todo, porque la amplitud de su despliegue permite la creación de un orden y una jerarquía que, al menos por el momento, ningún soporte digital está ofreciendo.

La función de la portada, de la separación y ordenación de las secciones, y la organización de las noticias dentro de cada una de ellas, el guiño de las entrevistas de contraportada tan típicas de la prensa española, el juego de los cuadernillos que encuentra su máxima expresión en la enorme edición dominical del New York Times… son logros que no tienen rival en la maqueta actual de las ediciones digitales de los periódicos. Lo mismo ocurre con las revistas. Nadie me convencerá de lo contrario.

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