De Horowitz a Rubinstein, los diez mejores pianistas de la historia

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SVIATOSLAV RICHTER
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SVIATOSLAV RICHTERFue la gran pesadilla de los promotores de conciertos: cancelaba, cambiaba programas. La última vez que actuó en Madrid fue después de tres suspensiones. Viajaba en coche por Europa, con su secretaria, su afinador y su pasapáginas, y su increíble destreza técnica apabullaba al final de su carrera, que abarcaba el repertorio ruso y romántico, sobre todo.
KRISTIAN ZIMERMAN
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KRISTIAN ZIMERMANEs el más virtuoso de su generación. Puede que llegue a reinar. Por lo menos se lo ha propuesto, con su perfeccionismo obsesivo y su lucha constante en busca de la mayor esencia posible. Es de los escasísimos pianistas que viajan con su instrumento, que transporta en un carromato para caballos acondicionado, por toda Europa. En su repertorio destacan también Chopin, Liszt, Beethoven y Debussy, cuya versión de los ‘Preludios’ es excepcional.
VLADIMIR HOROWITZ
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VLADIMIR HOROWITZDurante la mayor parte del siglo XX se le comparó con Rubinstein. Sin embargo, eran opuestos en todo. Horowitz representaba la concentración absoluta en su arte, la introversión, la retirada por depresión en muchas ocasiones. Muchos le consagraron como el más grande por su mezcla de estilo autodidacta —desarrolló un método propio— y su magia. Decían que tenía un pacto con el diablo. Ganó 27 grammies como reconocimiento a sus valiosas grabaciones.
CLAUDIO ARRAU
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CLAUDIO ARRAUFue un niño prodigio y después un intérprete imparable e insaciable. Aprendió a leer música antes que las palabras. A los cinco años ya tocaba en público, algo que siguió haciendo toda su vida —alcanzó más de 5.000 actuaciones— a razón de 100 conciertos por año. Su concepción del piano fue siempre fiel al mundo romántico y en su repertorio su unían los músicos temperamentales de ese movimiento a los del clasicismo y a españoles como Albéniz o Granados.
ARTURO BENEDETTI MICHELANGELI
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ARTURO BENEDETTI MICHELANGELIAltivo, distante, engreído. Nunca tuvo buenas relaciones con la prensa, pero sí con su público, que labró la leyenda Michelangeli. Maniático para el instrumento, despreciaba la música contemporánea, “productores de ruido”, decía, pero buscó incansablemente la musicalidad que hiciera perdurar todo su repertorio, que abarcaba de Scarlatti a Schoenberg. Su interpretación de Debussy no ha sido superada jamás.
ALFRED BRENDEL
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ALFRED BRENDELEs el gran portador contemporáneo de la esencia del clasicismo. Asombra con sus interpretaciones cristalinas, aparentemente sencillas pero llenas de profundidad. En sus ratos libres escribe ensayos sobre música y poesía, cuando le dejan tiempo las giras y los conciertos que da con su hijo, un prometedor violonchelista con el que actúa este mes en España.
GLENN GOULD
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GLENN GOULDHa pasado a la historia por su audacia, por cierto descaro, por sus rarezas, también. Glenn Gould fue enemigo de las apariciones en público. Prefería dejar su testamento en las grabaciones y no en la memoria de los pocos privilegiados que le pudieran ver. Pero al actuar, lo hizo hasta 1964, también dejaba huella con sus posturas atípicas, sus cantos de acompañamiento y los tiempos a su aire. Consagró todavía más a Bach con el piano.
ARTURO RUBINSTEIN
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ARTURO RUBINSTEINEra pura alegría, pura expresión, esgrimía un absoluto vitalismo contra la imagen de alienígenas que muchos pianistas tienen. Rubinstein continúa en el siglo XX la estela de grandes pianistas polacos. Pero era diferente a todos, amante de los lujos, las mujeres, la buena vida, estuvo a punto de suicidarse por deudas en 1908, cosa que no hizo para dejarnos visiones únicas de su compatriota Chopin y de todo el repertorio romántico, que siempre dominó con excelencia.
MAURICIO POLLINI
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MAURICIO POLLINIEs reservado, pero activista. En los años sesenta dio mucho que hablar al acercar la música a las zonas más depauperadas de las grandes ciudades, con conciertos en las fábricas para obreros, junto a Claudio Abbado, y protestas contra el imperialismo. Muerto Richter, para muchos Pollini es hoy el mejor pianista vivo y sigue asombrando con su repertorio de obras contemporáneas junto a su particular visión de Chopin, Schubert, Liszt o Beethoven.
ALICIA DE LARROCHA
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ALICIA DE LARROCHAAcaba de retirarse y ya muchos la echan de menos. Ha sido la gran portadora del repertorio pianístico español por todo el mundo. Su carrera se lanzó internacionalmente después de la Segunda Guerra Mundial, cuando se consagró en Europa y en Estados Unidos, donde fue forjando su carrera y superando sus obstáculos físicos —tiene unas manos muy pequeñas— con ejercicios especiales para los dedos, que la mantuvieron en la cima.

Si la música fuera como el circo, los pianistas serían los domadores de fieras. Ese instrumento león que es el piano no puede estar en manos de espíritus débiles, requiere una personalidad que lo mire por dentro y comprenda toda la magia, todo el lenguaje, todos los líquidos y los martillos portadores de belleza que contienen sus tripas.

[Lea aquí: Cómo se construye el piano perfecto]

Pocos llegan a desentrañar sus secretos, pero los que lo consiguen adquieren un rango de respeto, de autoridad poco común en otras artes. En el siglo XVIII y XIX, los intérpretes más destacados eran los propios compositores, como fue el caso de Mozart, Beethoven, Chopin o Liszt, mientras que en el XX fueron los intérpretes. A lo largo de ese siglo pasado ya se fue esculpiendo el icono de los maestros del piano en sus múltiples facetas, en sus variantes más ricas.

[Thelonious Monk, ese gran pianista. Pinche aquí para conocer su historia]

Todavía, compositores que después se han consagrado con repertorio pianístico, como Prokofiev o Rachmaninov, guardaban la orden de los creadores/intérpretes. Ellas, siempre a la misma altura, con un aura sensible, distante, frágil, formando una estirpe especial a la que han pertenecido Clara Schumann, Clara Haskil, Alicia de Larrocha o las hoy indiscutibles Marta Argerich y Maria Joao Pires. Entre todos constituyen la casta más asombrosa de domadores de belleza que la historia ha visto. 

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